Por esos días habíamos sido dos más que adultos. Muchas de las barreras del pudor se habían traspasado, y cada encuentro parecía desbordar los límites. Ella solía vestirse para mí, sabía exhibirme en dosis exactas las partes que más me gustaban de su cuerpo. Yo la miraba con atención y cada mirada daba lugar a un pensamiento extremo, a una fantasía. Ella misma era una fantasía. De vez en cuando le contaba alguna de las que me producía, y ella detenía sus ojos en mí, contenía la respiración mientras yo hablaba. No sé si simulaba avergonzarse o realmente lo hacía, pero parecía que le gustaba escucharme.
Entre todas esas conversaciones de vez en cuando surgían personas imaginarias, y poco a poco fue tomando vida propia la idea de hacernos acompañar por alguien. Me gustaba ponerle el tema y crear situaciones para indagar qué quisiera hacer. A veces me parecía que estaba más en disposición de obedecer que de proponer, lo cual no me molestaba, aunque reconozco que a veces pensaba en que me gustaría escucharle contarme detalles de lo que le provocaba.
Un día cualquiera le pedí reservar la tarde y disponerse. Le puse una cita en el parqueadero de un centro comercial, y le dije a grandes rasgos qué ropa debía llevar. Se trataba de un vestido con botones de broche adelante, del cuello a las piernas, y unos tacones altos. Le pedí que usara ropa interior de encaje pero pequeña, tipo tanga. Llegué al lugar de encuentro y estacioné. No tardó en aparecer, y abrí la puerta delantera. Sin muchas palabras arranqué, y en el camino corto que debíamos recorrer pasé de vez en cuando mi mano por sus piernas, y alcancé a subir dos veces hasta su sexo. La segunda vez pude sentir su humedad por encima de la tanga y comprendí que ya estaba excitada, en parte por mis caricias, pero estoy seguro que sobre todo por esa sensación en parte incierta y en parte deseada de no saber qué le esperaba.
Estaba ella en su concentración húmeda cuando llegamos a la puerta del motel, realmente no habíamos hablado casi nada y fue un poco sorpresivo encontrarnos rápido con el citófono de entrada. ¿Buenos días, qué tipo de cabaña? Respondí de inmediato con seguridad, todo estaba calculado. Se abrió la puerta del garaje una vez en el sitio asignado. Ella subió adelante las escaleras que llevaban a la habitación, y yo atrás pude estratégicamente mirar desde sus talones hasta su culo, ella pareció sentir mi mirada e hizo un meneo exagerado a propósito.
Le pedí que estuviera cómoda, hizo su ritual de mujer dispuesta en el cuarto de baño y salió. Se paró frente a mí, con sus dos manos al tiempo echó su cabello hacia atrás por sobre las sienes, respiró profundo, quiso hacer preguntas antes de besarme, para lo cual había puesto sus manos en mis hombros. Con mi dedo en su boca le hice entender que una y otra cosa le serían difíciles esa tarde, tanto besarme como preguntar. Bajé sus manos, las ubiqué cada una al lado de su cintura y comencé a besar su cuello, a respirarle en el oído, y preguntarle si imaginaba qué sucedería. No alcanzó a responder con claridad, solo escuché entre sus frases cortadas las palabras “perra” y “obedecer”, ya no sé si las dijo o las imaginé, pero enseguida tomé una venda suave y ancha y cubrí sus ojos. Le pregunté si veía algo, me dijo que no. De todas maneras acomodé un poco la venda de manera que cubriera desde sus ojos hasta su naríz, y dejara despojada sólo la boca. Me resultó muy sexy aislar sólo su boca, y me concentré en ella, primero besándola suavemente y luego poniendo toda mi lengua adentro suyo, sintiendo como ella se iba agitando y desesperando de a poco. Adrede puse mis manos en el cuello de su vestido, puedo jurar que cuando pensó que la desabrocharía suspiró profundo e intentó agarrarme. Con suavidad volví a separarle sus manos y la seguí besando, mientras puse las mías en su culo, y fui recogiendo su vestido desde abajo para tocar sus piernas, mientras mi boca se encontraba ahora en su cuello, cerca de sus oídos. Me estreche contra ella entero para que sintiera cómo había crecido el bulto entre mis piernas a medida que la acariciaba. En ese momento escuchó unos pasos y se sobresaltó. ¡Tranquila!, le dije susurrando…. ¡vamos a comenzar!, y cambié la voz para decir un poco más fuerte pero no a ella ¡Te ofrezco este semejante regalo, por favor, haz que disfrute y pásenla bien, yo voy a estar mirando! Cuando ella me escuchó, su boca hizo una pequeña mueca de ternura y perversidad al tiempo, era una mezcla rara de susto y excitación que a mí me gustó mucho.
