El Pezón Marrón
Relato de comunidad Hetero: Generalschedule 7 min de lectura calendar_today Febrero de 2014

El Pezón Marrón

AlbertoCansado de tanto trabajar, de verdad muy mamado de papeles y papeles arrumados y un puto jefe jodiendo por informes y declaraciones, escogí la peor profesión de este mundo, llenarme de tinta para impresora que no funciona la desgraciada, y un olor a café recalentado para no dormirme o....

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Alberto

Cansado de tanto trabajar, de verdad muy mamado de papeles y papeles arrumados y un puto jefe jodiendo por informes y declaraciones, escogí la peor profesión de este mundo, llenarme de tinta para impresora que no funciona la desgraciada, y un olor a café recalentado para no dormirme o voltear este escritorio de mierda por salir corriendo de esta rutina.

Prendo el computador, e ingreso al internet, procesos, resoluciones, noticias, nada que me saque de este atolladero, salgo a las 7:00 de la noche y camino por estas calles congestionadas de personas acá en chapinero, vendedores, anunciantes, estudiantes, indigentes y uno que otro estúpido idiota que estorba en mitad del camino, con un papelito, con una colaboración, con algo para quitármelo de encima, esto me abruma, pero de pensar que si retorno a terminar ese informe de costos para el Sr García, me dan ganas de confundirme en este entorno. Pasó por una esquina a cruzar, y se me acerca un muchachos con un papel, “siga patrón, chicas show show show. . . “ veo una mujer voluptuosa en la foto, sé que es una farsa esta situación, en ocasiones anteriores me anime a ir con mis amigos de la universidad, una borrachera asegurada, un poco de perico y un par de tetas en la cara era la gloria en ese tiempo, ahora solo me espera una putiada de mi jefe, el polvillo de grafito del lápiz que sujeto, y una señora repartiendo tinto diciéndome” se le ofrece más jefe” ; me arriesgo, me detengo en un marco desgastado y un pasillo y escaleras largas, en la entrada un negro grandísimo y cuadrado como nevecón de rico, me esculca el vestido y revisa con sus manos mi maleta cargada de papeles y trabajo para la casa. El aroma es muy difuso, perfume barato, cigarrillo y humo me dan la bienvenida, me siento en una mesa, me apetece una cerveza, la pido y me dicen que si me traen una “chica” pasó la oferta y veo la televisión, una rubia preciosa con unos senos enormes moviéndose de ascenso a descenso con una enorme verga de un mono fortacho, la taladra sin compasión, la expresión de la vieja me excita, se me pone dura pero prefiero no llamar la atención frente al grupo de niñas al frente mío, todas mirando su celular y hablando y fumando, de blusas ajustadas y unas faldas cortas que hacen ver sus nalgas deliciosas, apetecibles, pero veo que es el común de todas, no me animo a dar mi primera jugada, de repente sale de una pared que divide el salón una preciosa morena, alta, de jeans ajustados con un botón desabrochados, una blusa desarreglada y a la vista un sostén blanco con pepas negras, pero veo que una pepa no es común es un pezón, que rico, me excito y no le quito la mirada a ese caramelito marrón.

