LA FLACA
Relato de comunidad Hetero: Generalschedule 32 min de lectura calendar_today Julio de 2014

LA FLACA

Sonaba Traveling Light de Gerald Veasley cuando la vi, no podía fijar mi mirada en un punto distinto que no fuera ella, en un preciso lapso, muy diminuto, tanto como para permitir a un humano parpadear, el bar se silencio, las mesas se quedaron quietas, el trago no fluía, las luces explotaban sin....

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Sonaba Traveling Light de Gerald Veasley cuando la vi, no podía fijar mi mirada en un punto distinto que no fuera ella, en un preciso lapso, muy diminuto, tanto como para permitir a un humano parpadear, el bar se silencio, las mesas se quedaron quietas, el trago no fluía, las luces explotaban sin ser las protagonistas de la escena, el viento dejo de correr, la madera de aquel sitio, elegante y costoso, era un marco perfecto para que su silueta resaltara, quizás estos milisegundos me costaron horas enteras de entretención, aquel lapso preciso, aquel diminuto instante, la deseé.

Con afán aborde una silla para correrla y esperar a que se sentara en ella, y en cámara lenta dejo caer su bolso suavemente sobre la mesa, levanto su mano, inclino levemente su cabeza y con su mano, ya a la altura de su frente, acomodo su cabello detrás de su oreja mientras sonreía coquetamente, el movimiento resultante de su cabello libero aromas penetrantes y seductores que casi eran una rima con su vestido rojo y tacones elegantes; yo era suyo.

Claramente no era un lugar para bailar, no era un lugar para ser glotón, no era un lugar para hablar de sexo, tampoco era un lugar para jugar y mucho menos era un lugar para embriagarse, aquel era un lugar emblemático, un sitio dispuesto para que sus clientes se deleitaran de una excelente música, un inmejorable ambiente Premium y la mas impecable atención.

Inevitablemente nuestra conversación se encamino a nuestros gustos, debo señalar que muy deliberadamente elegí anunciarle a ella que me encantaba pasarla bien, disfrutar, compartir y ser feliz además de hacer feliz a quien esté a mi lado y sin miedo alguno le sonreí pícaramente casi descaradamente, cortejo con el que finalicé bebiendo un trago de mi Padrino; ese buen coctel que siempre me aconseja y es mi confidente. Su respuesta a mi coqueteo no fue otra que la más seca, profusa, misteriosa y retadora de sus miradas acompañada de tinieblas y frio de su boca: “enserio”.

La noche avanzaba, ya teníamos un par de tragos y disfrutábamos de una rica conversación, la cual desvié en mi entrometido afán por seducirla, hasta que finalmente ella con la mas majestuosa de las convicciones propone el tema del placer, propuesta que respondo con miedo a ser intenso pero con intenciones claras: “disfruto del placer … y procuro vivirlo a diario” esta vez no le sonrió pero no aparto mi mirada de sus ojos y agregó: “mi mayor placer hasta hoy ha sido tu compañía”; con la discreción que he puesto para decir esto y el ánimo con el que lo dije solamente recibí como respuesta una postura tímida y un rostro sonrojado. Me pidió permiso para ir al baño y excusándose se levantó de su silla, tomó su bolso y en una marcha muy sensual me permitió descubrir que su vestido era adornado por un prominente escote hasta su espalda baja, detalle que no había visto cuando ella entró al lugar quizás por el efecto de la estupidez que me embriagaba.

Un par de minutos más tarde, regresó un poco mas embellecida, retocada y sobria, yo había ordenado un par de tragos mas y estaba dispuesto a convencerla de ordenar comida pero ella me sorprendió insinuando que estaba algo agotada y que prefería sentirse más tranquila, presentí que debía disponerme a dejar que esta noche no tuviese final feliz, pero sin problema respondí: “es de mi entera preferencia hacerte sentir lo más cómoda posible, ¿Qué puedo hacer por ti?” Su mirada se fijó hacia la puerta como buscando con afán reconocer que tan fluido esta el trafico de la calle, su gesto fue de esperanza, como quien espera con fe encontrar un taxi disponible en medio del trafico, y responde: “creo que podemos irnos”. No quise terminar mi trago por no parecer afanado, no quise acelerarme para pedir la cuenta por no parecer afanado, no quise responder con algún cambio brusco de ánimo por no parecer afanado, pero con la mayor torpeza y falta de estrategia posible… fui afanado; la cuenta y nos vamos.

Tomé su saco, moví su silla y sostuve su brazo, la tomé de la cintura y hacia la puerta caminamos, era una pequeña sala pero junto a ella sentí que caminaba un kilometro, nos despidió krik Whalum lo cual era inconfundible, aunque no reconozco muy bien la canción creo que interpretaba su éxito I try, lo cual me provocó risas, ella me preguntó “¿Qué te causa tanta gracia, por favor comparte con migo, no seas egoísta? Yo recordé que en mi cortejo le había señalado que se me daba muy bien hacer reír a la gente, pero en ese momento me embriago una sensación de deseo carnal y le respondí muy acertadamente “la noche es perfecta para amar y eso me hace feliz” ella me tomó de mi mano y caminó frente a mi afanadamente guiándome a un taxi.

