Caía la noche, el ambiente era tenso, como si supiera lo que pasaría, todo era cuestión de tiempo, nuestras miradas eran tan profundas que me atrevo a decir que penetre tu alma, conocí tus temores y descubrí tus secretos...
Aquella noche fuiste mía, nuestros cuerpos se atraían entre sí, se deseaban conocer. Aquellas sabanas suaves y blancas se fueron confabulando con las indiscretas estrellas, fueron testigo de nuestra inexplorada pasión, esa pasión que nos carcomía lentamente, que recorría cada centímetro de piel, tus pupilas dilatadas eran muestra de placer, tus espasmos eran gritos retenidos por tanto tiempo, que no valió fidelidad alguna...
Eras una bella mariposa ante la luz del mundo, pero ante mi cama te convertías en un ser tan diferente y dominante que me excitaba mucho más.. Besarte era mágico, nuestros labios eclipsando por primera vez, las palabras estorbaban, tu cuello abordaba por incontables besos, tus senos presenciaban la agitada noche, tus pezones firmes como el más fiel de los soldados...
Mis manos danzaban sobre ti, explorando cada parte de tan sublime ser, pero había algo más, algo que estremecería nuestras vidas, que cambiaría todo a partir de aquella noche... fui cayendo en tus encantos, hasta deleitar de tu más preciado tesoro, ver tu sexo palpitando de placer, abriendo las puertas del olimpo, lubricado de dulce néctar que estaría dispuesto a deleitar, mi lengua fue tu cadis y tus flujos un manjar, tu cuerpo retorciéndose me pedían a gritos no parar..-
Nuestros gemidos se juntaron para jamás volverse a separar.. Fuiste mía de la nada, pero sabes algo ahora nunca me olvidaras. Y fue así como descubrí que tus poros aún conservan mis besos, que tu alma me recuerda y que tus labios me susurran por la eternidad.








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