Hola,
Soy Violeta o así me hare llamar para ustedes mis amigos de guía cereza, soy una visitante notan asidua de la página,perome encanta ver que cada que ingreso a ella encuentromás y máscosas interesantes, partiendo claro de la gran variedad de relatos nuevos… me gusta saber que no soy la única que hace de la lectura erótica un agradable plan de esparcimiento y relajación.
Como ya les ha dicho mi encantador amigo S.Tomas, hace un tiempo luego de una interesante charla y de contarme que hacia parte de la comunidad guía y tenía un perfil propio mediante el cual podía expresar lo que quería, sentía y deseaba hacer e incluso lo que había hecho sin temores o restricciones de ningún tipo, que podía dar sus aportes e incluso comunicarse con otros usuarios y compartir experiencias, me invito muy amablemente a compartir su perfil. Cosa que acepte, agradezco y por lo cual le envío los más dulces y húmedos besos.
Hoy les traigo una historia que viví hace tiempo ya,pero que fue tan rica y especial que la considero digna de compartir, espero la disfruten tanto como yo.
Era un fin de semana de agosto llevábamos 6 meses de relación y era nuestra primera salida fuera dela ciudad, Juan D, mi pareja en aquel tiempo era un hombre físicamente hablando hermoso, abogado, 32 años, muy joven para su apariencia seria y pensativa en todo momento.
Juan había hecho los preparativos del viaje, estaba programado según su cronograma para llegar en 8 horas a san antero, un pueblito ubicado a las orillas del mar caribe en el departamento de córdoba, lugar del cual yo no tenía idea de su existencia hasta el día en que mi atractivo galán me planteo el viaje, se le escuchaba muy animado con la idea por lo que acepte a pesar de no agradarme nada la idea de un viaje tan largo en carro.
Salimos un jueves a las 6 am, llegamos al pueblo a las 3 pm según lo planeado a pesar de las eróticas y furtivas paradas a borde de carretera y otras obligadas para comer, hidratarnos y en busca de servicios sanitarios decentes, a las 3 pasadas estábamos registrándonos en el exótico hotel ubicado a solo unos pasos de las hermosas playas por lo que se podía sentir la brisa marina aun dentro del hall de la recepción.
Cansados como estábamos por el viaje nos dirigimos al cuarto, aun no deja de sorprenderme aquel lugar pues se trataba de un entorno aparentemente rustico según su visión externa, pequeñas chosas individuales levantadas sobre pilares al borde de la playa, techadas en paja y construidas en guadua y bambú, amplios ventanales sin vidrieras cubiertas por enormes cortinas en tonos claros al igual que las puertas, al entrar al cuarto la visión es confortante pues si bien predomina lo rustico del exterior se mescla con un aire contemporáneo y sofisticado al visualizar los muebles, camas las luces, decoración y el encantador baño que permitía ver desde dentro la maravillosa playa de arenas blancas y aguas transparentes que teníamos como única vecina.
Así cansada, maravillada y agradablemente sorprendida como estaba, le dimos la bienvenida a nuestro primer día de vacaciones en aquel lugar encantador.
Al amanecer después de una deliciosa noche de sexo y sueño reparador, no pude evitar salir del cuarto para contemplar la noche, el cielo se reflejaba en el mar y la brisa marina de la madrugada me rosaba la piel y ondeaba mi cabello haciéndome sentir particularmente sensual…
Caminaba por la playa cuando me percate de un movimiento extraño a unos 30 metros de donde estaba, mi reacción inicial fue de temor, pero conforme pasaban los segundos se tornó en curiosidad, sin pensarlo y teniendo precaución de no ser detectada por lo que fuese que había en ese lugar tras una enorme roca ubicada tan cerca de la playa que las olas golpeaban sutilmente contra esta, decidí rodear la roca y subir una pequeña colinita que me permitía ver el sitio sin ser vista, por fin logre subir hasta el sitio y tener una panorámica inmejorable, no se imaginan mi sorpresa al ver una pareja, un hombre adulto, mayor diría yo y una delgada joven negra, ella estaba desnuda y totalmente apoyada sobre la enorme roca, él tenía la parte superior de su cuerpo desnudo y la parte inferior cubierta parcialmente por una bermuda blanca pues se lograba ver parte de su trasero y se percibía la desnudes de su pene contra el cuerpo de la joven negra.