A esta altura no sabía en que podía terminar la noche, no sabía ni presentía que podría pasar, pero por mi mente no dejaba de desnudarla y hacerla mía.

La descubrí a ella un poco mas liberada y tranquila dentro del taxi, quizá se sentía muy tensa ante tanta gente plástica, me preguntó “¿por qué estas tan serio?” y me mando sus manos a mi abdomen para hacerme cosquillas, la tomé de los codos y la traje un poco más cerca de mi; avanzando entre las calles tenía su rostro tan cerca del mío, pero, por mala fortuna mía ella interrumpe mi protocolo seductor hablándole al conductor para establecer un nuevo destino “por favor a la calle 63 Con carrera 7 Frente al Carulla por favor”; para mi sorpresa no reconocía el lugar, sabía que no era su casa, sabía que en esa zona no habían moteles, es decir, me desconcertó por completo y le pregunte “¿esto hace parte de tu plan por sentirte más cómoda?

Al llegar al sitio ella le pide al conductor que la espere unos minutos, muy independientemente y casi como si no importara mis opiniones ella se baja por la puerta izquierda del taxi, cruza la calle y entra a Carulla, al salir, mas de 5 minutos después, luego que yo había evaluado todas las posibilidades de huidas y escapes de su parte, regresa con una bolsa y entra sonriendo muy alegre al taxi y le pide ahora que retome el primer destino, el que ella le indicó desde un principio, lugar que yo no escuché porque ella subió primero al taxi mientras yo le daba propina al mesero en la puerta del lugar.

Reconocí que el sector por el cual estábamos era el de su apartamento, muy cerca de Carrefour por la Boyacá al norte de Bogotá, cerca al Marymount, indefectiblemente pensé que sería el final de la noche, no sabía cuáles eran sus planes ni sus intereses pero me anticipaba a pensar lo peor.

Justo después de que llegamos al conjunto, ella con afán interrumpió mi intención de pagar el taxi alistando el dinero casi exacto y dándoselo al conductor, me señala con sonrisas que es tiempo de salir; ya afuera del taxi y sin decir nada me toma de la mano y corremos dentro de la unidad hasta el elevador, mientras esperamos su descenso ella me miraba sonriendo y mordiéndose el labio, yo no podía parar de pensar en qué y en cómo iba a disfrutar de esa mujer; Al entrar al elevador y justo luego de presionar el octavo botón me toma firmemente de mis hombros y me empuja hacia el espejo, su mirada estaba tan clavada en mis ojos que casi podía ver su iris a menos de cinco centímetros, su voluntad era determinada y su fuerza sutil pero excitante… el beso, aquel beso, abría valido cualquier lucha, cualquier batalla, cientos de generaciones de eras y conquistas, de reyes y plebeyos, de feudos y religiones, de civilizaciones y descubrimientos, cientos de siglos de evolución y desarrollo para nada, he ahí, en ese momento, el resumen de la vida, la concepción misma de lo mundano, de lo divino, de lo celestial, de lo prohibido, de lo real, un par de animales conectados en sus siete sentidos, explosiones químicas y abundantes dentro de cada uno de nosotros, el equilibrio flaqueaba, mis manos eran anarquistas, mis ojos se perdían en juegos pirotécnicos, mi corazón latía como si estuviese enfrente de una manada de búfalos que corren hacia mí con ira, mi pene se alzaba al cielo con la fuerza de un Airbuss; yo era completamente suyo.

Dentro del apartamento, muy elegante y minimalista, alista de la bolsa de su reciente compra una botella de vino tinto, una cajetilla de condones, cigarrillos y crema batida. Salimos al ventanal, encendimos un cigarrillo, ella fumo menos de la mitad, mientras que yo aspiraba cada centímetro de ese cáncer con ansiedad y justo en ese momento reconocí la función del cigarrillo, ella quería que me relajara. De regreso en la sala tomó total posesión del sofá, extiendo mis brazos a lo largo del espaldar e inclino la cabeza hacia atrás intentando buscarla a ella, sin embargo solo podía ver la botella de vino, el saca corchos y un par de copas listas para impresionar a cualquier invitado sorpresa; de repente se enciende un minicomponente, claramente controlado remotamente por ella, desde mi posición podía ver patentemente la pantalla del equipo y vi que puso en cola de reproducción la USB que tenia, la dejó en pause y cruzó rápidamente la sala hasta la cocina por detrás mío escondiéndose en el mueble; sonó un sonido muy claro, un sonido que hasta alguien sin experiencia podría reconocer PUB!! Cuando se descorcha un vino no solo tiene que haber un poco de vapor de los gases de las frutas y de la fermentación sino que no puede faltar un PUB!! Seco y sin eco, volvió a correr hacia la habitación pero antes de esto apagó las luces del apartamento dejando solo la luz opaca y tenue del extractor de olores, lo cual muy apropósito creaba un ambiente muy soft y agradable, muy adecuado para amar.

