Era una tarde de viernes en la fría Bogotá, me encontraba en la biblioteca de la universidad en la que estudio, una universidad reconocida por el espíritu libre y mente abierta de sus estudiantes. Me había ubicado en una mesa algo alejada de las demás, los estantes de libros la rodeaban y la única cosa que dificultaba la concentración y restaba algo de privacidad era un ventanal al frente de la mesa, que daba hacia el exterior de la biblioteca. Pero la verdad la gente caminando al exterior de la biblioteca pasaba inconsciente de lo que ocurriera en la biblioteca, lo que le permitía a uno tener cierta libertad en la mesa mientras se hiciera en silencio.
Parecía que iba a ser una tarde normal, pensé que iba a poder aprovechar la soledad del recinto, por ser viernes en la tarde, para estudiar tranquilo y adelantar trabajos. Estaba leyendo en calma hasta que llegó ella, una mujer de unos treinta años, tez blanca, cabello castaño, no muy alta, de torso algo gordo y piernas delgadas, lo que no le daba muy buena cintura, pero aun así sus movimientos eran agradables y ciertamente sensuales. No la detallé más en ese momento, aun me hallaba concentrado en los libros.
Mientras ella se ubicaba en la mesa, de manera un poco forzada, comencé a notar que me miraba de reojo con cierto interés, sacó un computador portátil y se dispuso a enchufarlo, al hacerlo agachó su cabeza sin doblar las rodillas de una manera en la que dejo perfectamente a mi vista apreciar su trasero cubierto por un jean muy apretado, algo pequeño, flácido, pero redondo y agradable a mi gusto, no sé si era su intención provocarme con sus nalgas o esa era la forma en que se agachaba pero simplemente logró generarme deseos de agarrarle esa cola, estrujársela, ponerme detrás de ella y clavarla con ropa y todo, restregarle mi miembro contra ese trasero tan apetecible. Dejé esos pensamientos en tanto ella se sentó y volví a concentrarme.
Al cabo de unos cuantos minutos noté que ella movía sus piernas inquietamente mientras trabajaba en su computador, fue cuando comencé a fijar más mi mirada en ella, deduje que seguramente era una estudiante de maestría o una profesora, debía tener más de 30 años, por un momento ella levanto los brazos como estirándose y note una axila sin afeitar, me pareció de lo mas guarro sinceramente, seguramente era una de esas mujeres ‘’liberadas’’ que no siguen los estándares de belleza, al ver esto más que desagrado sentí una especie de deseo animal por esa mujer, percibí también que no llevaba bracier, sus pechos estaban sostenidos únicamente por su camisa, esa camisa ceñida que hacía ver sus pechos abultados y resaltaba los pezones, puntudos, que parecía que señalaban hacia abajo, quise tenerlos en mis manos, en mi cara, arrancarle la camisa a esa mujer guarra que despertaba mis instintos. Ya me encontraba muy excitado, pero pensé que no podía hacer nada , pues no se me pasaba por la mente que fuera posible tener sexo con una mujer que se sentara junto a mí en la biblioteca, ni tampoco veía posible que una mujer de más de treinta años se fijara en mi, un muchachito de diecinueve.
De repente sentí que mi pierna era rozada por la de ella, quien mantenía una cara inexpresiva, pero el roce de pierna lo hizo de la manera más lujuriosa, una erección me apareció rápidamente, su pierna estaba pegada a la mía, nuestras miradas se cruzaron por un instante y ella me sonrió pero volvió a mirar su pantalla, traté de concentrarme en mi libro, pero ya no me era posible, sentí que su pierna se comenzaba a mover más rápido, pude ver en el reflejo de las gafas que ella tenía puestas que estaba viendo porno discretamente, ya no estaba tecleando en su computador, ahora solo miraba y su mirada tomaba el aspecto de quien hace algo sexual, me decidí entonces a romper el hielo, la biblioteca estaba casi vacía pero quise ser discreto, le escribí una nota, esta decía: “¿Está bueno el porno? “ Se la alcance suavemente estirando mi brazo, cuando ella la leyó, inmediatamente me sonrió y me miró de una manera tan libidinosa que me hizo ruborizar. Ella escribió algo en la nota y me la devolvió, en ella decía: “Ups, me pillaste niño lindo, ¿por qué no te sientas a mi lado y me das tu opinión del videíto?” Me corrió un escalofrió de placer por la espalda, me paré tranquilamente, mi erección era muy notoria, ella la miró con ganas, me senté a su lado, estaba viendo un video porno de maduras con jovencitos, eso me produjo aún más placer, mi verga estaba completamente dura, cuando me senté ella me puso su mano en mi muslo, yo reaccioné haciendo lo mismo, vimos un par de minutos el video, le susurré al oído que me encantaba su culo, al acercarme a su cuello me embriagué con su delicioso aroma, ella me susurro que le encantaba mi verga y subió su mano a mi paquete, era el momento de avanzar otro paso, le metí la mano debajo de su camisa y palpé sus senos, detallé la deliciosa textura de sus pezones y le dije:
- Vamos al baño de hombres del segundo piso, allá no debe haber nadie un día como hoy.