Mi piel se erizo con la sola percepción de esta imagen me excitaba la idea de poder ver esta pareja hacer el amor, pero me reprochaba la intrusión en su intimidad, finalmente y haciendo caso omiso a mi auto reproché me quede en el sitio siendo sin que ellos lo supieran espectadora del más sublime acto entre un hombre y una mujer. El como ya les dije era mayor según las líneas de su rostro y complexión, pero para nada desagradable, la mujer muy joven para él, estaba evidentemente excitada la expresión en su rostro era de placer y el movimiento de su boca denotaba jadeos e incluso gemidos creo, pues a la distancia que me encontraba no lograba escucharlos, el la manoseaba con urgencia y desesperación se podía observar que lo hacía con brusquedad, chupaba sus senos con furia mientras apretaba fuerte, ella se movía como fiera enjaulada y lo besaba sin dejar de masturbar el pene erecto que nunca abandono su mano, así transcurrieron tal vez 10 minutos cuando el sin previo aviso bajo su mano hasta la vagina de la mujer y la penetro con sus dedos , ella levanto la pelvis y apoyó su tronco más contra la roca, el empezó un movimiento dentro y fuera de ella tan rápido y desesperado como los movimientos de la pequeña mulata, de pronto esta se desvaneció sobre la roca, el casi inmediatamente se tumbó sobre ella, y mientras le decía algo al oído separaba sus piernas posicionó su pene a la entrada de la vagina de la chica y la penetro nuevamente esta vez con su enorme verga erecta, apoyado como estaba sobre ella la embistió una y otra vez, el hombre estaba frenético y ella aunque nunca vi su rostro en esta segunda posesión pues lo tenía oculto contra el cuello del hombre sé que lo gozo tanto como el, o por lo menos eso creo, pues sus manos y brazos lo rodearon por la cintura todo el tiempo como atrayéndolo contra sí, de pronto solo fue quietud y los cuerpos languidecieron contra la roca.
Para ese entonces mi respiración estaba casi suspendida, mi cuerpo en una especie de estupor eufórico y mi entrepierna tan mojada que sentía la humedad chorrear hacia la pijama de satín que Juan había comparado para mí un par de días antes.
Sin esperar a ver que pasaba con la caliente pareja me incorpore como pude y regrese por la misma colina a la playa en busca de nuestra cabaña, ya en el cuarto por fin empecé a respirar normalmente, después de observar a mi hombre dormir tan placida mente unos minutos me acurruque contra su cuerpo, el en un movimiento instintivo me rodeo con sus brazos y luego de dar mil vueltas esas imágenes en mi cabeza logre dormirme.
Al día siguiente no podía sacarme esa imagen de la cabeza, me estaba matando la ansiedad, por lo que decidí contarle a Juan lo que había visto esa noche, el un poco gozón bromeo toda la tarde de lo cachonda que me tenía toda esta experiencia, en la tarde decidimos dar un paseo en bote, uno de esos sosos que debes pedalear para que avance, a mí me pareció el plan más tonto del mundo pero accedí pues me insistió bastante en que fuéramos. Llegamos al pequeño puerto, alquilo el dichoso bote de pedales y nos dimos a la marcha, llevábamos unos 20 tal vez 30 minutos pedaleando el vendito aparato cuando Juan se levantó de su asiento y me quito el chaleco salvavidas, argumentando que con la velocidad de este aparato lo máximo que pasaría allí es que nos insoláramos, se quitó la camiseta y se tiro de clavado alagua, yo no lo podía creer, y aunque para mí siempre fue un placer ver este hombre desnudo o con poca ropa, aquel día no pude evitar sentir un gran temor, pues nos hallábamos en altamar sin chalecos salvavidas y con una muy basta, casi nula experiencia en aguas a mar abierto, el emergió del agua y me invitaba a acompañarlo mientras parloteaba y chapuceaba agua, cosa a la que no accedí claro, mi fuerte son las piscinas de un 1.60 a estas les veo e incluso les toco el fondo, en fin mi encantador delfín marino jugueteo en el agua hasta que se cansó y luego regreso con migo a el bote, para ese entonces yo estaba solo en traje de baño y con una muy espesa capa de bloqueador encima, Juan saltaba y se sacudía el agua