Mis relatos siempre tienen detalles, así que tienden a ser un poco larguitos. Lean con paciencia y disfruten. Ah, y no olviden marcar las cinco estrellitas al finalizar la lectura y dejar sus comentarios tanto de sus experiencias personales como de lo que opinan del relato. Este trío ocurrió hace un tiempito y créanme que fue algo que, lastimosamente, sólo he podido disfrutar una vez.
Después de haber tenido varios encuentros con hombres en diferentes tríos hmh, Nicole y yo hablamos de hacerlo con una pareja y que de esa forma ambos pudiéramos hacerlo y ver al otro compartir con alguien más. La idea nos encantó pero la pregunta era: “¿Cómo encontrar esa pareja?”. Un amigo del colegio de Nicole, que siempre quiso cogerla, le comentó un día por el chat de facebook que su esposa y él habían hecho intercambios, o sea que él dejaba que se cogieran a su esposa frente a él. Nicole no pudo soportar contarle que eso era exactamente lo que ella y yo hacíamos y hablaron inmediatamente de tener un encuentro. La sorpresa que yo me llevé fue cuando Nicole me contó que la esposa de él era bisexual y que estaba dispuesta a hacerlo tanto conmigo como con ella esa misma vez. El problema, me comentó, era que la chica era demasiado celosa como para dejar que Chris lo hiciera con nosotros, así que todo iba a quedar en un trío, pero que Chris también iba a estar presente viendo.
Nicole salió dos veces sola con ellos antes del encuentro para saber si Michelle era tranquila y simpática, y, claro, para saber si también le gustaba. Y sí, me dijo que le gustaba y que la veía bien coqueta con ella. En esas dos ocasiones las dos se besaron apasionadamente, pero esperaron al momento en que pudiéramos estar los tres juntos. Programaron fecha y lugar y todo quedó listo.
El día de la cita, en casa, Nicole se depiló completamente la pucha con crema para que no quedara absolutamente ni un vello y, además, se puso un juego de ligueros nuevo junto con una minifalda jean que le dejaba ver un poco las nalgas si medio se agachaba o inclinaba. Claro, le pedí que no usara brassiere, de forma que sus pezoncitos pequeñitos y rosaditos se marcaran en la blusa. Me pidió que yo también me cortara los vellos (a petición de Michelle) y que me rasurara los testículos para que así pudieran mamármelos y chupármelos. Así, ambos quedamos listos y nos fuimos al hotel donde ya nos esperaban.
Llegamos al lugar y había tensión y nerviosismo en el ambiente. Ni Michelle ni Nicole habían tenido nada homosexual en sus vidas a pesar de ser bisexuales. Siempre les habían gustado otras mujeres pero nunca habían tenido la ocasión de siquiera besar a una. Ahí, en esa habitación grande y con dos camas tamaño queen, nos quedamos una pareja en una cama y la otra en la otra. No encontrábamos de qué hablar y nos enfocábamos en el televisor encendido. Aunque a los demás les puede haber parecido tosco de mi parte, apagué el tele y me paré para poner el control remoto lejos de todos y les dije que si no hacía eso nunca íbamos a empezar a hablar ni a hacer nada. Le pedí a Nicole que nos pasáramos a la otra cama y al hacerlo ambas se acercaron y poco a poco comenzaron a acariciarse las piernas. Las emociones fueron subiendo y emprendieron a besarse. A mí, sinceramente, se me paraba el corazón. Esa escena era algo que había querido ver toda mi vida: dos mujeres besándose y tocándose frente a mí previo a que yo las cogiera. Yo le quité la blusa a Nicole y Chris se la quitó a Michelle. Ellas procedieron voluntariamente a quitarse los sostenes y a besarse los pechos. Los de Michelle eran redonditos y más grandes que los de Nicole. Yo veía a mi putita perderse en esos pechos, apretarlos y chuparlos como si se le fuesen a acabar. Michelle procedió de un solo a desnudar completamente a Nicole e inmediatamente la acostó y se metió entre sus piernas. Se la empezó a chupar de lo más delicioso y nosotros, los hombres, quedamos en éxtasis viendo la escena.
Yo no aguanté más. Me la saqué y se la puse a Nicole en la boca. Era todo tan delicioso. Michelle vio que yo ya estaba dando de mamar y se subió para compartir y saborear mi pija. Se turnaban para chuparme y la cabeza y aprovechaban para besarse y mojar sus lenguas mutuamente. Entre las dos me la chuparon como por cinco minutos y Nicole dijo: “Ahora voy a hacer lo que toda mi vida he querido”. Acostó a Michelle y se bajó entre sus piernas. Comenzó suavemente y poco a poco fue subiendo la intensidad. Aprovechó para meterle uno, dos, tres y cuatro dedos en el hoyo y Michelle sólo gozaba con mi pija en su boca. Chris sólo nos veía desde la otra cama y disfrutaba lo que veía. “Aprovechá y cogelas bien”, me dijo con una sonrisa en la cara.