Ella suavemente, con esa voz tan sensual, me dijo:
- No hay cosa que quiera mas en este momento niño pícaro, ¡vamos pero ya!
No lo podía creer realmente iba a pasar. Recogimos rápidamente nuestras cosas, pude disimular mi erección con mi maletín y mi chaqueta, como lo supuse la biblioteca estaba vacía, aun mas que cuando llegué, nos encontrábamos en el primer piso, ella subió primero y yo la seguí a una distancia prudente. Ella entró al baño de mujeres, y en un instante me dio la señal de que siguiera, estaba vacío, nos ubicamos rápidamente en el baño de discapacitados que era el más grande y espacioso, tiramos todo al suelo y nos entregamos en un apasionado beso, nos veíamos animales, llevados por el instinto, estábamos hambrientos y era el momento de saciar el hambre que teníamos por el otro.
Le levante la camisa, quise probar primero esos pezones que ya había palpado, eran exquisitos, los chupaba como paleta, con mi lengua jugaba con la punta del pezón, el sabor de esos pechos era la gloria, los masajeaba con mi otra mano alternando con mi boca en cada seno, ella gemía sórdidamente, no le importó quien pudiera oírnos, estaba gozando tanto como yo, ella me levanto la camisa y comenzó a besarme el cuello para bajar hasta mi pantalón, me lo quito y libero a mi pene aprisionado que se estrelló en su cara ansioso de ser mamado, ella lo hizo y me dio la mejor mamada de mi vida, era una experta haciéndolo, esta guarra succionó por un buen rato hasta que ya no aguantaba las ganas de penetrarla, la levante con fuerza para darle otro beso, esta vez con lengua y le mordí los labios, me había convertido en una bestia, la puse en cuatro, le mordí el culo con el pantalón aun puesto, se lo bajé y sus encajes rosados hacían ver grandioso ese trasero, le corrí sus pantis y descubrí ese matorral de vello púbico, a esta guarra definitivamente le gustaba todo al natural, todo salvajemente, probé un poco esa vagina y me llevó al éxtasis, no me importaron los bellos, me la comí toda, era el néctar de los dioses, estimulé cada extremo de esa vagina, me di gusto en su clítoris hasta que ella me dijo que parara un momento que quería venirse luego de ser penetrada, ya estaba lista para que se la metiera, le di un par de nalgadas con fuerza y le introduje mi verga, la embestí despacio y fui aumentando la intensidad, la volteé y la alcé mientras se la seguía metiendo, se enrolló en mí, nos besábamos de nuevo, se sentía delicioso, era la mejor experiencia sexual que había tenido nuestros cuerpos estaban sudados, me vine en un orgasmo maravilloso, la llené con mi leche, aguanté un poco más hasta que ella termino, ambos estábamos saciados, nos dimos un último beso con sus piernas enrolladas en mí y yo sujetándola por sus nalgas.
Oímos unos pasos, una estudiante había entrado al baño, nos vestimos rápido sin hacer mucho ruido esperamos a que la estudiante se fuera y salimos juntos del baño tomados de la mano. Ya estaba oscureciendo, ella me dijo que se tenía que ir,me agradeció cariñosamente pues que hacía mucho tiempo no follaba y menos de esa manera tan rica, nos despedimos finalmente, me dijo que esperaba volverme a ver en la biblioteca para repetirlo. Yo aún algo incrédulo por lo que acababa de pasar me dirigí a mi casa satisfecho y con una sonrisa picaresca, mientras pensaba en aquella mujer guarra.







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login EntrarBueno y bien escrito, el sueño de cualquiera, sexo con una desconocida, lástima lo del vello.