Despertando
Relato de comunidad Hetero: Generalschedule 14 min de lectura calendar_today Noviembre de 2014

Despertando

Que ironías nos da la vida. Y yo daba claro ejemplo de ello.Hacia escasos 12 meses, luchaba por sacar adelante mi matrimonio, una hermosa relación de 8 años con Álvaro, mi esposo, que iniciamos los dos por allá en el 2006 y del cual mi hija Valentina, de 6 años, nos daba las razones sobradas....

julio08

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Contenido adulto. Este relato fue escrito por un miembro de la comunidad. Léelo solo si tienes 18+ y mente abierta.

Que ironías nos da la vida. Y yo daba claro ejemplo de ello.

Hacia escasos 12 meses, luchaba por sacar adelante mi matrimonio, una hermosa relación de 8 años con Álvaro, mi esposo, que iniciamos los dos por allá en el 2006 y del cual mi hija Valentina, de 6 años, nos daba las razones sobradas parasalvar lo que con tanto empeño habíamos empezado. Pero Álvaro, motivado por el cuerpo joven y terso de una joven caleña universitaria, se dejo llevar por la tentación masculina, y cayo en sus redes de engaño y mentira.

Ahora, 1 año después, allí sentada sobre ese cómodo sofá negro, a mis 35 años de edad, me di cuenta que era tiempo de pasar la pagina y mirar al frente.

Cumplía ya 3 meses de ser libre. Había dejado atrás las angustias y los afanes, y tristemente había dado fin a ese sueño que había iniciado en el 2006. Había pasado ya mis primeros 90 días como mujer libre, separada y dispuesta a salir adelante al lado de Valentina, esa personita que me motivaba a luchar el día a día.

Y si. También cumplía 3 meses sin disfrutar de las delicias de un orgasmo. Mi cuerpo y mi sexo llevaban a cuestas un largo y espinoso letargo del cual yo me había negado a salir. Hacia 90 días mi bien estrecho tesoro no probaba las delicias de una firme y masculina verga. Había pasado mucho tiempo sin permitir que mis moldeadas piernas se abrieran del todo para dejarme consentir por una apetitosa verga de ensueño. Todo por la tontería y en algunos casos mi inmadurez de aceptar que estaba libre de toda culpa y yo me merecía disfrutar a pleno de esta nueva etapa de mi vida.

Recién separada, y apenas se conoció que Álvaro y yo habíamos dejado atrás nuestra relación, varios de los amigos de mi ex, y algunos cercanos a mi, clientes del banco donde yo trabajaba, hombres casados, separados y solteros, me cayeron como chulos y aves de rapiña, escudándose en la perfecta excusa de invitarme a salir a almorzar o a comer, solo para proponerme terminar el rato en un motel. Claro indicio de que a mis 35 años, mi cuerpo, mi carisma y nuevo estado civil me hacían mas atractiva que nunca.

Lo se y lo admito. Tonta, boba, creída. Imagino que así ellos me llamarían cuando una y otra vez me les negaba a terminar la salida entre sabanas. Eso estaba a punto de cambiar.

-“Oye Marce… tienes suelto que me prestes? Nos hacen falta dos mil pesos”, dijo Pablo interrumpiendo mis pensamientos esa noche.

-“Si.. ahí en mi bolso tengo las vueltas del taxi…”, le respondí aun sentada en el sofá de la sala.

-“Ahhhh… eso si no… yo en cartera ajena no me meto”, agrego Pablo desde la puerta del apartamento, mientras el recibía el domicilio de comida china que habíamos pedido esa noche.

Me puse de pie y camine hacia la puerta donde el y el muchacho que hacia la entrega de la comida me esperaban. Aun, con el casco de moto sobre su cabeza, el joven, con su mirada perdida por el cansancio de un día agitado, no perdió un segundo en poner sus ojos sobre mi cuerpo.

Me sentí extraña.

