Era domingo por la noche, saqué de excusa una caminata semiatlética por el sector donde vivíamos en esa época y aproveché para pasar a saludar. En la habitación estaban los papás pero me atendió en el sillón de la sala. Me metió las manos debajo del buso termico y me desabrochó el sostén, para quedarse con mis tetas blancas, protuberantes y firmes. El beso lo decía todo, quería arrecharme, y yo no hice nada por evitarlo, me le senté dandole la espalda, para que me viera las nalgas y el hilo que se me formaba y se excitara más. No fue sino levantar un poco el saco y de una vez, mandó la mano entre el resorte de la sudadera hasta mi vagina, y la mantuvo un buen rato, haciendo circulos alrededor de mis pliegues y mi clitoris, mientras otra mano se agarraba de mis tetas, y yo dandole restregada a ese pene acorralado hasta que sin importarme el peligro que significaba que alguien en la casa nos viera en esas, le dije: quiero que me lo hagas ya. No fue sino escuchar eso, me separó se levantó por un lado y me dijo vamos a la cocina. Fue cuestión de cinco pasos para quedar ahora yo, acorralada contra la pared mientras mi objeto del deseo se deslizó hacia abajo, y se escurrió con pantalón, pantys y todo, y justo cuando me iba a dar ese beso #abrepiernas, detuve la acción. Apreté las rodillas y me puse a llorar porque sentí que dios no veía con buenos ojos esa actitud mia, y lo rechacé a pesar de las ganas tan horribles que tenía de que me atravezara con su pene.
Volví tiempo después con la espinita de ese sexo loco en la cocina. Pero a pesar de que me dejé acariciar más allá de los límites no fui capaz de tener su carne dentro de la mia. Aún así es el puesto numero cuatro de mis mejores culeadas.
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Regards








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