El minicomponente empezó a reproducir un excelente tema de Marc Antoine, Mas Que Nada, casi que el titulo mismo de la canción era el resumen de la noche; con ritmo y sin prisa se me presenta ella, nos separaba la mesa de centro y un bonsay, ahora traía puesta una camisa de vestir larga, no tenia medias ni calzado, en resumen, solo traía su ropa interior y la camisa blanca, de hecho, súper blanca; como una profesional bailaba muy lenta y provocativamente mientras jugaba con los botones, sin afán alguno zafaba cada botón mientras deslizaba por sus hombros esta impecable prenda, su ropa interior para mi sorpresa no era la misma que traía puesta en principio, esto lo sé porque muy seguramente ella tenía una tanga muy delgada y fina o posiblemente no tenia y su sostén debió ser alguno de estos que se adhieren o que no tienen tiras ni rodean la espalda (tecnología que desconozco) ahora su ropa interior no era del todo la que uno se puede imaginar para un striptease, esta era muy juvenil no era una prenda diminuta pero claramente no eran las naguas de antaño y su brasier era negro con encaje muy para la ocasión, sin embargo, claramente eran prendas que ella conocía muy bien, que sabia cuanto y como le lucían y le resaltaban sus atributos, ella al ser delgada no era una mujer voluptuosa, pero su cola firme y anchas caderas junto con sus muy bien puestos 32 de pecho, firmes igualmente, la hacían ser la envidia de cualquier mujer en cualquier momento. La canción más eterna del mundo, el baile más eterno del mundo, la mejor noche de mi vida hasta entonces.

Al finalizar el baile mi erección no podía ser escondida, me sentía más feliz que niño estrenando bicicleta (o por lo menos así era en mis tiempos, ahora debería decir que niño estrenando Galaxy) sentía que el romanticismo, el deseo y la lujuria se combinaban en un inexplicable deseo por morder sus nalgas, lamer su ser y penetrar en su vida. Finalizado el baile, el mejor baile, puso su cuerpo sobre la mesa de centro, camino sin torpeza hacia mi bajando nuevamente de la mesa acto seguido de su más hábil demostración de seducción al subir ambos pies sobre el sofá de un brinco luego va poniendo sus pies a cada lado de mi cintura y tomándome del cabello en mi nuca, me jalo levemente hacia atrás y desde arriba en su cielo infinito me dijo “soy toda tuya”, esas palabras las terminó de pronunciar mientras pegaba mi nariz contra su tanga, el aroma era verdaderamente único y espectacular, muy diestramente luego de soltarme, intercambia sus pies de posición quedando ahora su cola frente a mi cara, respondo a su juego subiendo mis manos lentamente desde sus tobillos hasta apretar con fuerza sus hermosas nalgas, besando con lujuria cada centímetro de ellas, mientras la besaba subí mis manos hasta el elástico de su tanga y jalándola lentamente hacia abajo me dispuse a quitarla, cuando ya tenía sus nalgas casi descubiertas ella se agachó y se recostó sobre la mesa de centro, poniendo sus manos como base en una posición en donde dejaba su ano a mi disposición, con sus piernas separadas por las mías y su tanga a casi la mitad del muslo no me quedaba más remedio que lamer aquel asterisco rosado y tierno, lo disfrute como si quisiera saborear cada centímetro de su culo, lo lamia y relamía haciendo presión con mi lengua sobre su ano, me deleitaba con su olor y al cabo de una o dos canciones su resistencia se vio afectada y su cansancio la ha obligado a tomar una nueva posición, una más favorable para este relator, puesto a que se ha hincado esta vez hacia mí, y arrodillada en el piso a tomado mi pantalón bruscamente para zafarlo, liberando mi prominente respuesta a su seducción, su sorpresa quizás fue sobreactuada, quizás, pero su destreza para devorar por completo mi pene no tuvo ensayos, empezó tomándolo con sus dos manos, lo puso junto a su rostro y se puso a reír al ver que el largo de mi pene era casi el largo de su cara, pienso que la idea de tenerme dentro suyo la alboroto a tal punto que no paro de mamar mi pene si no hasta cuando tuvo que toser por el ahogo que se provocaba, se mandaba mi pene dentro suyo desmadradamente, sin reglas ni preámbulos, se lo quería devorar, tuvo que descansar porque la posición le empezaba a cobrar incomodidad, cosa que resolví poniéndome de pie, como soy un tipo prácticamente alto mi pene quedo a la altura de su frente aunque no pude detallar claramente si su espalda estaba completamente erguida o no porque sin freno alguno tomo mi pene con su mano derecha y lo jaló hacia arriba mientras casi literalmente succionaba mis huevas hasta tenerlas juntas dentro de su boca, luego una y luego la otra y después juntas, las lamia y las besaba, lamia igualmente el largo de mi pene y se detenía en ocasiones para verlo totalmente erecto, me lamia las bolas y en un momento mi excitación fue tanta que tuve que flexionar un poco las rodillas para aguantar mi venidera demostración de clímax, movimiento que dio como resultado el hecho de que su lengua se aventurará un poco más atrás de mis huevas, hasta ese momento sabia de los placeres del sexo y la autoexploración y aunque mi ano anteriormente ya había sido explorado por otra mujer con su lengua (ver relato “la directora y su muy particular entrevista”) esta lengua era la campeona, quien tuviese ese largo y esa destreza en su boca, como esta mujer, tendía claramente a todas las mujeres y a todos los hombres que les guste esta clase de juegos a sus pies, esa maldita lengua que aprovecho un momento de debilidad de mi cuerpo para asegurarse y aferrarse sin pronostico alguno a mi ano era la dramaturga de una tragicomedia puesto a que la ha enfermado alocando su cordura y quitando los estribos de su voluntad, han valido un par de segundos (muy eternos) para que me empuje nuevamente hacia el sofá, muy bruscamente, con su mirada me invadía como una plaga, propagándose y penetrando cada rincón de mi ser, juntó sus manos y las movió como quien bate un chocolate, como quien quiere calentar sus palmas para el frio, como quien quiere disponerse a algo interesante, luego de esto tomó mis piernas por detrás de las rodillas y las alzo con mucho ahincó y se esmeró totalmente para que ellas quedaran en tal posición que mi ano floreciera como quien desvirga una quinceañera, juntó sus labios y me besó, me lamió posteriormente, me preguntó “¿Qué tan abierta tienes la mente?” supe que sus intenciones eran muy perversas y le deje saber que prefería que sus dedos estuviesen en el exterior, pero, muy anarquistamente puso su índice muy húmedo sobre mi ano y aunque pensé que me quería penetrar lo que hizo fue más un masaje estimulante y dilatador, nunca fue grosera ni inoportuna. Una experta.

