Abrió el correo como todas las noches.Bandeja de entrada (1)Le temblaba la mano mientras intentaba atinar con el ratón en el enlace. El mensaje era escueto – Lo prometido es deuda, disfrútalo – Y como fichero adjunto un vídeo llamado para_sara.No voy a verlo, pensó. Creí que no se atrevería. Tiritaba nerviosa, la mano inmóvil sobre el ratón, los ojos releyendo una y otra vez el mensaje, recordando aquella otra conversación no muy lejana donde hablaban de sexo virtual. No creo que esas cosas pasen en serio, decía ella, sí pasan, decía él. Cualquier día te enviaré un “regalito” y cambiarás de opinión…No quiero verlo. No debo verlo. No puedo verlo. Un minúsculo clic rompió el silencio. En la pantalla, aquel recuadro negro dejó paso a la primera imagen. El estaba sentado en un sillón, sus facciones semiocultas por la penumbra. Llevaba el torso descubierto y unos vaqueros con el último botón desabrochado. Mirando a la cámara movió los labios sin emitir ningún sonido, pero ella lo entendió como si hubiera escuchado su voz – Sara, para ti –Ella miraba en estado de shock, completamente inmóvil por la sorpresa mientras él se recostaba despacio, metiéndose un dedo en la boca, para después bajarlo por su pecho y llegar hasta los botones del pantalón sin dejar de mirar a la cámara, sin dejar de mirarla a ella. Uno, dos, tres, cuatro, contaba Sara mentalmente mientras él se desabrochaba los botones con parsimonia. Cerró los ojos. Inspiró fuerte para soltar después todo el aire de golpe. Abrió los ojos de nuevo. Temblaban sus manos, sus piernas, toda ella temblaba por el impacto sí, pero también por la expectación. Le vio bajar el pantalón mientras recorría sus caderas con las manos, bajando por los muslos hasta perderse de vista más abajo.Los pantalones habían desaparecido y ahora solo veía un boxer negro, ajustado, delimitando cada curva con total nitidez. Su sexo se marcaba escandalosamente generoso, provocador. Sin querer cambió la posición para mirar más cerca la pantalla, mientras su mano izquierda de forma inconsciente se posaba entre sus muslos.No era guapo, pero había algo en él salvaje, algo que no podía disimular y que le convertía en un animal hermoso, deseable. Mientras su mano se deslizaba por el boxer, Sara no pudo evitar que su propia mano tomara el mismo camino bajo su falda. Estaba excitada, tanto como no recordaba haber estado anteriormente en ninguna ocasión. Aquello era ciertamente morboso, la situación se convertía en adrenalina que hacía fluir su sangre más deprisa.Mientras en la pantalla la escena continuaba… El rictus burlón de su rostro cambió mientras su mano se introdujo bajo el boxer. Sara miraba la escena sin poder despegar los ojos de aquella pantalla, a la vez que sus manos de forma inconsciente imitaban lo que veía, en un extraño juego especular. Su mano dejó de acariciarse para sacar su sexo y liberarlo de la presión. Sara abrió los ojos, tenía la boca seca y el corazón le palpitaba tan deprisa que creía que iba a salírsele del pecho. Llegó con los dedos a su sexo, completamente empapado, y comenzó a acariciarse sin perder un solo fotograma. Miraba su miembro completamente erecto, altivo, aquella diminuta gota de semen coronándolo como un pequeño diamante, y deseaba que estuviera allí, deseaba besarla despacio, recorrer su rugosidad con la lengua y aprender su textura, cada vena, cada pliegue mientras su olor la envolvía. Quería ser esa mano que ahora lo acariciaba en un vaivén que ella quería marcar con sus caderas mientras se empalaba en él. Pero sobre todo quería su rostro, los ojos ahora cerrados, la boca entreabierta, la cabeza levemente inclinada hacia atrás, y ese gesto de deleite, de placer absoluto para ella. Quería ser artífice y dueña de su goce, la que le llevara más y más arriba, más y más alto, más y más fuerte…Su mano se acompasaba entre sus pliegues al mismo ritmo que veía en la pantalla, en una perfecta sincronía. Era la danza antigua de la sangre, el incendio en la piel, el ardor quemándole los dedos, la carne, mientras cada gemido que escuchaba se traducía en otro suyo, con una voz desconocida y sabia, que pedía más aún sabiéndolo imposible, que necesitaba más…El orgasmo llegó puro, intenso, salvaje, en el mismo instante en que él se corría para ella. Un instante, un minuto, un siglo…Ambos fueron recuperando la respiración al unísono, como si supieran de algún modo el pulso del otro, como si aquello fuera más que un juego, como si hubiera algún tipo de corriente extraña entre ellos…Mientras una de sus manos aún estaba entre sus muslos, Sara levantó la otra mano y despacio, muy despacio, paró el vídeo. Luego colocó la palma de la mano sobre la pantalla. Y se quedó así mirándole una eternidad…
Gracias Por su atencíón








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1 comentario
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login EntrarMuy bien escrito, lleva ese ritmo de relato que va abriendo tus sentidos, hasta llegar a emocionar, me trasmitio tus sensaciones de verdad muy bueno, sigue escribiendo...