Y aquí está la segunda parte:
Estaba loco con el espectáculo que podía observar, mi esposa estaba siendo complacida con el sexo oral que Ana, su amiga le proporcionaba.
Y yo seguía ahí, con mi animal totalmente erecto y apunto de explotar de lujuria.
No sabía qué hacer, quería penetrar hasta el fondo esa cuca limpia, delicada y armónica de Ana, sus jugos corrían por ella y la hacían ver aún más provocativa de lo que era; quería chuparla, morderla, tomarle sus bellas y torneadas nalgas, saborear su culo, hacerla toda mía.
Pensé en obtener la autorización de mi esposa para hacer echar a flote mis deseos.
Pero, no, no lo hice; me dejé llevar por mis deseos, y cómo no hacerlo, si al verla ahí, en cuatro, con mi pene apuntando hacia su bella cuquita, me provocaba tener un polla extra para penetrarla por sus dos orificios.
Empecé a rozar con mi pene totalmente erecto los labios de su cuca mojada y suave, con mi glande acariciaba su bello culo que vibraba literalmente de emoción al sentirlo.
Mi polla mojada acariciaba sus nalgas y parte de sus piernas.
Sin pensarlo más y sin medir palabras cual potro desbocado penetré a Ana.
Mi polla entró con facilidad a su vagina, gracias a que se encontraba completamente húmeda, Ana quien, chupaba con lujuria absoluta la cuca de mi esposa, dio un pequeño gemido que confirmaba el placer que sentía con mi polla dentro de su vagina.
En ese instante mi esposa se dio cuenta de lo que había hecho, y me miro fijamente, pensé en lo peor.
Su rostro, en primer momento dio señas de molestia, sin embargo, gracias al buen trabajo de Ana con su lengua y a la emoción que mi esposa sentía, estando ad portas de un bello orgasmo, hizo que con un pequeño gesto aprobara la bella penetración que le había hecho a Ana.
Mientras mi esposa se estremecía de placer con el orgasmo que su amiga le estaba proporcionando, yo seguía penetrando a Ana con fuerza y lujuria inigualables.
Luego de un hermoso momento en que me sentí completamente realizado sexualmente supe que el momento de expulsar mi leche estaba próximo.
Se lo hice saber a mi esposa, ante lo que ella exclamo: "acuérdate que tu semen es sólo mío, no lo quiero compartir".
Eso derrumbó la parte final de mi fantasía, en la que ambas, mi esposa y Ana, se repartirían mi semen por sus rostros y su boca.
Bueno, sin importar que ello no se cumpliera, el acto ya estaba consumado y Ana, esa flaca a la que le tantas ganas le tenía y por la que en varias ocasiones me había masturbado ya había probado de mi polla y yo de su cuca!
El final llegó, saqué mi animal del bello orificio de Ana, mi esposa me ayudó con sus manos y mi leche cayó sobre su boca que recibió semejante descarga.
Ana miraba cual pordiosero con ganas de algún bocado como mi esposa tragaba mi leche. Y cuando quiso metérselo a la boca ya estaba sin rastros de semen.








Comentarios
0 comentarios
Inicia sesión para dejar un comentario.
login Entrar