Mientras abría mi bolso, y buscaba esos dos mil pesos que hacían falta, sentía perfecto como los ojos de Pablo y el joven del domicilio, recorrían mi cuerpo de pies a cabeza. Y no los culpo.

El ajustado vestido verde claro mostraba perfecto porque a mis 35 años de edad, era una mujer muy atractiva. Mis voluptuosos senos naturales sobresalían del vestido como dos apetitosos melones de ensueño, dignos para la lengua y las manos de un hombre. El delicado escote, atrevido y sensual, dejaban ver a simple vista las razones por las cuales, después de 8 años de matrimonio, mis pechos 36D no mostraban signo alguno de que esas tetas de ensueño pertenecieron a un solo hombre.

Mi cadera se lucia majestuosa y esos gorditos tiernos y ajenos, aquí y allá, me daban un toque mas especial y femenino. Orgullosa de mi parado y redondo trasero paisa, mis nalgas se lucían maravillosas bajo el apretado y sexy vestido, y sin lugar a dudas, llamaban y cautivaban poderosamente la atención.

El seductor vestido terminaba arriba de la rodilla, dándome un toque de distinción, elegancia, sensualidad, que bien complementaba con mis zapatos negros de tacón alto.

Durante esos 3 o 4 segundos de silencio, mientras mis manos sacaban los dos mil pesos de mi bolso, Pablo y el inocente joven dejaban recorrer sus ojos y sus sueños sobre mi cuerpo.

-“Mira… aquí están”, le dije al joven pasándole la plata.

-“Gracias señorita”, respondió el alabándome la edad y retirándose de la puerta, al mismo tiempo que Pablo la cerraba.

-“uyyy.. me dijeron señorita… que bien.. eso me gusta.. como se me nota la juventud”, dije riéndome mientras caminaba de regreso a la sala.

-“uff claro… es que con ese cuerpazo… quien se imaginaria que Marcela llevaba 8 años durmiendo acompañadita”, respondió Pablo de forma atrevida.

Me reí, mientras sentía tácitamente como la mirada de Pablo, caminando lento detrás mío, se posaba sobre mi trasero. Su comentario lo decía todo. Sabia que Pablo, ese gran amigo de Álvaro, mi ex, me tenia entre ojos desde aquel Domingo de ciclovia en el 2005 cuando el me lo presento, y Álvaro y yo aun estábamos de novios. Y en los pasados años, Pablo nunca perdió oportunidad de alabar mi belleza y las cualidades de mi cuerpo. Claro, lo hacia de forma decente al lado de Álvaro.Eso ya había cambiado.

-“Pero 8 años después, creo que no se me nota para nada”, respondí volteándome sorpresivamente hacia el.

-“… juzgando por ese vestido… parece que el guevon de Álvaro no fue capaz de ni siquiera ponerte las manos encima”, agrego el, dejando su mirada inerme sobre mi delicado trasero, con su cabeza agachada, llevando las cajas de comida china, sin importarle que yo me había dado cuenta donde tenia sus ojos puestos.

-“… y ya no lo hará… ahora le tocara a otro hacerlo… y no creo que solo me ponga las manos”, respondí sonriendo de forma picaresca.

Pablo guardo absoluto silencio. Solo dejo escapar un risa fingida, como si se hubiera molestado por algo, y entro a la cocina, mientras yo me sentaba de nuevo en la sala.

Las cartas estaban echadas. En el ambiente se notaba la tensión sexual por los comentarios pesados, salidos de tono y las miradas atrevidas de Pablo, así como yo me relajaba, y dejaba que las cosas se dieran, mientras aceptaba que mi cuerpo y mi carisma estaban causando estragos en uno de los mejores amigos de mi ex. Finalmente, Pablo no aguanto mas su angustia masculina y salió de la cocina con dos copas de vino. Sus ojos brillantes y su falsa sonrisa, me decían que algo que atormentaba su mente, estaba a punto de salir.

