Carlos
Sra. Camila Pérez
Directora Financiera
Estimada Jefe
Escribo a usted esta carta para remitir mis más profundas felicitaciones, mas allá por su cargo y los importantes logros obtenidos en él, pero el motivo que me atañe es indiferente a todo lo que en lo laboral concierne.
Esto no es una declaración de amor, pues no creo en eso y mil pendejadas que eso lleva, pareja, cartas, canciones, besos y suspiros, no, eso para mí es solo problema mental de la humanidad, es mi confesión, y con esto debo decirle que no es mi deseo hacer una insulsa situación de escritorio y de aburridos temas de números e impuestos, no, lo mío es distinto.
Es para mí como lo enmarca la palabra, un gran PLACER desear constantemente su cuerpo, degustar por mis ojos sus carnosos labios que acompañan sus ojos marrones, que dibujan una hermosa sonrisa cuando en las juntas financieras de aburridos temas, fingidos cumplidos y unos lindos senos firmes que en su blusa dibujan junto con los puntos emergentes de sus pezones cuando sin sostén se decide a asistir a esta empresa. Me encanta verle con esa falda azul rey que toca entre la rodilla y la pelvis, cortico, delicioso, delirante, es todo un gusto verla cuando distraída abre las piernas para ver esa diminuta ropa interior que hace de mi pantalón y mi lujuria una jugosa experiencia que se consume en mi mente.
Aun más, no he podido saciar esta morbosa fantasía en usted, cuando después de adelantar los informes financieros, salí a tomar un café a la cafetería cuando en gemidos y sonidos agudos, en su oficina escuche su inigualable voz atravesada en un orgasmo mientras su espalda reposaba en su escritorio, y sus tetas moverse al ritmo de una penetración unísona por el pene del director de ventas, grande y venoso, mientras por el espacio que me otorgaba la puerta, me masturbaba sin compasión, sin miedo a las cámaras de seguridad, ni respeto al viejo paño de mi pantalón café, ni aún más, cuando del momento, se unió María Helena, la vigilante de ronda, quien sorprendida por mi pene sujeto a merced de mi mano, y convidarla a ver su gran escena de una mamada profunda que profería mientras la cara de placer desfiguraba en Juan Carlos, decidimos hacer nuestra propia historia.
Empujándola por su trasero menudo, la arrinconé al baño de hombre, y mientras bajaba su pantalón ajustado y en dientes su ropa interior deslizaba por las piernas, mi lengua traviesa saciaba de sed lujuriosa su sexo, trémulo, sin compasión, verla gemir inclemente me hizo pensarla, y mientras su chaqueta, camisa, bolillo y demás accesorios de su uniforme caían de esta arrechera, su boca apretaba mi pene de una felación exquisita, hasta sentir que consumía su garganta mi verga. Y mientras este animal seguía pensándola, manifesté mi inconformidad de un miembro pequeño respecto a su amante de turno, busque el bolillo, el cual en una figura de justicia, hice su mayor juguete sexual, al introducir la punta en su húmeda vagina, mientras no dejaba de insistir de un sexo oral delirante, me cansé del juego, e introduje mi sexo en el suyo, inmisericordioso, mientras tocaba una de sus tetas, pequeñas pero juguetonas a comparación de las firmes y a punto de reventar los pezones que tenía los suyos.
De más detalles no quiero hacerle saber, pues como típica escena, viene una penetrada, una venida, un respirar agitado y una falsa promesa de compañía. Pero si quiero advertirle algo, de quitarme este pudor y respeto jerárquico que hace su cargo y los miles de estudios que debe tener, para verla a solas y quitarle lo de directora en el sostén, y tratarla como la gran puta que es, haciéndola mía.
Siendo esto no más, espero pronta respuesta.
Atentamente
Carlos Alberto Rodríguez
Asistente Financiero








Comentarios
1 comentario
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login Entrarbuen relato, me gustaria saber si te ha contestado o que ha pasado al respecto.