Voy por la calle, discretamente vestida. Tres muchachos que me observan desde el otro lado de la calle se movilizan hacia mí lanzando epítetos como: “vieja marica”, “te vamos dar lo que te gusta”, “Estas putas trans deben morir”. Me aterrorizo, no sé qué hacer, estoy paralizada.
De alguna parte sale un hombre que los enfrenta y salen corriendo. Se me acerca: “Estás bien?” me pregunta tomándome del brazo. “Estoy muy asustada” le respondo llevando su mano a mi pecho para que sienta mi corazóna mil. “Tranquila señora, está protegida, ¿Puedo invitarla a un cafecito?”.
-Sí, por favor, necesito sentarme… y gracias. Es usted una especie de ángel?
-Para nada, es que desde que la vi me pareció una mujer muy decente y muy bonita, y me encantaría que fuésemos amigos.
-Pues ya lo somos, joven amigo; soy Diana Caballero, activista sobre tema T de LGBTI, y tu nombre?
-Mauro, señora
-Diana
Habíamos caminado, siempre sostenida de su fuerte brazo, hasta la cafetería de la esquina. Entramos y elegimos una mesa en un rincón discreto. Un señor que parecía ser el dueño o administrador, se acercó con cara de pocos amigos y soltó de una: “Lo siento, no hay servicio para degenerados, por favor salgan del establecimiento”
Majuro se levantó y poniendo una mano sobre su hombro lo alejó de la mesa. Un minuto más tarde regresaron. El señor se disculpó totalmente sonrojado y exigió a la mesera de nuestra mesa, atendernos con prioridad.
-Uy Mauro, ¿qué le dijiste?
-Nada preciosa, que hay una ley antidiscriminación y que puedo hacer que le cierren su negocio. ¿Te sientes mejor ahora?
-No solamente mejor, me siento más protegida que el presidente.
-Bueno Diana, la verdad es que me gustas mucho y quisiera tener algo contigo
-Mauro, por favor, apenas nos conocemos y puedo ser tu abuela. Cierto es que eres un joven muy atractivo, pero no creo que…
-Tu eres una mujer mayor muy digna. ¿Acaso no te he respetado y no he hecho que te respeten?
-Si, querido, pero… no sé… no tengo relaciones con hombres y menos a la primera cita.
-Dianita, mi apartamento está aquí, a un par de cuadras. Vamos, te ofrezco algo espirituoso y conversamos… si aún te resistes, no hay problema, te escolto a tu casa o te pido un taxi. ¿Confías en mí?
-Como no hacerlo después de los que has hecho por mí. Vamos.
Su apartamento estaba en un quinto piso de un edificio de 12. Muy pulcro y ordenado para ser el de un soltero (no tenía argolla de matrimonio). Me recibió el bolso que colgó en un perchero a la entrada y me dirigió a la salita compuesta por sofá de 3 puestos, dos poltronas, mesa ratona y 2 mesitas laterales.
-Mira, por ahí está el baño, si lo necesitas; yo voy a ponrme un poco más cómodo y preparar tu bebida… Tengo vodka, aguardiente, whisky y ron. ¿Qué te sirvo?
-No tienes algo más suave como vino o cerveza?
-No, pero lo pido y mientras lo traen te preparo una cuba libre, OK?
Trajo el trago diciéndome. “Ponte cómoda, explora si quieres, ya vuelvo”
Ponerme cómoda era quitarme los tacones y las medias… Uuuu, qué descanso.
Mauro regresó descalzo vistiendo una levantadora china de seda y una loción sensacional, y sonó el citófono. “Tu vino, vino”, me dijo.
-Lindos pies, le dije; ve por mi vino que esta cuba me está prendiendo muy rápido.
Trajo la botella de vino blanco y una copa tulipán que llenó y se sentó a mi lado, de forma que sus piernas peludas quedaban expuestas.
-Quieres vestir como yo?Preguntó.
-Uuu, no sé… creo que sí
-Ve al baño, ahí dejé algo para ti
Otra levantadora igualita y unos tacones pescadera que me quedaron algo grandes. Al salir del baño le desfilé toda coqueta y pregunté
-Estos son los tacones de tu amiga?
-No, son míos
Reímos y nos abrazamos a las carcajadas, y de pronto sentí se mano en mi entrepierna agarrando mi pájaro y frotándolo
-Mauro, deja ya. Le dije, pero me hacía tan rico y me puso mi mano en su muy dura pija que tomé la suya, deliciosamente dura.
Dejó caer su bata e hizo lo propio para dejarme desnuda. Estábamos empelotos los dos, agarrándonos los pájaros y besándonos, de pies frente a un gran espejo. Me dio media vuelta y comenzó a frotarme su verga en las nalgas y en el culo. Me excité mucho le con mi mano le dirigí lsa pìcha al ojete y comenzó a metérmelo delicadamente
-Mételo papi- le pedí y lo hizo. Me clavó parada, desnuda y en tacones








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