Ella se acomoda la ropa, y se queda de pie en una de las columnas del lugar, se le acerca una de las niñas y se ríen, la sigo al detalle de lo que hace, mientras oculto, meto mi mano en mi pantalón de paño gris y me sacudo el pene suavecito. No aguanto más, le pido al mesero que la llame a mi mesa, ella con su contoneo de ese pantalón se me acerca, me da un beso en la mejilla y se sienta, nos presentamos, ella Rubí, yo un guevon en su presencia, la invito a tomar un roncito en un vaso plástico, brindamos y no me voy con atajos, “cuanto cobras” – “35 el ratico, te bailo, te la mamo y las posiciones que quieras, eso sí, por le culito no corazón.” Accedo, aunque me parece la verdad muy económico, me entra una inquietud, pero me puede la arrechera y le di 50.000 pesos, entro a un cuarto pequeño, un cartel de Pamela Anderson semidesnuda, una papelera con una bolsa roja, un baño y un catre, con una colchoneta y una almohada de mentiras. Ella entra, me pide que me quite el vestido, yo me lo quito, arrecho pero cagado del susto, me entrega el cambio del billete, pero le dije que guardara el cambio, la plata no me interesa, sus tetas si, ella se emociona, y como afrodisiaco por el gesto, me dice” Usted no sabe mi amor que soy violadora de papacitos ricos, pues… “yo me termina de quitar mi pantalón y mi ropa interior, deslumbra mi pene, carnoso, duro como una roca y con un movimiento involuntario a causa de la erección fuerte que me provoca verle quitar ese brassier y verle sus senos sabroso, y ese pezón marrón me excita, ella nota mi mirada y me dice “coja lo que quiera que para eso vino mi amor” le cojo una teta y me siento en la gloria, mientras ella acomoda el condón en su boca y me da una felación gloriosa, sabrosa, sus labios gruesos aprieta la mitad del pene mientras mueve con su mano mi verga y la agita deliciosa, estoy casi pasmado, no se detiene y no quiero que lo haga, pero lo hizo, y me derriba al catre, abre sus piernas grandotas y veo una vagina rasuradita, y un clítoris exorbitante, “chúpeme las tetas mi vida que son suyas, hágale pues que le voy a violar ese pipí” ella me decía mientras sin misericordia metía mi pene en su sexo, y como me masturbaba así mismo se erigía toda ella, sentía sus trasero grande y jugoso golpeando mis testículos, mientras mordía ese pezón tímido. Se detuvo y se colocó en cuatro, mientras metía mi verga en su trasero, y se agitaba sin compasión, yo me canse de ser el estúpido quieto, y me atreví a tomar sus caderas y hundirle duro mi miembro, al punto de abrirme paso en medio de su culo y agitárselo duro, de repente sentí gotear mi pierna que estaba sobre el catre, un líquido acuoso moja mi píe, no aguanta más, saca de su cartuchera de cosméticos un lubricante, y me pide que le moje el ano, rosado como su vagina, y me dice que esto lo hace, pero entrados en gastos los dos excitados, pues a proceder, y así fue, meto mi pene lento, hasta la mitad “ y es que usted así me tenía clavada, no mijo, empuje pues que el resto me encargo yo” y sin pudor ni respeto, como le di en la vagina le empecé a dar por el culo, sin piedad, duro, jugoso por el lubricante, ella gemía y me pidió que metiera mis dedos en su vagina, haciendo una v en su clítoris con ellos, yo le daba y le daba, hasta sentir golpear la puerta de manera brusca “ ya termine que se le acabó el tiempo” ella se detuvo y le pedí más tiempo, ella se alegró y le pasó más dinero, la señora que jodía se calmó y dejo de amargarme la clavada.

Pasamos a acostarse ella y pasar encima de ella, se lo hundí de nuevo en su culo, ella gemía y aunque trataba de retirarlo de su orificio, y ver que le quitaba la mano, ella más pedía, dejó de buscar retirarlo, y pasé de nuevo a su cosita, le di duro, pero en otro gesto curioso me dijo, “ cuando se vaya a venir me avisa papacito” y asi fue, sentí en la entrepierna fluir el líquido, y mientras le avisaba, se colocó de nuevo en cuatro y me pidió derramarme en una de sus nalgas, lo cual en un chorro fuerte y con proporciones abundantes, unté de ellas mi semen, ella se levantó, fue al baño modesto, y me pidió pañitos húmedos de la cartuchera, se los alcance, y me senté a respirar agitado, sudoroso, buscaba el pañuelo que tenía en el saco del vestido, ella me veía limpiarme y se reía “ usted bebe es como culionsito, pero así me encanta, un hombre bien arrecho pero respetuoso” le reí, y mientras terminaba de vestirme, ella me pidió mi pañuelo, yo se lo entregue, y lo reviso, olio y me dijo que tenía una buena loción, le agradecí y me pidió que se lo regalara, yo asenté y lo guardo en medio de sus fuertes senos.

Salimos del cuarto, ella se fue a otro sitio, yo pedí otra cerveza, y la vi retornar, nos cambiamos números y me voy del lugar. Ahora sigo en este trabajo absurdo, pero tengo mi punto de escape, donde voy siempre los jueves y viernes, a veces la veo, a veces no, y aunque no la veo, me gusta mi sitio secreto, lejos de la rutina, lejos del puto mundo repetitivo.

Cuando la veo, me sonríe, nos damos un besito en la mejilla, y como gesto de cortesía, veo que el pañuelo se esconde en medio del sostén, como señal de espera, y aunque hemos repetido muchas veces, sé que cada vez sacó de mi maleta mi loción para empaparle su pañuelo, y ella en cada rato de sexo, su vagina para impregnarme la vida.

— belerofonte24

7 de febrero de 2014

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belerofonte24

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