Recuerdo mientras escribo cada momento de esta noche de hace un par de años con aquella hasta ahora amiga virtual, siempre fue para mí la clase de persona que uno conoce por medio de alguna presentación con algún amigo y que uno aprovecha para hablar de temas con los que uno no se siente cómodo tocando con nadie más, para mi fortuna habíamos quedado de vernos y conocernos por mero placer del contacto visual, pero, para mi mayor dicha ella disponía de un arsenal de ideas que luego me enteré que no tenia planeadas. Aun escribiendo mi erección es real, mi pene, aunque no alcanza su máxima expresión, se hincha en su evocación.

Cansándome un poco de la espalda le pedí que diera por terminado ese estimulo anal tan satisfactorio, que sin ningún remordimiento me había regalado; esta vez me he propuesto a retomar la actividad siendo quien manda, mi enorme erección pedía a gritos penetrarla, pero, sabía que de ser así no sumaria 4 minutos en mi intento por sostener mi semen dentro, por lo cual he empeñado a mi lengua una tarea que he disfrutado con el gozo proveniente del morbo, del deseo y del placer mismo. Al ponerla esta vez de rodillas en el sofá con sus codos en el espaldar y abriendo sus piernas he penetrado su húmeda vagina con mi lengua, he sentido ese calor inmortal y su olor fugaz, he lamido cada centímetro de sus labios inferiores, pero, la entretención mayor y la atención de privilegio se la ha llevado su clítoris; aquel era un clítoris fuerte, delgado y de tamaño normal, no era ese grano de arroz de las más jóvenes y virginales féminas ni era ese garbanzo como suele ser llamado, era un clítoris caliente y dilatado, latente y vivo como mi deseo por acariciarlo, lamerlo, sobre estimularlo y ser el ejecutor de sus orgasmos, lentamente ponía mi lengua sobre él, hacia una leve presión seguida de un movimiento rapidísimo con mi lengua, dejando descansar la punta de ella sobre la punta de su ser, repitiendo cada paso religiosamente, arrancando de sus entrañas gemidos estridentes y estremecimientos musculares. He decidido en aquel momento que ese clítoris seria como mi mejor amigo, mi aliado, mi instrumento y le he dado la preferencia e intimidad que se ha merecido, en su honor permanecí pegado a él hasta que he sentido como se enterraban cinco uñas en mi cuero cabelludo empujándome con brusca fuerza hacia él, sus movimientos arrítmicos, su largo gemido seguido de suspiros y jadeantes bocanadas de aire acompañaron mi sonrisa. Su hermoso orgasmo.

La noche no podría terminar en su adoración por mi habilidad para el sexo oral, por lo cual, hemos bebido un par de copas, bueno, quizás media botella rápidamente, queriendo así amortiguar el frio capitalino, atenuando al clima y amenizando la charla nos tocábamos repetidamente, ella en un par de ocasiones entre sus tragos chupó mi pene, no permitió ni por un minuto que mi erección se extinguiera y por el contrario mantenía una fuerte picardía con constantes chupadas y besos.

