He leído ya muchas historias en los periódicos de las últimas semanas sobre los manoseos y abusos en Transmilenio, así que no estoy haciendo barra porque el Metro de Medellín se vuelva un sitio de abusos… estar ahí apretados no es un pase libre para cualquiera le ponga la mano encima a cualquiera, pese a la tentación. Solo quiero contar una historia que me sucedió y nada más.
Tenía cualquier circunstancia especial y me tocó tomar el Metro en dirección sur-norte hacia las 6pm cualquier tarde de día laboral. Nunca me había tocado y de ahí la novedad… la cantidad de gente y como se termina uno subiendo al tren es toda una historia. En mi caso simplemente me empujaron y me acomodaron de cualquier forma pues no pude ni mover un dedo para cambiar lo que estaba pasando. Sencillamente te suben y te empujan hasta dejarte en un sitio. El tren se movió y en medio del calor y la incomodidad de todos noté delante mio una mujer un poquito más alta que yo y puedo jurar que mis manos quedaron pegadas a mi cuerpo, parecía rezando. En el primer movimiento del tren sentí su trasero contra mí.
No moví un dedo (no podía) pero tampoco me pegué más. Solo dejé que eso anduviera. Además moverme para atrás era imposible. Unos segundos más y alguien se movió o no sé qué pasó pero la presión de sus nalgas contra mí se hizo mucho más evidente. Ya era obvio que tenía mi pene contra su trasero y un segundo más bastó para que otro movimiento del tren significara sentir que ella me lo pegaba más. De hecho creí percibir que cada zarandeo del tren era para que ella me lo sobara arriba y abajo… no siendo de hierro, empecé a tener una erección a lo que no sabía muy bien cómo responder. Me imaginé al tipo que lincharon por algo similar y moví un poco las manos para quizá alertarla de que había alguien detrás. Nada. El tren paró.
Otro empuje de gente que se sube y se reubican por los que salen… pensé que acabaría pero para dar permiso a alguien ella se tiró todavía más hacia atrás. Su cabello que olía delicioso a algún champú recién usando me quedó en todo el rostro y ahora la tenía tan pegada a mí que moví mi mano como hacia un costado y le quedé tocando la cintura como si la fuera a coger… eso quería pero todavía era una situación incierta. El tren reinicia la marcha y de nuevo, a primera de arrancar y esta vez en un movimiento bien decidido ella me sube sus nalgas duro contra mí. Me estaba acariciando la erección que sentía entre sus nalgas. Tantas pistas no se necesitan y con mi mano derecha la tomé por la cintura. Actuaba como si no se diera cuenta solo que en una de esos pequeños frenazos se me acomodó todavía mejor. Ahora mi verga estaba perfecta entre sus nalgas y ella las movía disimuladamente arriba y abajo con el vaivén.
Bajé la mano que tenía en su cintura un poco, más a la altura de la cadera y ella como si nada y ya como venía el siguiente paradero hice como si le fuera a poner un par de dedos en el bolsillo de su pantalón. Obvio, no la iba a robar, solo quería que sintiera que mis dedos iban a acariciarle el vientre. La suerte es que el tren paró antes de la estación y eso medió unos segundos más. Sin perderlos le puse la palma de mi mano en el vientre y la pegué más a mí. Ella ni se mosqueaba… es como si nada pasara.
Tenía ya una erección de miedo y ella me la seguía presionando. Solo que con el tren quieto pues mejor guardar cierta quietud ahí. Menos mi mano que había pasado un par de veces disimuladamente hacia la parte baja de su vientre… el tren volvió a empezar a andar y yo aproveche ese momento para pasar mi otra mano y sentir su trasero delicioso. Era culóncita y tenía un pantalón que seguro era ropa del trabajo, más bien delgada, lo que me permitió sentir casi su piel. Parada del tren y ahí sí, nos movimos juntos mientras gente salía y entraba. El tren iba llegando a San Antonio y seguro se iba a desocupar y yo la verdad tenía ganas de venirme ahí sobándola… pero no pudo ser. El tren paró y ella misma sin mirar para atrás, se bajó y se fue. Me tocó moverme para disimular que mi verga estaba por reventar … y esperar llegar a casa para terminar por mi cuenta.
De nuevo, si a ella le gusta o lo busca, bienvenido. De resto, calmarse y respetar.







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login EntrarBueno mi querido amigo, me gusta su relato por lo real de la situación, digo real porque de unos años para acá no se cómo llegue a convertirme en un manoseador en potencia. Se qué situaciones como esta se busquen o no, se presentan, como lo escribí en mi relato, yo soy de Bogotá y en trasmilenio me pasaron muchas cosas y puedo decir que nunca tuve un problema, tal ves porque soy cauteloso y aunque suene irónico respetuoso, buscaba mujeres con pantalones de tela delgada, faldas, sudaderos todo menos jeans y comenzaba a hacer toques como como anunciándoles lo que se venía, al notar negativa definitivamente me quedaba quieto, y al observar aprobación invisible tal como se la manifestó esta chica en el metro, seguía con mi faena. Por ahora vivo en Medellín pero he decidido quedarme quiero por una época porque hoy en día hay una especie de paranoia, sicosis, prevención o como se quiera llamar por parte de las ricas usuarias. Nunca me he sacado la verga, ni me he venido en las nalgas de una manoseada, eso realmente es degradante para ellas y vean los resultados de eso. Denuncias y más denuncias, y los paganos somos los que realmente sí sabemos como se hace esto..... Otra cosa .... Ya verás que no podrás parar. Me cuentas después como te sigue hiendo en el metro de Medellín. Ohhhh que delicia