como loco sobre mí, le dije que me había acabado dé poner el bloqueador, que ahora tendría que ponerme más, cosa que él se ofreció a hacer de muy buena gana y en medio de besos y zalamerías deliciosas, en esa estábamos cuando saque como pude de nuevo el bloqueador de mi bolso se lo puse en su mano el, dejo de besarme a regañadientes y dio inicio con la tarea que más que aplicarme bloqueador parecía un masaje erótico pues no omitía rincón alguno e intensidad en los movimientos, cosa que a mí no me disgustaba para nada pues mi libido andaba más alborotado de lo normal, no solo por mi moreno y sensual acompañante sino además por las emotivas imágenes de la noche anterior que no paraban de dar vueltas en mi cabeza, Juan ya se había percatado de mi estado de ánimo y del hecho que no estaba limitando para nada su actitud por lo que dio rienda suelta a sus manos sobre mi cuerpo, y a su boca sobre la mía, no dejaba de mirarme mientras me acariciaba, me decía que era hermosa y que no había visto una imagen más provocativa que yo ese día, que se moría por hacerme el amor ahí… Yo no lo podía creer, me acordaba de las imágenes de esta pareja totalmente perdida en su propio mundo de erotismo y sensaciones en una playa que si bien no era privada tampoco era publica, en medio de la noche, mi cuerpo empezó a hablar por mí, estaba temblando ante esas manos cálidas y mis pezones se ponían duros al contacto de esos dedos finos y delicados sobre la tela, Juan me pidió me pusiera de espaldas para aplicarme el bloqueador en la espalda, yo me incorpore y me puse de espaldas y el muy diestramente se puso en la tarea de embadurnarme el aceite no sin antes acariciar sugestivamente y besar cada espacio, al llegar al cuello sentí que desanudo el tirante del traje de baño mientras besaba la parte trasera de mi cuello y me decía con voz más que baja al oído que le estorbaba mi ropa, y que me haría el amor sin importarle quien pasara por el sitio y que esperaba que lo hicieran para que todos se murieran de la envidia de verlo hacerme el amor. Sin decir más me rodeo con los brazos, retiro el sostén de mi traje de baño y mientras me acariciaba los senos desde atrás me besaba el cuello, la barbilla y sobre la comisura de los labios, acaricio de nuevo mi espalda con ambas manos por un momento, luego se sentó en el centro del bote y me sentó en su regazo frente el con mis piernas a cada lado de sus caderas, me miraba a los ojos mientras me acariciaba con el dorso de su mano la línea de mi abdomen y con la otra dibujaba finas líneas en mis labios, yo estaba perdida en esa sensaciones maravillosas pero quería tocarlo, con mis manos recorrí su pecho, su cuello, tome su rostro entre mis manos y lo bese los labios quise hacerlo suave, despacio, pero juan me rodeo por la cintura tan fuerte que pensé que quería partirme y se apodero de mi boca en un beso fuerte y profundo tan húmedo y sensual que sentí un delicioso corrientazo de electricidad en mi espalda que termino en mi entrepierna, rodee su cuello con mis brazos, mis manos enredadas en su cabello, y mis labios perdidos en los suyos, las lenguas perdidas en nuestras bocas, y ese delicioso sabor a ganas a deseó y placer… Así transcurrió no se cuánto, mi cuerpo suele tener vida propia cuando de sexo se trata yo solo me dejo guiar y siento, cuando me percate de mi estaba moviéndome suave y sensualmente sobre la pelvis de Juan quien respondía con sutiles jadeos, se separó de mi boca y dio inicio a un camino de besos hasta mi senos diciendo no seque cosas, tomo mi pezón entre sus labios dando suaves mordiscos que hicieron que se pusiera duro y firme y empezó a mamarlo inicialmente suave pero aumentando la succión hasta hacerla fuerte casi dolorosa, él sabe que eso me pone a mil, me faltaba el aire inclinaba mi cabeza hacia atrás para poder respirar para darle espacio quería que lo hiciera a gusto, pero el me atraía contra su cuerpo con la mano que me acariciaba la espalda y con la otra me acariciaba el otro seno yo trataba de respirar cuando su boca cambio de lugar y se disponía a chupar como solo el sabia mi otro seno.