-“Un brindis por ti Marcela… por tu nuevo estatus…. para celebrar la nueva etapa que empiezas… y por envidiar a ese nuevo afortunado que va a descubrir en ti la hembrota que eres… y que de seguro te va a poner encima las manos y algo mas”, dijo Pablo sentándose a mi lado, pasándome la copa y descaradamente mirando como mi levantada y corta falda, exponía mas mis femeninas y torneadas piernas.

Le recibí la copa y los dos brindamos, chocando las copas mutuamente y sonriendo en silencio, mientras que el colocaba sus ojos sobre mi pronunciado escote.

Comprendí que era tiempo de cambiar mi actitud pasiva y Pablo seria el primero en vivirlo.

-“Cierra los ojos 30 segundos y pide un deseo.. ”, le dije sonriendo.

Pablo, aun con copa en mano cerro los ojos, riéndose, mientras que yo me ponía de pie.

Fueron los 30 segundos mas largos de mi vida. Mientras Pablo, inocente, pensaba y pensaba todas sus opciones, me solté el broche del vestido en mi espalda y deje que esa cremallera se abriera rauda y velozmente. El vestido verde cayo al piso en silencio, mientras que Pablo aun no abría sus ojos, sin llegar a imaginar siquiera lo que estaba a punto de ver en frente suyo.

Sin dudarlo, me agache y me arrodille en frente de el, colocando mis manos en la cremallera de su pantalón y Pablo, sorpresivamente reacciono, abriendo sus brillantes ojos y viendo como Marcela, la atractiva ex de Álvaro, estaba en frente de el, en ropa interior, esbozando a pleno el porque esas dos tetas de ensueño habían sido su aliciente sexual en estos pasados 9 años de sana amistad, desde ese soleado Domingo del 2005 en la ciclovia bogotana cuando el me conoció.

-“uy diosito lindo que es todo esto virgen santísima?”, dijo el, mientras que la cremallera de su pantalón se abría y con mi mano sacaba con dificultad su flácida verga.

Sin dudarlo un segundo, mi cabeza se poso sobre ese aun dormido león masculino, y me lo lleve a la boca con dificultad.

Luego fueron 10 minutos de gloria para los dos.

Terminaban ahí 3 meses de sequia para mi. Mamándole la verga a Pablo, descubrí el sabor salado y agridulce de su firme y grueso miembro. Tomándolo por sus pesadas y velludas guevas, y cadenciosamente chupándole esa cosota, arrodillada en frente suyo, era para mi de mucha satisfacción ver su rostro masculino de placer y complacencia.

Sus ojos brillantes se abrían y se cerraban repitiéndome una y otra vez lo bien que se sentía, ahí sentado, mientras la atractiva ex de uno de sus amigos, arrodillada en frente de el, le mamaba su verga.

Finalmente, Pablo me detuvo y con su voz firme me expreso su deseo:

-“Marcela.. regálame esas tetas de diosa”, dijo el poniéndose de pie, dejando que su pantalón cayera al piso al igual que su mojado bóxer.

Sonreí y cumplí su orden a cabalidad. Me solté el brassier y mis orgullosos melones quedaron libres de toda culpa, al mismo tiempo que coloque la firme verga de Pablo en medio de ellas, empezando a masajeársela.

Luego fueron 5 minutos de gloria para el.

Finalmente su rostro, transformado por la inmensa satisfacción y el profundo placer que le causaba ver y sentir como su erecta verga se sacudía, apretada allá en medio de mis voluptuosos senos, pasaron su factura. Bastaron escasos 20 o 30 segundos antes de que Pablo, con voz angustiada y entrecortada por la intensa excitación del momento, me expresara lo que tanto quería:

-“uy Marce… no se imagina cuanto tiempo soñando con esto... Diooooosssssitoooo……”, dijo el levantando la cabeza al techo.

