Esta historia es real y sucedió hace años con una de mis empleadas que trabajaba en una pequeña empresa que tengo del sector de la confección. Yo tenía 29 años y ella 37; se llama Claudia; no voy a decir que era espectacular ni que tenía las tetas más grandes ni el mejor culo, pero era agradable y muy vanidosa, le gustaba vestirse bien y casi todos los días iba en tacones altos y con las uñas bien arregladas –cosa que me encanta-.
Un día teníamos un pedido grande y para colmo de males, otra de las empleadas estaba incapacitada así que Claudia se ofreció para trabajar hasta tarde y yo también tuve que quedarme ayudándole para poder evacuar lo que teníamos que producir. El trabajo en la noche generó un ambiente mas relajado ya que no sonaba el teléfono y estábamos solos. Pusimos música y pedimos comida a domicilio para menguar el cansancio y poder continuar… en medio de eso empezamos a hablar de nuestras vidas y ella me contó cosas que yo no tenía ni idea, al rato le pregunté por un novio con el que hace meses había terminado y me dijo en medio de cierta confianza que ya ni le hacía falta… y con una risita picarona me contó que el tipo no era buen catre. Yo no esperaba que dijera eso, pero inmediatamente repliqué diciendo que el sexo era un factor muy importante para una relación y no solo en frecuencia sino en calidad.
Por ahí empezó la cosa… el tema de conversación se fue calentando y empezamos a hablar de nuestras preferencias sexuales y por lo que ella me decía, me fui dando cuenta que era muy caliente y que le gustaba el sexo sin mojigaterías. Debo confesar que cada vez estaba mas arrecho y ya tenía una erección tremenda pero como soy administrador de empresas, una de las reglas de oro que aprendí en mi carrera es la de no meter el pipí en la nómina, así que me controlé. Yo sé que ella también estaba excitada pero no se atrevió a pasar de ahí.
Los días pasaron y yo no podía dejar de fantasear con ella, hasta que tuvimos otra oportunidad de estar solos así que de manera disimulada le dije que me había quedado pensando en la conversación que tuvimos esa noche… ella me confesó que también se había quedado pensando y más que eso, se había quedado imaginando.
Se me aceleró el corazón.
Yo le dije que a me encantaría experimentar cosas con ella, pero que me daba miedo porque era una empleada mía y eso podía prestarse para problemas, a lo que me dijo sin titubear que lo hiciéramos pues ella ya era muy madura en ese sentido y que nadie se iba a enterar. Inclusive hasta me propuso que lo hiciéramos el sábado después de salir de trabajar al medio día. Era un miércoles; que tortura esperar hasta el sábado, pero no hubo más remedio.
Ese sábado ella llegó por la mañana y ahí si la vi espectacular, tenía unos tacones altísimos y muy sexys y el resto de la ropa le quedaba muy bien. Al terminar el turno ella siempre salía a coger el bus con una de sus compañeras, pero esta vez le dijo que iban a ir a recogerla, de manera que iba a esperar. Todos fueron saliendo hasta que nos quedamos solos y para no dar papaya, me dijo que saldría antes que yo y me esperaría a unas cuadras de la empresa. 5 minutos después salí yo y la recogí a unas 3 calles de forma que nadie nos viera. De ahí nos fuimos a un motel.
Cuando llegamos comenzamos a besarnos como locos y a mí me gustaba mucho porque sabía estimularme muy bien con su lengua. Yo por mi parte acariciaba todo su cuerpo de forma casi desesperada y besaba su cuello y sus orejas. La atmósfera de erotismo que se estaba levantando era increíble
Fue Claudia la que dio el primer paso con el sexo oral, así que se arrodilló a darme una mamada que me obligó a retorcer los ojos. Me encantó que lo primero que hizo fue tragarse toda mi verga casi hasta la base aunque con algo de dificultad, después de eso empezó a mamar como una profesional.
Mientras ella me masturbaba con la mano, lamía vigorosamente mis guevas (Chicas! No saben lo placentero que esto para nosotros y muchas de ustedes lo pasan por alto), después de eso llegó mi turno con la lengua así que dediqué un buen rato a mamarle esa jugosa vagina como se lo merecía. Le gustaba que me concentrara en su clítoris para después meterle la lengua lo mas que pudiera. No disimulaba el placer que sentía cuando le daba palmaditas en la vulva o cada vez que se la escupía con fuerza.
Claudia se paró un momento mientras me decía que tenía un sorpresa; así que de su bolso sacó un vibrador color fucsia y yo ni corto ni perezoso lo utilicé para estimularla mejor mientras no dejaba de darle lengua.
Llegó al punto en el que no aguantaba mas y me pidió que le metiera mi verga... Debo decir que ella misma se encargó de acostarme boca arriba y se dispuso a montarme dándome la espalda. Esa posición me fascina. Luego nos volteamos y yo me puse encima de ella para darle con las piernas abiertas, le metía la verga hasta lo mas profundo y me agachaba para chuparle las tetas al mismo tiempo que la clavaba.
Mi sorpresa fue cuando en medio de la faena Claudia me gritó: ¡méteme ese chimbo más duro, perro! fue entonces cuando yo me desbordé; tuve que aguantarme para no venirme después de que dijo esa frase; la arrechera se me subió al MIL por ciento y en ese momento me sentí libre para tratarla cómo se me daba la gana así que empecé a darle nalgadas mientras que le hundía mi verga cada vez con mas fuerza. La puse en cuatro y la agarraba del pelo como si fueran las riendas de una yegua a la que yo estaba cabalgando.
De vez en cuando le acariciaba el ano con mi dedo pulgar y en un instante hasta llegue a chupármelo para después metérselo por ese estrecho orificio. Seguimos de ese modo por un rato y de repente ella se estiró para coger el vibrador que estaba al borde de la cama y sin siquiera voltear a mirarme me lo paso y me dijo con voz jadeante: "métamelo por el culo".
Wow Que me dijo esa mujer!!!!
Yo estaba que estallaba de la emoción porque definitivamente era la mujer más caliente con la que había estado hasta ese momento. Bajamos un poco las revoluciones mientras que yo le ponía algo de lubricante al susodicho juguete pero ella sin embargo no dejaba perder el ritmo del todo, así que continuaba con un vaivén adelante y atrás haciendo que sus nalgas chocaran contra mi pelvis.
Como nunca antes había hecho aquello yo no tuve en cuenta que la vagina y el recto estaban separados por una pared tan delgada, de manera que cuando le metí el vibrador encendido a su máxima potencia, pude sentir casi directamente sobre mi pene la alta frecuencia a la que estaba funcionando aquel aparato. Esto para mí fue el extremo pues yo estaba bastante excitado inclusive antes de utilizar el vibrador pero al sentir las pulsaciones ya casi ni podía aguantar el placer que me estaba provocando. Ella me gritaba que no parara y que no le fuera a sacar ninguno de los dos y yo con tanta arrechera cumplí mi misión al pie de la letra.
Finalmente ella se fundió de placer y gritó en medio de un gran orgasmo y como yo no aguantaba más; le saqué la verga, me quité el condón y me derramé sobre sus tetas… ella con cara de éxtasis, esparció toda mi leche en su pecho. Ese fue el primero de varios polvos en esa tarde.
Después de eso, lo hicimos muchas veces en moteles, en su casa y hasta en la oficina; tiempo después le ofrecieron un empleo donde podían pagarle mucho mejor, así que se fue. Hoy en día seguimos siendo amigos, pero lastimosamente ya casi nunca nos vemos.








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