Hacía mes y medio que no nos encontrábamos debido a una nueva oportunidad de trabajo que se le había presentado, por lo que tuvo que viajar lejos. Durante este tiempo, las video llamadas y chat calientes avivaban cada día nuestra intensa pasión. Cada fin de semana, nos conectábamos para hacernos shows insinuantes, masturbarnos frente a la cámara como si estuviéramos juntos; uno de esos días nos consentimos tan rico que él eyaculó mientras yo me acariciaba y lamía mis dedos llenos de orgasmo…, otras veces, yo le brindaba orgasmos intensos acompañados de eyaculación cristalina que él podía percibir de cerca… otro día probamos acariciarnos a través de la pantalla: yo tocaba suavemente su rostro, pecho, su erecto pene, mientras él rozaba sus dedos por mi cintura, mi espalda y por supuesto mi chochita. Fue tan especial lo que sentimos aquella noche que realmente hicimos el amor…y ahí fue cuando seguí afirmando que hacer el amor va más allá de besos y caricias, es la unión de energías, almas, sentimientos, deseo, lo cual traspasa los límites de lo físico.
Lo esperé en el hotel mientras llegaba, pues venía de un viaje largo. Pasada la media noche oí que paró un bus y seguidamente sonó el timbre del hotel. Me levanté rápidamente para abrir la puerta y fue cuando por fin, después de esas largas semanas lo tuve entre mis brazos, lo pude besar con alegría y fundirnos en un cálido y amoroso abrazo, sintiendo su aroma, su cuerpo, el latir de su corazón, sus manos rodeando mi cintura, y los te extraño y te quiero.
Luego de instalarse y ponerse cómodo, nos metimos bajo cobijas, yo aún con ropa y él con el buso que lo protegía del frio y en bóxer. De inmediato nos abrazamos, queriendo sentir nuestro calor, nos besamos apasionadamente en aquella semioscuridad de la cama mientras movíamos nuestros cuerpos ansiosos de devorarnos por completo. Me quité el pantalón y con mis piernas deslicé su bóxer mientras él mordía mi pubis, mi cintura y me levantaba el brasier para tener entre sus manos mis senos calientes y palpitantes, que apretó y besó con frenesí, con una furia que me excitaba aún más.
Deslicé mi panty y entonces sentí cómo su pene rozaba mi vulva, y me daba golpecitos ricos abriéndose paso para entrar en la tibieza y humedad de mi vagina como tantos días lo soñé. Entonces, estando encima de mí me penetró y sentí cómo la gloria recorría mi cuerpo, erizándome en cada centímetro de mi piel mientras gemíamos, nos fundíamos en abrazos fuertes, caricias ardorosas y besos que me inyectaban adrenalina y ganas aún más feroces de devorarlo todo.
Me dijo: “Quiero que me lo mames”. Seguido lo sacó de mi vagina, húmedo y salado y de rodillas frente a él, empecé a darle largos lametazos, degustando su sabor y el mío, agitándolo entre mis manos y comiéndome sus bolas, que estaban repletas, pesadas de su leche que tanto adoraba, metiéndolas entre mi boca una por una y luego ambas para agitarlas y hacerles juegos con mi lengua. Cuánto me gustaba chupárselo recién salido de mi chocho y cuánto nos excitaba!!
Estando así, ambos de rodillas y de frente, volvió a hundir su pene en mi humedad y lo hicimos con delicia, sintiéndolo cada vez más dentro, mientras nos besábamos como locos y fruncíamos nuestros cuerpos con las caricias apasionadas. Entonces me volví a acostar con las piernas flexionadas y mis pies tocando su pecho y lo clavó todito una y otra vez, con furia, duro como tantas veces me dijo que lo haría, hasta el fondo… sentía como sus bolas golpeaban mi ano, como queriendo meterse también. Gemía como gata en celo y disfrutaba cada empujón mientras observaba su rostro de lujuria, de placer por fin desfogado.
Me giré para tomar un preservativo y hacerlo anal, cuando en un gemido suave y rico se vino, dejando en mi chocho su leche, espesa y abundante, muestra del gran placer que habíamos compartido y que habíamos ansiado tener.
Nos recostamos tiernamente abrazados y acaricié su rostro en donde inicié un camino de besos que siguió por su pecho, y como tanto nos gustaba por su espalda, que esta vez la encontré más suave y tibia que de costumbre. Me deslicé por su cintura que tenía una especial sensibilidad a mis mimos hasta bajar a sus nalgas, tibias, duras y voluptuosas a las cuales di una tanda de mordiscos y besos erizantes antes de abrirlas y gozar con su ano. Estaba suave, apretadito y se comía mi lengua en un beso negro largo y apasionado en donde nos asfixiábamos con placer.