Sin bajar mi cabeza, ya que sabia lo que estaba a punto de ocurrir, de inmediato sentí como fuertes y espesos chorros de caliente esperma cubrieron mis senos, mi pecho y mi cuello, sin quitarle un segundo la mirada a Pablo, mientras su verga, apresada en medio de mis tetas, explotaba vomitando chorros de fresca y masculina leche.

Durante esos 30 segundos, las guevas y la verga de Pablo me expresaron porque mis senos eran un sueño reprimido desde el 2005, dejando mis pechos totalmente cubiertos de su caliente y espesa lava.

Diez minutos mas tarde, me sentia flotar, me parecia que mi cuerpo no pesaba nada y vagaba sobre el piso inerme. Parecia que mi alma se separaba de mi cuerpo y vagabunda partia sin rumbo alguno, mientras que ese glorioso corrientazo orgasmico recorria mi cuerpo desnudo de pies a cabeza.

Que maravilla. Que delicia. Algo que ya extrañaba y que desde hacia 90 dias no lo vivia tan intensamente. Parecia que fuera mi primera vez.

Gimiendo como jovencita virgen recien desvirgada, y quejandome a grito pelado por ese increible orgasmo que raudo sacudia mi cuerpo, abri mis ojos con dificultad, para aterrizar de nuevo a esa escena de ensueño de la cual yo era protagonista.

Aferrada rabiosamente al espaldar del comodo sofa negro de la sala de Pablo, mis sudorosas manos resbalaban y casi no me podia apoyar de alli. Mi cabeza golpeaba generosamente contra el mismo, a la misma velocidad que el desnudo cuerpo de Pablo me castigaba con fuerza por detrás.

Desnuda y acomodada en cuatro, con mis rodillas apoyadas sobre el sofa, asi como cualquier hombre lo desearia, el cuerpo de Pablo tambien sucumbia y con su largo gemido me expresaba que después de 9 años de sana amistad, nuestra relacion pasaba ahora a un plano mas intimo y personal.

Las embestidas de Pablo y el vigor con el me que castigaba me hacian tocar el cielo. Su gruesa verga machacaba mi sexo y el roce de mi clitoris con su firme miembro me tenian enloquecida. Y nada mas agradable que escucharlo quejarse y gemir, al mismo tiempo que ese aplauso acuoso que producia su verga entrando y saliendo de mi empapado tesoro, llenaban la sala de su apartamento de un erotico sonido de complacencia mutua.

De inmediato, esa maravillosa impresion de penetrante ardor en lo profundo de mi vagina, se tradujo en una sensación de intenso y placido calor, como si algo la estuviera quemando en lo profundo de mis entrañas. Voltee la cabeza, para darme cuenta como Pablo, con su cabeza alzada hacia el techo deba gracias a Dios por ese momento sublime, que espero pacientemente por 9 largos años.

De nuevo, cerre mis ojos, mientras mi cuerpo seguia siendo sacudido, y senti perfecto como la verga de Pablo, atrapada en lo profundo de mi estrecho tesoro, explotaba vomitando esos poderosos chorros de fresco esperma, inundando hasta la saciedad mi bien necesitado sexo. Parecia que era su ultimo y mas oculto masculino secreto. Y mientras su verga eyaculaba esa poderosa y viscoza carga en mi tesoro, sus palabras no podian ser mas claras que nunca:

-“arghhh…. desde que la conoci ese Domingo en la ciclovia… con esas tetas y ese culazo tan ricos… siempre espere por este momento Marcelita…”, dijo el mientras sus manos sudorosas, aferradas a mi cadera, se deslizaban y acariciaban mis pesados pechos salpicados de su semen, producto de esa paja rusa que le hice después de mamarle su verga.

Asi, entregada a ese acto, la verga de Pablo descargaba esa noche su primer hirviente bombazo de semen en lo profundo de mi sexo.

-“Marcela… tu celular…eyyy... despierta!!”, me dijo gritando el Doctor Gomez.

