Quedamos de vernos en una cafetería, lugares concurridos que siempre escojo para sentirme tranquila; una nunca sabe a quién se va a encontrar. Tan puntual como siempre, llegué primero, el problema es que, aunque noquiera, siempre llego antes y como es lógico, me toca esperar; ya no sabía ni dónde mirar, ni de qué manera acomodar mis manos, si mirar el reloj o comprar algo para comer, si mirar a la entrada o disimular y hacerme la que estoy muy ocupada revisando mi celular. Sin darme cuenta se acercó y me sorprendió de verdad! Uy divino! Pensé, mientras se acercaba a saludarme con un besote. Qué sonrisa tan hermosa, abierta, sincera, dientes casi perfectos. Hoyitos en las mejillas!!! Divino!!! Jajajaj estaba matada. Se veía nervioso, no sabía cómo colgarse el bolso que traía y su sonrisa se me hacía coquetonamente tierna. Y esos hoyitos en las mejillas!!.
- Hace rato llegaste? Me preguntó. Y mientras lo hacía tomó mi mano helada, efectivamente del nerviosismo tan tenaz que traía; pues claro! Habíamos hablado tantas veces por teléfono, para contarnos todo acerca de nuestras vidas, nuestras fantasías y calentarnos con las fotos más ricas y eróticas de cada rincón de nuestros cuerpos compartidas y los deseos declarados que teníamos de conocernos, hacían que la expectativa del encuentro para mirarnos a los ojos fuera lo más esperado en meses.
Luego dijo: – Me encantas así chiquita, linda!. Valga la aclaración, él mide 185 cm y yo escasos 150 centimetritos. Así es como me encantan, bien grandotes! Pensé yo.
Se liberó del bolso, acercó su silla hacia mí y me confesó que se sintió nervioso todo el día esperando con ansiedad el momento de conocer a “mi nalgona”. Y qué tal te parecí? Le pregunté llena de una seguridad coqueta, aunque moría por saber si la tan temida “química” había funcionado. Con una carcajada en la que mostraba esos divinos hoyitos en las mejillas me dijo: - Me encantaste desde que te encontré en guiacereza y cuando respondiste mi mensaje, me propuse conocerte en persona así fuera para que me dijeras que no te gusté.
Hablamos de lo rico que sentimos todos estos días con la curiosidad de conocernos, que nos imaginábamos así o asá. La sensación nerviosa de pensar si nos íbamos a gustar o no. Yo parecía “idiotizada” mirando los hoyitos tan divinos. El tiempo corrió tan rápido, ya estaban cerrando el lugar y yo tenía que volver a tierra para ir a mi casa, a mi mundo cotidiano, pero feliz de haberlo visto.
Se ofreció a llevarme, yo accedí feliz, porque íbamos a estar otro ratico juntos; abrió la maleta de atrás para guardar el bolso. Es un carro pequeño de dos puertas, ni me pregunten qué marca, sólo les diré que es azul, organizado, limpio y tiene cuatro ruedas jajajjaa. Me abrió la puerta, como todo un caballero; esperé que entrara porque quería decirle lo mucho que me había gustado verlo en persona y esperaba con ansias comérmelo a besos por supuesto. Me miró con los ojitos rayados, una sonrisota coquetona y me preguntó: - Cómo te parecí pues? Jajajajaj No le dije nada, como toda una fiera me lancé y le chanté un beso delicioso, por fin pude probarlo; besa rico, mordisquitos, miradas es como para no despegarse nunca; le dije: - Ahí tenés mi respuesta. Nos quedamos en el parqueadero un buen rato escudriñándonos con nuestras bocas, los besos se sentían en todas partes. Aquí y allá, tuve deseos de tocarlo en la entrepierna, pero no me atreví a hacerlo, no la primera vez que nos veíamos. Yo quería aguardar para un momento de mayor intimidad...








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1 comentario
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login Entraruyyyyy que rico... lastima que yo no mida 1,85.. pero si me gustan delgadas de 1,55... dely... cuenta mas...ademas de las 4 llantas del carro jajajajjajaque marca era?? jajajajajaja