Entretanto, con mis dedos iba estimulando sus bolas y el comienzo de su pene, mientras que él excitado me iba abriendo paso para una rica mamada poniéndose en cuatro, a lo cual yo respondí encantada metiendo mi cara entre sus piernas y recibiendo a mi bombón justo en mi boca para lamerlo suave, despacito, sintiendo cómo me acariciaba todo mi rostro, me mimaba y me decía al oído cuánto me había extrañado y lo mucho que gozaba tenerme.
Jugué con sus bolas en mi boca como si fueran chocolates, deslizándolas, chocándolas entre sí, llevándolas lo más cerca que podía del glande, cogiéndolas por completo con mis manos y rozándolas sobre mi rostro para sentir su aroma excitante, su textura que me llenaba de lujuria y deseo. Entonces, él se recostó y seguí masturbándolo mientras besaba sus labios carnosos y hundía mi lengua para juntarla con la suya.
Tomé un preservativo y él se lo puso, preparándonos así para una fogosa culiada anal. Cuando estuvo listo me monté sobre él, le pusimos lubricante a su pene y a mi ano y suavemente me fui penetrando. Al principio sentí un poco de resistencia por parte de mi chiquis pero luego simplemente lo fue devorando todo hasta que quedé completamente sentada sobre su pelvis. Que maravillosa sensación fue aquella de sentir como lo tenía todo dentro de mí, rico, apretado, sin dejarlo salir hasta que yo quisiera. Entonces comencé a cabalgarlo suavemente y aumentado el ritmo poco a poco. Entretanto, él me apretaba los senos y presionaba con fuerza mis pezones. Esto me volvía loca al tiempo que sentía cómo mi clítoris rozaba frenéticamente su pelvis anunciando así mi pronto orgasmo.
Estaba invadida por la excitación que juntos compartíamos. Veía en su rostro una expresión de dicha, felicidad, lujuria; me miraba fijamente a los ojos mientras en su boca hacía un gesto de excitación total que tanto me incitaba y me ponía aún más fogosa. Tomó un consolador y lo introdujo en mi chocha húmeda y dilatada. Qué placer… qué delicia esa doble penetración mientras lo cabalgaba!! Sentía cómo su pene y el juguete se abrían paso dentro de mí, unidos para darme un placer tan grande. Retiré el consolador y seguí agitando su pene entre mi cadera, mientras acariciaba su pecho, y me inclinaba hacia atrás para agarrar sus piernas y darle palmadas de furia. Entonces sucedió: me vine en un destello de humedad, de gemidos prolongados, mientras él tomaba fuerte mi cintura, deslizaba sus manos sobre mis senos y me observaba con encanto, sintiendo ese orgullo de que pudiéramos darnos tanta dicha.
Continuó agitando se pene dentro de mí, llevándolo cada vez más dentro mientras me mantuve inmóvil y entregada a su ataque de lujuria. Recordé entonces una pose que queríamos hacer con su pene en mi chiquis. Sin sacarlo, me di media vuelta, como un helicóptero para quedar de espalda a él. Y continué con mis movimientos de cadera, feliz de estar haciendo realidad los deseos de los que tanto habíamos hablado, de que se comiera mi culito y yo su pene…
Dormimos en un eterno abrazo, sintiendo nuestros cuerpos tibios y desnudos, unas veces yo aferrándolo contra mi cuerpo y otras fundiéndome en su pecho, besándonos tiernamente y compartiendo la dicha de por fin dormir juntos.
Desperté pasadas las 6 am. Se encontraba de espalda a mí, me acerqué para abrazarlo en cucharita y así deslicé mi mano hasta mi cosota que se encontraba profunda después de tanto desfogue. Lo tomé por la cabecita y comencé a estimularlo suave y despacio. Sentí entonces cómo se fue despertando, preparándose nuevamente para otra tanda de sexo y amor. Cuando estuvo totalmente erecto, lo sostuve así en mi mano. Me encantaba sentir todo ese vigor y saber que lo podía gozar.