En realidad nunca me he creído del todo el cuento de su pudor, a veces creo que ha tenido muchas más experiencias y fantasías realizadas que yo, de hecho me parece justo que haya aprovechado al máximo el deleite de ese cuerpo que a veces me ofrece a mí, haciéndome sentir que la llevo al límite, lo cual por supuesto me agrada mucho.
Me aparté de ella, dejando lentamente su boca con un beso tierno y separando mis manos de su culo. El próximo suspiro que le escuché fue cuando él comenzó a besar sus piernas, una a la vez, desde abajo sin pasar de los muslos, durante varios minutos. Sus manos iban por detrás bordeándole el derrière, y de vez en cuando apretándola duro, a lo cual ella respondía con un estremecimiento. Poco a poco él fue subiendo su boca, y desabrochó la parte de abajo del vestido. Llegó a su sexo y puso los labios suavemente sobre la tanga, luego lamió la raíz de sus muslos a cada lado y ella comenzó a mover suavemente su cintura hacia adelante, como ofreciéndole el coño o pidiéndole sin palabras que se lo chupara. Él seguía con sus caricias todavía exploratorias e intentaba abrirse camino con un dedo por un lado de la tanga, hasta que ella no soportó más y dijo como mandando… ¡ya por favor como quiera que te llames, chúpame el coño y méteme la lengua que me me estoy desesperando! Él se apartó un poco y me miró, yo asentí, de inmediato corrió del todo su panty a un lado, y se clavó en ella con su lengua, moviéndose con firmeza. Me acerqué, apreté la cabeza de él contra ella con una mano mientras la otra se asentó en la espalda de ella, como si yo quisiera ajustarlos. Ambos entendieron, él se pegó un momento y redujo la intensidad de su movimiento, mi mano nunca dejó de sujetar su cabeza mientras la otra levantó un poco la venda. Le incliné a ella la cabeza hacia abajo, y le permití ver la cabeza de él pegada a su chimba, escondida a medias entre su vestido. Le dije ¡Perra, cómo es que te gusta que un desconocido te chupe el gallo!, ella me miró, apretó su boca como si quisiera pegarme, sus ojos estaban brillantes y rabiosos, le di un beso tranquilizante, sonreí y volví a cubrir su mirada. Ella hizo un gesto de decepción, como si no quisiera estar más cubierta, a lo cual le dije ¡tranquila, falta poco, en unos momentos vas a poder ver todo. Efectivamente toda la pared izquierda del cuarto era un gran espejo, yo sabía que ella disfrutaría ver… verme a mí mirándolos, verme con la verga en la mano, y al final, verse en medio de dos vergas.