Elevada, recordando segundo a segundo, lo ocurrido hacia ocho dias en el apartamento de Pablo, uno de los amigos de mi ex, el grito sorpresivo del Doctor Gomez, uno de los gerentes de banca corporativa del Banco y jefe directo mio, me despertaban de ese magico recuerdo.

Apresurada, riendome por encontrarme englobada pensando en esa encantadora noche de sexo que vivi con Pablo en su apartamento, el doctor Gomez, mi jefe, rompia mis agitados pensamientos, para avisarme que mi celular sonaba, all oculto en mi bolso.

-“Alo…”, conteste mientras el Doctor Gomez conducia su lujoso auto recorriendo las calles empapadas por la lluvia, de la Avenida Primero de Mayo en Bogota.

-“Si mi corazon... llegare tarde hoy… me demoro un rato porque tengo una reunion con unos clientes del banco”, le replique a mi hija Valentina las razones por las cuales su madre no llegaria puntualmente a abrazarla esa tarde de Viernes en casa.

Mientras charlaba con ella, el doctor Gomez, en discreto silencio, me observaba ahí sentada a su lado, viendo como su atractiva secretaria charlaba con su adorada hija. Finalmente llegamos al sitio acordado y despues de parquear el carro se bajo a abrirme la puerta como todo un caballero. Mientras abria mis piernas sutilmente al bajarme de su auto, observe de nuevo, como sin pena ni discrecion alguna, sus ojos recorrieron mi cuerpo de arriba a abajo. Mi corta falda azul y mi escotada blusa blanca habian sido su tortura durante todo ese dia. Y claro, al salir del carro, le di el chance de colocar sus maduros ojos sobre mi femenino cuerpo y por unos escasos segundos, ver un poco mas de lo normal.

Aun con mi hija Valentina al telefono, rehusandose a colgar y como necesitada de escuchar la voz de su adorada madre, caminamos por el pasillo y entramos a la suite 106.

-“Yo tambien te amo mi corazon.. mua”, le dije a Valentina, despidiendome de ella, finalizando la llamada y colocando mi celular sobre la elegante mesa de noche de la lujosa suite.

Me quede mirando el celular, observando la foto de Valentina en la pantalla del mismo. Me senti culpable de engañarla y haberle mentido, pero recorde que hacia 8 dias habia decidido darle un vuelco a mi vida, decision que en ese momento no me arrepentia. De pronto mis ojos se movieron a la derecha, para recordarme el porque estaba alli.

“Motel Acuario… Bienvenidos… Aceptamos todas las Tarjetas… Carta de Bebidas y Comidas”

-“Ay… Marcelita… llevaba 3 años y medio esperando esto… 3 largos años usted torturandome con ese cuerpazo… que alivio saber que esta ahora solterita y sin marido…”, se acerco a mi el Doctor Gomez susurrandome al oido, colocando su veterana mano sobre mi cadera y dejandola escurrir sutilmente sobre mi parado trasero, cubierto por esa atrevida minifalda azul que a el tanto le encantaba, acariciandome mis paradas nalgas.

Volvi a mirar mi celular, hasta que la foto de Valentina se desvanecio, y recorde que estaba alli, para disfrutar de mi libertad, y de paso entregarle al Doctor Gomez, mi jefe, algo por lo que el espero por largo tiempo.

-“Me das el honor Marcela?”, pregunto el de nuevo acariciendome generosamente mi pompis.

Me voltee y de inmediato el empezo a desabotonar mi blusa, como si fuera un niño descubriendo su oculto tesoro.

Que delicia ver como sus ojos maduros brillaron y en su mirada aturdida y nerviosa, se notaba que a sus 50 años, mi jefe, estaba a escasos minutos de hacer su sueño realidad, y yo de paso, sentirme de nuevo como una reina, con una apetitosa verga lista para atenderme como yo lo deseaba.

— julio08

17 de noviembre de 2014

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julio08

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Comentarios

1 comentario

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  • fermar
    fermar · 17 de nov de 2014

    Excelente relato, lleno de ritmo y erotismo. Saludos. FerMar

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