Entonces él se giró boca arriba, para entregarse a mi lengua, que ansiosa estaba por darle una mamada matutina como tanto nos gustaba. Lo envolví al tiempo con su prepucio y mis labios y así comencé una serie de movimientos hondos y rápidos que presionaban todo su pene hasta volverlo loco de placer. Disfrutaba tanto oyendo sus gemidos, mientras llevado por la excitación lo movía ferozmente contra mis labios en donde lo esperaba mi lengua que se deslizaba rápidamente sobre su glande como una serpiente. Tomé una pastilla de Halls y cuando sentí mi boca helada, la abrí con ansias para seguir chupándolo e impregnarle esa frescura. Extendía mi lengua a lo largo de su pene mientras con mi mano lo agitaba. Su textura era una mezcla de humedad, frio y calor y su sabor era el del placer más glorioso que hubiera sentido. Lo volví a hundir una y otra vez en mi boca, saboreándolo a cada centímetro y dándole también besitos tiernos y amorosos.
Puse el Halls en su lengua y así nos fundimos en un apasionado beso que me daba el placer de juntar su lengua con la mía, decirle te amo con cada roce de nuestros labios, mientras mi mano jugaba con sus bolas. Tomé otro preservativo, cubrió su pene con este y me acosté boca abajo abriendo mis piernas para otra culiada anal. Se acostó sobre mí. Podía sentir toda su masculinidad, su aroma. Me apretó fuerte las manos y juntó su rostro con el mío. Entonces abrí mis nalgas y lo fue hundiendo en mi pequeño orificio. De repente lo sacó y me folló con delicia por la chocha impregnándolo de mis jugos.
Muchas veces habíamos imaginado este momento tan lujurioso. Cuando me hubo follado le dije: “Dale por el chiquito”, y así lo clavó y comenzó a follarme con unas ganas locas e incontenibles. Me sentía maravillosa teniéndolo encima de mí y comiéndose mi culito. Lo devoró todo, a cada centímetro, haciéndolo con fuerza, con una delicia que en este momento me encantaría repetir. Sentir cómo su pene recorría mi ano era una dicha incomparable. Recibir todo su vigor y sensualidad en mi cuerpo me hacía sentir la mujer más deseada y querida. Y oír su gemido de gloria y satisfacción mientras derramaba su leche en mí, gratificaba el sacrificio de la larga espera que habíamos tenido para volver a vernos.
Un rato más tarde, en medio de besos y caricias tomé aceite y le prodigué un masaje Nuru que comenzó por su espalda, presionando con mis manos cada centímetro de su piel. Me deslicé por sus nalgas y piernas hasta que lo bañé completamente con el aceite. Entonces hice lo mismo con mi cuerpo; deje caer cada gota sobre mis senos, que acaricié con sensualidad, mi vulva, mis piernas…
Cuando estuvimos empampados de aceite, empecé a masajear su espalda con mis senos y mi abdomen. Fue una mezcla de diversión y excitación sentir cómo podía dejar deslizar mi cuerpo por su espalda, mientras hacía presión para relajarlo. Luego me senté sobre su espalda y con las manos apoyadas en la cama, deslicé mi cadera una y otra vez hasta su cola, descargando mi peso sobre él y sintiendo cada curva de su cuerpo. Me acosté completamente sobre él y me movía con delicia, para sentir sus nalgas con las mías, su piel con mi piel…
Luego se puso boca arriba y dejé caer la cascada de aceite sobre su pecho, para esparcirlo por su abdomen, sus fuertes brazos y piernas y terminar en sus pies que acaricié con amor y relajé con deseos de hacerlo sentir descansado y feliz. Me apliqué un poco más de aceite en mi cuerpo y entonces, suavemente me acosté sobre él para entregarle con todo mi cuerpo descanso, relajación, paz…
Era una dicha sentir y ver mi cuerpo deslizarse por completo sobre él. Presionarlo contra mí y oír sus exclamaciones de satisfacción. Me acosté boca arriba sobre él y fue un momento tan especial sentir cómo me aferraba contra él, me tomaba los senos y los apretaba con ganas mientras yo acariciaba su cintura y disfrutaba de esa entrega.
Me giré y nos fundimos en prolongados y apasionados besos, acompañados de caricias húmedas por todo y con todo nuestro cuerpo. Retozamos en medio de abrazos, mientras nuestras piernas se entrecruzaban empapadas de aceite, nuestros pechos se juntaban como uno solo y las caricias fuertes y amorosas por cada rincón de nuestra piel nos fundían en el gran amor que sentimos.








Comentarios
1 comentario
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login EntrarMuy buen relato felicitaciones. Definitivamente siempre hay viajes q vale la pena hacer.