Él dejo de acariciar el gallo y poco a poco desabrochó el resto del vestido, ella continuó de pie. Cuando pudo ver su cuerpo de frente me miró agradecido, y para agradecerle a ella pasó un momento sus manos por la cintura con mucha experiencia, la acarició hasta llegar a las tetas, y sacó de a una sin quitarle el sostén. Ella seguía vendada, yo con mis ojos le pedí a él que me reservara una. Me acerqué y cada uno chupó una teta, y a su vez acariciaba la parte del culo y de la pierna que le correspondía. Yo no sé si ella dividió su placer, pero nosotros nos repartimos su cuerpo. Lo disfrutó con tanta naturalidad que me pareció que esto le era familiar. Después de varios minutos en que cada uno ejerció su soberanía en su respectiva teta, me acerqué a su boca y la besé un momento. Puse una mano en su rodilla invitándola a inclinarse, ella entendió y flexionó despacio hasta quedar en cuclillas. Con sus tacones y en esa posición su culo realzaba de manera espectacular, así que lo descubrí para que pudiéramos verlo, mientras por delante sus tetas seguían asomadas cada una por encima del brassière, a ella le hubiera gustado apreciar lo perra que se veía, pero aún no era tiempo. La dejamos en cuclillas sosteniéndose sola tal vez seis o siete segundos, mientras sacamos nuestras vergas, y nos pusimos en frente de ella. Hice señas a él para que cada uno cogiera una mano de ella y la llevara hasta el respectivo chimbo, así quedó ella acuclillada agarrándose de dos tubos ya bien parados. Dejó escapar un sonido de su garganta que nunca le había escuchado, como una inspiración de aire gigante que produjo quejido hacia adentro. La dije que por favor chupara cada verga y me dijera cuál era a mía, que era una prueba a su memoria, ella sonrió. Por supuesto que ya sus manos tenían mi verga identificada, pero se dispuso al juego con su boca y a propósito, como por mortificarme, se fue antes a la de él. La chupó primero con timidez y luego ávidamente, él me miró y guiñó un ojo, ¡ella sabe lo que hace!, le dije. Un momento después pasó a mi verga y la chupó, debo decir que me gustó el hecho de saber que venía de otra verga, y creo que a ella también le gustó el hecho de tener dos disponibles. Luego de chuparme un rato sonrió y dijo ¡esta hijueputa memoria mía tan mala, no sabía que mi boca no se acordaba de la forma de los chimbos, me va a tocar repetir las mamadas para tratar de saber cuál es la tuya! Así volvió a chupar la otra verga, ahora con mucha más decisión, mientras a mí me hacía la paja con la mano izquierda, su cabeza se movía hacia adelante y hacia atrás con fuerza, se había desinhibido del todo y parecía disfrutarlo más, chupaba con vértigo, con delicia, avidez, yo sentía eso en su mano, que trataba de no abandonarme. Juro que ella quería sentirse perra completamente, y hacernos sentir que lo era. Él tuvo que apartarla porque estuvo a punto de hacerlo venir, ya no era ella, era la mejor mamadora del mundo con dos chimbos al tiempo, con los ojos vendados y fingiendo no reconocerlos en un juego que nos resultó increíblemente excitante. Ante la necesidad de él de parar, ella fue a mi chimbo de inmediato, casi desesperada y dijo, ¡sí, éste es el tuyo, ya creo recordarlo!
Un momento después la ayudamos a pararse, volvió a estar de pie y como para cerrar la escena él se posó en su boca, quiso hacerlo suavemente pero ella de inmediato puso su lengua a disposición, mientras se besaban, yo la aparté del pelo y metí mi lengua en su boca, ¡dos vergas, dos bocas, dos lenguas, sos una hijueputa muy rica y muy de buenas! Le quité la venda, ella se quedó mirándome con los ojos preguntones y achicados, y luego lo miró a él ¡mucho gusto!, le dijo, soy Mary.
Me aparté tocándome la verga, ella se quedó mirándome mientras me sentaba siempre viéndola, y con mi chimbo agarrado con la mano derecha. Mientras tanto él a sus espaldas se desvestía del todo. La agarró por detrás, le dio media vuelta y le apartó el vestido completo y desabrochado que cayó justo en sus talones. Le pidió que se pusiera en cuatro en la cama, ella obedeció y levantó su culo porque sabía lo despampanante que se veía puesto así. Miró a la pared espejo de la izquierda y pudo ver la primera escena de la segunda parte. En primer plano ellos dos, ella en posición de gata estirando, él arrodillado desde el piso con la boca que empezaba a lamer sus caderas, y en segundo plano yo, con una sonrisita cabrona mirándola en sus ojos a través del espejo, ya desnudo del todo, con las piernas abiertas, dejado caer en el sofá, acariciándome la verga que se resistía a caer, de solo pensar lo que vendría luego.








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1 comentario
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login EntrarHola,me gusto mucho la primera parte de tu relato,algo asi quiero hacer para mi esposa,es exacto lo que quiero,dime como contactaste la persona,como planeaste todo,regalame detalles porfavor para hacer lo mismo,y tambien reagalanos la segunda parte saludos