Frente al espejo se toman la fotografía un par de novios. Él la toma desde atrás, están en el baño –frente al espejo del baño-, ella está desnuda. En la mano izquierda él tiene una cuchilla de afeitar, parece una Gillette. Ella tiene el coño lleno de lo que parece ser crema para afeitar, la fotografía no deja ver si de alguna marca especial. Ella tiene los brazos hacia arriba, el tipo con su mano derecha sostiene un celular que es de donde toma la fotografía. Él le está afeitando el coño a la chica. Además de la inusual imagen (debemos decir que no es común abrir el Facebook, o ir navegando por internet y que te salgan escenas como la que representa aquella fotografía; tenemos que darnos el lugar para pensar sobre cuántas veces hemos visto una imagen como esta en circunstancias normales; hay personas que están tan llenas de porno que quizá no sea lo más extraño o curioso que han visto)… [Además de la inusual imagen] no se ven elementos sucios; todo aparenta la pulcritud que desea el coño. No hay evidencia sobre quien desea el coño afeitado, si él o ella, ni tampoco porque llegaron a esa situación que en otras circunstancias el pudor evitaría (debemos acordar: afeitar las partes íntimas no es una labor que regularmente dejemos en manos extrañas, en circunstancias normales claro, ya sabemos de lugares de estética para estos sitios, o las disposiciones dadas por cuestiones de trabajo y/o hospitalarias). Sobre la fotografía una leyenda un tanto más llamativa, inicia en la parte superior: Si tu novio nunca te la rasuro –y continúa en la parte inferior de la imagen-, no te ama. Esta sentencia parodia las imágenes empalagosas de parejas tomándose de la mano, o comiendo helado, o saboreando el amor en cualquiera de sus facetas que a mi madre le recuerdan su antiguo álbum –suspira al decirlo- El Amor Es… y que llevan la misma frase.
Cuando el coño está recién depilado, limpio, se ve lozano y la boca siente su sabor sin tocarlo. Me he masturbado muchas veces pensando en un coño así, cuando tenía diecisiete era los que solía ver, limpios, muy limpios y me gustaba mucho hacerles el sexo oral. O verlos mientras los penetraba. Ahora, con el tiempo, suelo encontrarme algunos limpios, otros no tanto, pero no tienen la frescura que sentía por aquella época. El ver o imaginar son dos cosas presentes en el sexo. Aun soy joven pero las expectativas van cambiando y los gustos también. Ahora cuando me masturbo pienso en muchas otras cosas, trato de recordar sensaciones, senos, rostros, voces, gemidos, aromas, la lista es inmensa y demuestra el poder de nuestra mente, y también la ambición de nuestro deseo que no se sacia. Mi primera vez fue extraña, de hecho, disfrute más la primera vez que me masturbe que la primera vez con alguien más. Las sensaciones son inmensamente diferentes, aunque placeres. La primera vez que me masturbe estaba sólo en mi casa, estaba recostado en la cama, tendría alrededor de quince años, tenía el pene erecto, la verga estaba inmensa. No sabía qué hacer con ella. Mi prima disfrutaba dejándome ver sus senos, no me dejaba tocarlos, incluso una vez se llegó a desnudar frente mío. Le gustaba que la viera. Yo soy tímido, no forzaba la situación, me atendía a la regla que ella imponía: mirar y no tocar. En ella pensaba la primera vez que me vine sobre mi cama. No saque el miembro ni lo tome en mis manos, entonces no sabía cómo hacerlo, debo decir que siempre he sido una persona tímida. Doble una almohada y la puse bajo mi pelvis, estaba acostado boca abajo y si hice lo que había visto y practicado con algunas amigas en el colegio sin llegar nunca a acabar, blujinear. Cuando se esta joven la erección parece no doblegarla nadie, es injusto que vaya con el tiempo decayendo aquella disposición. Movía mi pelvis y mi cadera y frotaba mi pene erecto con la almohada lo hacía sin encontrar fruto en ello, pero persistía y