“Ahora vení cogétela”, me dijo Nicole, a lo que yo atendí como mejor conserje. Me puse el condón y se la hundí hasta el fondo. Esa mujer estaba de lo más húmeda posible y comencé a darle con un ritmo rápido y profundo. Recuerdo bien cómo se veía cuando mi pija entraba y salía de esa pucha abiertita y depilada. Nicole se arrodilló y puso su pucha sobre la cara de nuestra amante. Yo la metía, Michelle chupaba pucha y Nicole y yo nos besábamos frenéticamente. Era un triángulo cerrado perfecto el que formábamos. En mi boca podía sentir el sabor al sexo de Michelle a través de la lengua de mi mujer. ¡Qué sensación tan espectacular! Mi pija se ponía cada vez más dura. Así estuvimos como por diez minutos y luego Nicole se acostó sobre el cuerpo de Michelle. Saqué mi pija, me quité el condón y se la metí a mi querida. Yo sólo sentía cómo esos dos cuerpos se acoplaban el uno al otro al sentir las vibraciones de una o de la otra. La saqué y les interrumpí el beso poniéndoles mi pija entre las bocas. La degustaron por un momento y luego las senté una al lado de la otra a la orilla de la cama. Les metí dos dedos a cada una y comencé a masturbarlas simultáneamente cogiendo ritmo y rapidez continuamente. En cuestión de tres minutos sentí mi mano derecha tornarse caliente y más húmeda. Sí, Michelle estaba acabando sobre mi mano y las gotas caían al suelo. Nicole se emocionó al ver eso y se apresuró a chuparle la pucha para sentir el sabor del “squirt”. Se perdió en esos labios hinchados y húmedos y se volvió a poner en posición. Dos veces terminó así Michelle y luego se comenzaron a besar. Me acerqué y me uní al beso. Era la primera vez que tenía un beso de tres. ¡Qué excitante sentir dos lenguas y el sabor a puchas y a pija en un solo beso! Luego de eso, ellas se pusieron como perrito en la cama dejándome a la vista sus culos.
Primero fue a Nicole y luego me pasé donde Michelle. Me puse un segundo condón y le di como si el futuro del planeta dependiera de ello. ¡Qué cogida! A esa mujer se le salió el alma por un momento, apuesto. Jadeaba como animal y me pedía que se la metiera más y más. Después me pasé donde mi mujer y se la metí de lo más rico. Ella también terminó así como unas tres veces. Cambiamos de posiciones muchas veces y en total usé como unos seis condones en cada cambio de mujer que hice. Al final, acabé en la pucha de Nicole y Michelle se bajó para comerse el “creampie” que brotaba de su pucha. Esta vez no fue salvaje sino que la besó suavemente y jugaba despacio con el semen que sacaba al meter su lengua lo más profundo que podía. Nicole me la chupó hasta que se me hizo pequeña y Michelle continuó como por diez minutos seguidos. Le regaló a Nicole un orgasmo más en esa práctica y luego sólo se acostó al lado de ella y la abrazó. Los tres estábamos sudados y cansados. Chris, quien no se la había sacado del pantalón siquiera por mandato de Michelle, estaba extasiado por toda la acción. Desde esa vez su deseo por mi mujer creció aún más porque ya la había visto desnuda y había visto lo bien que cogía. Él se acercó y besó a Michelle en la boca y lo que escuché que le dijo suavemente fue: “Sabés a sexo y a semen, mi puta”. Ella se le acercó al oído y le respondió: “Soy la puta comesemen que siempre has deseado” y le metió la lengua en la boca como loca.
Nos vestimos, platicamos por un buen rato más y Nicole y yo regresamos a casa. En el camino íbamos callados y ella rompió el silencio: “Baby, esta cogida ha sido de las mejores de mi vida. Nunca me imaginé que la pucha de mujer fuera tan rica y que meter la lengua fuera tan extasiante. ¡Me encantó!”. Vi su cuerpo estremecerse al revivir la sensación y sólo rio. “¿Te gustó?”, me preguntó, y yo le dije que había sido como un sueño hecho realidad. “¡Qué rico te la cogiste!”, agregó y continuamos el camino a casa.
Marquen las cinco estrellitas arriba.








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