Como el round lo estaba ganando ella 1 a 0, me he puesto egoísta, me he preparado para la faena bebiendo casi una copa entera de un sorbo y sonriendo como gladiador con sed de sangre, caminé hacia la cocina, rompí un sobre de condones y se lo he dado abierto a ella para que terminara de ponerlo (siempre me ha parecido que la forma como una mujer pone un condón es muy diciente, muy habilidosamente: es muy activa sexualmente en términos heterosexuales, sin importancia ni orden: quizá se trate de una mujer que puede que prefiera estar con otras mujeres y si en cambio: mira el condón, lo cambia de manos, se limpia el lubricante de los dedos, busca el derecho y sonríe tímidamente se trata claramente de una mujer con muy pocas faenas, en todos los casos este ritual me permite saber qué papel debo tomar, si es una muy activa: seré un macho sin freno y propositivo, si es una mujer que prefiere las mujeres: seré una combinación del anterior con más dedicación a las caricias y a la estimulación de los puntos que más sensibles son, pero sí en cambio es una mujer sin experiencia: seré delicado pero seré la clase de hombre que enseña y acompaña) ella era una mujer con habilidades claras al momento de la protección, siendo suficiente solo su mano derecha para tomar y vestir mi pene y su mano izquierda para empuñar mi miembro, lo trató como suyo, como si lo conociera de tiempos lejanos, lo vistió con cuidado pero con deseos mórbidos y lujuriosos. Lo vistió para secarlo.

Estando aun de pie, mientras pensaba en qué posición quería empezar, la he tratado de zorra, le repetí que era una puta cara, que era la más puta, que era mía; vi hervir su cuerpo, se puso su mano izquierda en su vagina, sin necesidad de lubricarse con saliva, se masturbaba mientras yo la hacía ser puta, con mis frases la rebaje a su más animal forma, volviéndola puro deseo; quizás yo estaba a un par de pasos, pero aquella mujer muy valiente y habilidosamente ha saltado y con su mano derecha estirada en mi dirección se ha dispuesto a atacar a mi miembro, me ha alcanzado, en su mayor manifestación de habilidad corporal, a agarrar mi nalga y posteriormente ha enterrado sus uñas arañando mi piel hasta las rodillas cobrando un calambre excitante, yo he pagado su gesto sexual cacheteando su cara, su reacción fue de sorpresa, pero, la sorpresa le duro un segundo pues la ha vencido el deseo, aquella cachetada termino por rebajarla a su más salvaje forma, había dejado de ser un animal vestido de deseo a ser puro deseo en cuerpo de mujer, luego de su sorpresa, su disposición era naturalmente descrita por “poséeme bruscamente”, por lo cual, muy alentado por su respuesta la he tomado con mi mano izquierda de su cuello, apretándolo suave pero firmemente, haciéndola tomar distancia de mi, asegurándome de que su mirada este completamente fija en mis ojos, sin dejar de mirarla le dije “gozaras como lo puta que eres, serás mi objeto, no me importa que sientas o que quieras” mientras la sostenía con mi brazo totalmente estirado la lleve hasta su habitación, aun con mi mano en su cuello al entrar a la habitación quise ser ardiente y agresivo además recordarle que en esta habitación correrían sus sueños en adelante, por lo cual, la he vuelto a cachetear, cachetada que fue seguida de un leve empujón contra la cama, al caer su cuerpo sus piernas inevitablemente se alzaron con fuerza y yo muy diestramente he tomado cada uno de sus pies por el talón para poder acomodar su cuerpo en el borde de la cama, luego de tenerla en la posición deseada me he dispuesto a abrir sus piernas mientras me flexionaba lo suficiente como para que la punta de mi pene tuviese buen espacio y altura suficiente, y sin dejar de verla a los ojos y con sus pies en mi mano, la penetre fuertemente, su vagina estaba tan húmeda como caliente, su textura era indescriptible, se sabía que era un mujer hábil pero su vagina era estrecha cual virginal fémina, lo cual me sorprendió sobremanera, la he tomado con fuerza ahora de sus muslos enterrando un poco mis uñas igualmente y jalándola hacia mí la penetraba profundamente casi como si intentara meter mis huevas junto con mi pene, la penetre sin compasión y repetidamente, no quise dejar de verla y aunque sus ojos ya no estaban más enfocados me apasionaba verla rasgar las sabanas y tratar de buscar sin clemencia ni reposo una almudada para apretarla y morderla como quien quiere enfocar su placer en una demostración desmedida de fuerza, me entretuve con morbo viendo sus hermosas tetas brincar al son de mi pujar casi como liberadas y felices, eran unas tetas felices, quizás tarde 4 o 5 minutos hasta que decidí que el nivel de excitación estaba bajando y que quería intentar otra mejor posición, por lo cual he regresado mi mano a sus talones pero esta vez he pasado ambos pies a una mano y he enganchado sus pies en mi brazo apretándolo contra mi torso lo cual inevitablemente ladeo su cuerpo y aun con mi pene dentro continúe con fuerza penetrando su ahora más estrecho ser, esta vez como resultado, ella se ha recostado totalmente sobre su pecho y se ha estirado para tratar de agarrar el otro borde de la cama con sus manos pero no le han valido sus intentos puesto que no he permitido que ella lo hiciera jalándola egoístamente hacia mí, entonces, sin más remedio soltó la almohada y esta vez se metió en su boca parte del tendido de la cama para callar sus gemidos. La hice puta.