una sensación fue creciendo. Sentía un adormecimiento que empezó en mis manos y lentamente se iba extendiendo hacia el centro de mi abdomen, la sensación era reconfortante y me excitaba y me inhibía de razón. No pensaba en nada, sólo quería seguir y seguir. Estaba pensando en mi prima, en su coño limpio y hermoso y sus senos frescos. Mi respiración se agitaba y dentro de mí era todo caótico. El adormecimiento me recorrió y era como una sensación tibia, dulce. Salió de mi expulsada una bocanada de aire. Llegando a un clímax que no podría comparar me vine, pensaba en la risa de una compañera de colegio cuando me mostro sensualmente la ropa interior bajo su falda de cuadros. Mi cuerpo sintió tal desbordamiento de energía que me quede allí como si hubiera luchado en el ring, no podía levantarme sin sentir un cosquilleo por todo mi cuerpo, tuve una risita estúpida que provocó esa noche una pelea con mi padre. Fui al baño, tome papel higiénico y me limpie, tome la almohada le quite la funda y la eche en jabón. Jamás volví a sentir aquel adormecimiento, ni aquel estallido desde mi abdomen ni aquel fuego tibio que me sobrecogió por la cabeza. Aquella sensación de eyacular, el poder dar vida debe ser divino y aquella sensación debe ser de dios. La primera vez en una relación sexual no sabía qué hacer, aunque mi posterior desenvolvimiento no reflejara aquello. Entre mi primera masturbación y mi primera vez hay alrededor de un año. Fuimos a un motel (también fue la primera vez que fui a moteliar) Yo era mayor que ella pero ella se veía mayor que yo. Cualquiera pensaría que era ella quien me llevaba al matadero y no al contrario. Ella me comenzó a hacer sexo oral, yo me decía, así que… así se siente. Ella lo hacía bien, luego me di cuenta que aquella felación fue en realidad algo tonta y patética. Ella sacaba mi pene y lo volvía a meter sin succionarlo o sin jugar con su lengua, ella tenía algún tipo de repulsión por el semen, paraba para limpiarlo cada tanto. Yo disfrute mucho aquello. Luego se hizo sobre mí, la tome de su trasero. Tenía los senos al aire, eran enormes. Ella comenzó a gemir y yo me decía, con que así se siente. Lo disfrutaba, era tibio, húmedo, además la sensación de otro cuerpo excedía por mucho el placer solitarios, además está lo que con el tiempo se aprende; las posibles variantes para practicar el sexo. Me vine demasiado pronto. Pedí excusas, luego lo intente de nuevo, los nervios desinflaron mi verga. Ella fue al baño, me quede riendo estúpidamente. Cuando volvió dijo que quería dormir un poco, no tuve nada que contestar. El motel lo habíamos tomado por toda la noche, la faena que imaginaba era distinta, al menos tenía tiempo para la revancha. Mi pene respondió algunos minutos después, imparable como lo era cuando estaba solo, se irguió y penetro con todo el deseo aquel coño limpio y hermoso. Lo penetre tan duro y el placer era grato. Mi razón, de nuevo, se esfumo y continuaba yo allí con inquebrantable lujuria, siempre he pensado que aquello sólo es comparable con un instinto animal. Veía entrar mi verga en ese coño, veía sus senos enormes moverse por la furia que los atacaba. Ella gemía y pronto empecé hacerlo yo también. Pensaba en qué debía de hacer ¿dejar salir el gemido como lo sentía o matizarlo para no sonar extraño? El gemir de un hombre es algo que desaparece del imaginario sexual. La mujer con todas sus actitudes durante el sexo son las que acaparan todo lo que había visto. Me deje ir en algo parecido al gruñir de un animal. Sentía algo hermoso. Un fuego tibio pero lejano. Estar con otro cuerpo, venirse en otro cuerpo ha sido lo mejor que me ha pasado. Sentir aquellas contracciones en la cadera y abdomen de la mujer al sentir la tibiesa de mi placer. Ver los senos con la piel de gallina y la creciente sensibilidad en el cuerpo.








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