Para entonces mi cabeza ya había perdido el control sobre mi cuerpo solo era sensaciones y deseo, se movía según su propia necesidad y respondía cada caricia, a cada beso, a cada movimiento de Juan con desesperación y anhelo, Juan David se levantó con migo en brazos lo que provoco el contoneo del bote, como pudo lo estabilizo y me recostó sobre la superficie más plana del mismo se inclinó a mis pies separando mis piernas para quedar en medio de ellas y haciendo un surco de besos con sus labios por donde pasaba sus manos hasta llegar a mi abdomen, una vez allí se tomó su tiempo en acariciar y lamer mi piel que aún estaba grasosa por el bloqueador y muy sutilmente se apodero con sus manos del elástico de mi tanga, yo imaginándome lo que tenía entre manos empecé mover mi cuerpo instintivamente, quería tocarlo sentir su piel, por lo que tome su cabello entre mis dedos y tan suave como pude lo atraje sobre mí, Juan se acomodó sobre mi cuerpo haciéndome sentir su provocativa erección, sin separar sus manos de mi elástico y mientras yo lo besaba casi convulsa, el introducía su mano en mi traje de baño alcanzando mi sexo y dejando escapar un suspiro de placer al percibir la humedad, yo no pude evitarlo y emití un gemido de placer, eso es me dijo… gime amor, gime para mí, hazme saber que te encanta que te toque… y continuo hablándome sabe que me encanta que lo haga… me estaba muriendo de placer cuando empezó a descender por mi cuerpo hasta llegar a mi entrepierna retiro su mano de mí y con la ternura del caso mientras me besaba el abdomen, empezó a bajar mi tanga, yo levanté un poco la pelvis para facilitarle la tarea y en un segundo, casi sin darme cuenta lo tenía entre mis piernas apoderado de mi clítoris haciéndome morir de placer, yo no controlaba mi cuerpo, se movía sin control, mi garganta no paraba de emitir gemidos y suspiros, quería escapar, pero moriría si él se detenía Juan sostenía mis caderas contra su lengua que no paraba de entrar y salir de mi cuerpo, quería estallar en mil pedazos y Juan quería ser el causante de esa explosión, me atrajo más contra sí y me invadió con su lengua tan hondo como pudo, sentía sus manos adheridas a mis piernas al rededor de mis caderas, me sostenía como si temiera que me escapara, yo no paraba de jadear, de gemir de convulsionarme en su boca. Por un momento se incorporó yo no creo haberlo visto nunca tan sexi, tome su cabeza entre mis manos la atraje sobre mí y lo bese saboreando mi propio sabor, oliendo en su piel mi aroma sintiendo su dureza sobre mi cuerpo, nuestras manos no querían para de tocar cada rincón lleve mi mano a su entrepierna y saque esa verga deliciosa de su bermuda lo acaricie un momento mientras miraba ese rostro encantador encenderse cada vez más y escuchaba ese sutil ronroneo de su garganta, me moría por sentirlo separe, un poco las piernas debajo de él y así mojadisima como estaba acaricie con la cabeza de su pene la entrada de mi vagina, no pude evitarlo y suspire fuerte, a lo que el respondió empujándose contra mí, llenándome deliciosamente hasta el fondo, me rodeo por el cuello con un brazo y con el otro se sostenía para evitar mover demasiado el bote, empezó a entrar y salir de mí, primero lento y pausado delicioso, como saboreando la sensación, yo sentía cada embestida hasta el fondo de mi increíble, con las ganas y el deseo Juan aumento el ritmo hasta ser incontrolable, entraba y salía tan rápido y fuerte que casi dolía, pero era un dolor placentero, ese del que no te quieres liberar Juan no paraba de jadear y mi cuerpo de nuevo quería explotar, me corro amor lo escuche decir, se inclinó sobre mí, poso su frente sobre la mía sin parar de embestirme con fuerza y tan rápido que por un momento pensé que voltearíamos el bote, me ardía el cuerpo, me dolía y a la vez sentía ese corrientoso de electricidad que te recorre toda y crees que mueres, Juan cerro los ojos mientras convulsionaba sobre mí y yo bajo él nos corrimos juntos como nunca en el medio del mar, en un bote que para mí era el paseo más tonto del mundo.








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login EntrarEstoy feliz de haber desidido compartir mi perfil con esta dama con la que he compartí en mi vida lindos momentos. Genial tu relato