Sus movimientos eran reflejos de su cuerpo ante mis sacudidas, ella era domada por un ser ardiente que la poseía sin remedio ni escrúpulos, tenía mi pene tan dentro suyo que con cada nueva metida sentía que sus paredes vaginales eran nuevamente conquistadas, una y otra vez, al penetrarla se seguía sintiendo igual de estrecha y se seguía sintiendo igual de caliente. Ella quiso interrumpirme tratando de decir algo, pero muy velozmente he callado su venidera suplica cacheteando sus nalgas con fuerza, fueron 3 golpes secos, casi roses, que ruborizaron sus nalgas, callaron su boca y excitaron su ser, fue en ese preciso momento cuando me di cuenta de que tenia ella cierto gusto por ser maltratada, gozaba de cierta manera que la putearan y que le causaran dolores controlados, lo cual, indefectiblemente, me ha abierto cualquier cantidad de imágenes de videos porno sadomasoquistas, orgias sado, lésbicos, etc., entre todas esas imágenes elegí una posición imperdible, entonces, saque mi pene de su ser, podía ver lo húmedo que estaba, esta vez era un miembro enorme, sentía mis venas a punto de estallar, además que no lo había sentido tan erecto y ansioso de mujer desde mis inicios en el arte de amar, entonces solté sus pies dejándolos caer suavemente sobre el piso puesto a que lo último que quería provocar era un dolor que no fuese estimulante, acto seguido la tome de su cintura, y como ella estaba boca abajo quedo de tal forma de que sus rodillas quedaran de nuevo en el borde de la cama pero esta vez apoyaban a su cuerpo y de nuevo sus codos le servían junto con su cara de base, una vez más su hermoso asterisco me saludaba, pero él no sería objeto de mis malas intenciones, no era el momento indicado, de nuevo cachete sus nalgas una a una, el sonido resultante junto con el sonido de sus gemidos de placer eran una clara muestra de que a mi fémina le resultaba propio el juego brusco, por lo que he empuñado mi pene desde su base y como quien quiere batear lo he estrellado repetidamente contra su clítoris, dando latigazos carne con carne aquel clítoris se fue hinchando con cada latigazo; como no quería penetrarla aun porque era bastante divertido el juego de maltratar su trasero y su clítoris he enterrado mis uñas en sus nalgas, y ahora que lo escribo me resulto incluso muy pendenciero pero me permito anunciarles que hice exactamente lo que quería hacer y jamás podría repetir un momento tan vicioso y dominante como aquella noche, con mis uñas enterradas me arrodille sobre el piso para lamer un par de veces su vagina, queriendo prepararla para su nueva arremetida, luego de erguirme de nuevo y con mi pene nuevamente empuñado y apuntando la tome con mi mano izquierda de su cabello, jalé su cabeza firmemente hacia atrás y sin aviso empuje con fuerza, con la misma disposición como quien clava una puntilla, como quien taladra una pared, mi acto fue delictivo, fue sin precedentes, fue ordinario, de ella un grito enorme salió, acompañado este grito del más común de los madrazos y justamente por eso, por ser tan grosera, la cachetee una vez más, fui un egoísta pero con cada clavada ella respondía de mejor manera, lo metía tan adentro como fuera posible, tan rápido como mi espalda lo permitía, pero no lo hacía mansamente, repito, lo hacía con fuerza, al cabo de unos minutos, introduzco mi pene hasta su límite y aun con su cabello en mi mano izquierda empujo con fuerza jalando su cabello y luego tomándola con mi mano derecha de su cuello queriendo con lujuria y desenfreno empujar lo más profundo posible, una y otra vez, lo metía y lo sacaba rápidamente, en torno a tres o cuatro minutos mi resistencia estaba en declive y sentía que detonaría mi espíritu inclusive, por lo cual valiéndome de la fuerza de mis pies, la solté, solté su cabello y solté su cuello y al mismo tiempo la empuje con mi miembro, fuerza y rabia, con tal propósito de tumbarla a la cama de nuevo y así fue. Esperaba tomar mi segundo aire, aun quedaba un poco para finalizar el round, así lo sentí en ese momento, y quise ser un poco mas pasivo, por lo que he aprovechado que esta ha quedado tendida boca abajo, tirada en la cama y sin fuerzas y me he tirado sobre ella, claro que suavemente, casi ligeramente; me pongo lo suficientemente bien acomodado como para poder meter mi pene dentro de ella desde atrás con mis rodillas a cada lado de su cintura y mi cuerpo sobre su espalda descansando en uno de mis codos, con la mano que no me sostenía acariciaba su cuerpo y abría sus nalgas para ganar unos centímetros de profundidad, esta vez la penetraba sin ningún tipo de afán, queriendo descansar pero estimular al mismo tiempo, he invertido poco tiempo para esto; queriendo empezar de nuevo y justo cuando me sentí colmado de deseo, de nuevo me he incorporado y rápidamente me puse de pie y le pedí a ella que se parara igualmente, al momento de su incorporación yo me tumbe sobre la cama boca arriba, la tome de sus caderas, la giré para que quedara dando su espalda a la cama y la guié para que se sentara en mi pene, la permití ser la jefe para que manejara el ritmo, quería ver que apetito podría tener luego de tremenda arremetida en su contra, y para mi sorpresa lo que esperaba que fuera una tranquila pose me costó admiración por su inagotable deseo de pene, apoyada en sus rodillas bajaba y subía rápidamente, descansando sobre mí con todo su peso levantando sus pies del piso, volvía a bajar y a subir muy intensamente y de vez en cuando al apoyar sus nalgas en mi hacia círculos con su torso, muy inequívocamente; no estaba totalmente de acuerdo con que esta faena la terminara ella, por lo que nuevamente la he tomado de la cintura para subirla completamente hasta quedar nuevamente de pie, así mismo me puse de pie yo, la giré y la bese con tanta pasión y tanto delirio, la tome con mis dos manos de su cara, enredando un poco mis dedos en su cabello y empujándola hacia la pared la hacía valer oro, la hacía sentir importante, única y amada, la elevé al cielo mientras bajaba con mis besos por su cuello y oídos mientras que con mis manos buscaba cada una de sus nalgas, cuando tuve total firmeza y apoyo en mi espalda me propuse a alzarla desde su derrier apoyándola contra la pared para no flaquear, tan pronto como la tuve a la altura deseada apoye gran parte de su espalda alta sobre la pared mientras retrocedí unos centímetros para alejar su pelvis de la pared y la penetré sin reparo alguno, ella sobrecogió mi espalda con sus piernas enredando sus pies detrás mío, recibía cada penetración, cada metida con un quejambroso show de descontrol, sus ojos eventualmente blanqueaban, sus uñas se enterraban con cada arremetida un poco más fuerte en mi torso sudoroso, yo quería detonar mi semen por lo que entonces con mucha destreza y fuerza incremente la velocidad de cada metida y cada sacada y al cabo de unos minutos terminamos en un unisonó alivio, su tensión se había liberado, su boca estaba abierta saludando el techo, tenía un grito mudo constante, las venas de su cuello parecían reventarse de placer, mientras que yo solté el más potente y claro de los gemidos masculinos habidos y por haber, mi pecho se contraía, mis piernas al igual que mis brazos perdían fuerza, besé su boca complacientemente y la recosté sobre mí para luego dejarme caer sentado sobre la cama, luego nos recostamos, ella sobre mi abrazándome, para descansar.

Al recobrar el aliento y el aire, ella me propone terminar la botella, accedo a su propuesta sin plegaria alguna, ella se incorporo resentidamente, al parecer tanta pasión abría finalmente adolorido su cuerpo, por lo cual me tiré en risas, ella sin más reparo me saca la lengua y me hace pistola; al regresar traía solamente una copa, y pregunté la razón, sin juicio de lógica alguno me dice que me reta a terminarme casi un poco más de un cuarto de botella solo, yo no le respondí y tome groseramente la botella, tomando bocanadas de vino en menos de lo que su asombro duró me termine el trago, ella me dijo “perfecto porque ya pedí el aguardiente”, me utilizo.

Al llegar el correo de la noche (tarde como siempre) yo estaba caliente, no del todo sobrio, pero sabía que podía aun manejar la situación, ella había ordenado una botella de sello azul; lo destapamos, nos tomamos un par de copas fondo blanco, reíamos, bailábamos y completamente desnudos. Éramos cómplices y amigos. Quizás llevábamos la botella a la mitad cuando se me ocurre mirar el reloj, eran casi las cuatro de la mañana y mi tiempo con ella había sido tan fugaz como cada orgasmo; luego de bailar un par de canciones y de estar seriamente entonados, le propuse terminar la noche, pero, ella prefirió que antes vendría muy bien una ducha.

Cerramos la noche con un largo beso, muy apasionado; terminamos nuestros tragos con afán y corrimos a ducharnos. Dentro de la ducha ella recuerda que no hay toallas, por lo cual sale del baño, en mi ingenuo pensamiento no se me ocurrió lo que era venidero, pues al llegar no solamente ha traído las toallas sino que tiene en sus manos un aceite barato y otro condón. Sus intenciones eran más que obvias, mi erección no fue menos obvia, me encanta, me complace y me resulta muy dominante tener sexo anal. El baño empezó muy inocente, jugando con el jabón, entre tanto, luego de ya estar juagados y limpios, me arrodillo en el piso y le pido que se de la vuelta para que su hermoso culo quede apuntando hacia mí; con esta posición ya adquirida me deleito lamiendo nuevamente su ano, esta vez, con mucha más inhibición de mi parte y con mas ahincó, mientras la lamia, con mi mano derecha masajeaba su húmedo clítoris, y eventualmente metía hasta tres dedos dentro de su vagina, ella realmente disfrutaba lo que estaba pasando, por mi parte, me dedique a florecer y dilatar su ano; cuando logre relajar su asterisco me incorpore tomándola de la cintura, fui progresivamente subiendo mi mano izquierda hasta sus senos para apretarlos y masajearlos y con mi mano derecha (untada un poco de saliva) me propuse a meter un par de dedos en su culo, para mi sorpresa no fue mayor la resistencia, ambos dedos entraron sin torpeza, como si lo hubiésemos planeado y entrenado con rigor, muy astutamente ella me empuja con su cola hacia atrás, generando el espacio suficiente para que ella pueda con una comodidad absurda agacharse y mamar mi pene, desde mi ano hasta la punta de él, el agua la ahogaba un poco, por lo cual ha preferido dejar de hacerlo, al volverse a parar, se percato de que mi pene aun no estaba vestido para la ocasión, y muy preventiva y hábilmente me puso el segundo condón de la noche, batió el aceite y me lo entrego en mis manos, luego de esto me dijo: “quiero que me des por el culo tan fuerte como puedas, pero ten cuidado”.

Sus palabras fueron alentadoras, como cuando un entrenador le dice a un jugador antes de entrar al campo “si anotas un gol te regalo un Ferrari”, bueno, no creo que existan entrenadores de esa clase, pero yo salte al ruedo como su lo hubiese escuchado claramente; empape mi pene con aceite, me percate de dejarlo muy bien húmedo e igualmente empape su culo, completamente, luego de masajear sus nalgas y su ano con el aceite, tomé con cada una de mis manos sus nalgas para abrirlas y apuntando soberbiamente empujaba mi ser hasta lo más profundo de su caliente y estrecha manifestación de morbo, deseo, locura y desenfreno total. Al clavarla no escatimé esfuerzos, en la primera penetración, introduje mi pene suavemente pero hasta el fondo, lo deje unos minutos mientras masajeaba sus pechos y besaba su cuello, lo suficiente como para que su ano se acostumbrara al tamaño, está metida, la primera, causo en ella un alocamiento sin revés, clavo sus uñas en mis nalgas y con un leve gesto de dolor gimió adentrándose en un clímax profundo y abandonado, tomé alientos mediante un suspiro y le dije al oído “prepárate puta”, dicho esto, arremetí con fuerza, repetidamente y con un gran tacto metía y sacaba mi pene constantemente, eventualmente le salpicaba mas aceite a su estrecho hoyo, decidí soltar sus senos solamente para poder tomarla de los hombros para ganar apoyo y fuerza de penetración, cada nueva arremetida en esta posición le cobraba un gemido agudo, su gesto se alcanzaba a ver entre alocado, colmado de placer y adolorido, pero, con el paso de los minutos su transformación fue evidente, no solo me movía yo, ella ya estaba empezando a apoyar más su peso sobre sus nalgas y apretaba sus esfínteres fuertemente, su rostro ya no era la manifestación de la reconquista, su rostro era no menos que la proliferación de incesantes corrientes de placer, mas supe yo aprovechar esto inclinando mi espalda hacia atrás para ganar un ángulo que me permitiese penetrarla más profundamente; debo ser franco en que desconozco si fue el alcohol o el ahogamiento de placer que tenia, que por más de 30 minutos, sentí que le di con tanto aliento que lo que era vecino no era si no nada menos que uno de los mejores orgasmos de toda mi vida, sentía desde mis pies un cosquilleo perpetuo corriendo hasta debilitar mis rodillas, mis manos perdían juicio, mis ojos se entre cerraban y mi boca muy anarquistamente se abría, me ensordecí, flaquee, agote cualquier reserva de oxigeno y semen dentro de mí, detone sin presentaciones, detone sin límites, sentía que el semen que había eyaculado había rasgado dentro de mí una enorme ola de corriente como si estuviese hay desde muy niño, enterré mi mirada dentro de mi blanqueando los ojos, apreté sus brazos y volé. Nada me pudo corresponder más que un gemido, más bien un grito de su parte; como yo no pare de clavarla mientras alucinaba en mi orgasmo, ella logro sumar al placer genito-sexual el placer que se deriva de ver a una persona tener placer y el resultado fue otro orgasmo, me confesó luego que le resultaba morboso y pervertido ver a un hombre vivir su orgasmo y sentirlo dentro, lo cual, con toda seguridad alentó el suyo.

Deje mi pene unos minutos más dentro de ella, abrimos la ducha y en cuanto tomo la temperatura deseada saque mi pene y lo puse al chorro, me retiré el condón y sostuve mi pene enrojecido con mi mano derecha y lo miré como agradeciéndole a él por su increíble desempeño; nos terminamos de bañar, nos secamos y dejamos caer nuestros cansados y ya más sobrios cuerpos sobre la cama.

Alrededor de las 11 am desperté sin estimulo alguno, sentía un taladro en cada neurona, me tomé un tiempo para apreciar y recordar su cuerpo, era delgado, muy firme, era muy proporcionado, su vientre era largo y plano, su espalda adornada por un par de huequitos, sus piernas tenían varios lunares, su antes muy bien arreglado cabello ahora era una manifestación de la liberación y el caos, así mismo, me tomé unos segundos para detallar su cuarto, vi que era un cuarto muy bien organizado, casi parecía que nadie lo habitara, todo era muy minimalista y sencillo, pero, no pude mas empeñar a mis ojos tan difícil tarea de registrar fotográficamente el lugar por el guayabo tan tremendo que el vino puede ocasionar, sencillamente descanse un rato mas.

— rasju

14 de julio de 2014

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rasju

Escrito por

Soy hombre heterosexual

Comentarios

1 comentario

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  • sexologo21
    sexologo21 · 14 de jul de 2014

    joda que un periodico se mas explicito menos letra para poder si quiera leerte todo lo que dices men 

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