La verdad no puedo decir su edad. Solo que la llevó una amiga a mi casa. Era su prima. La noche ya había entrado en su vejez y había invitado a mi amiga a tomar una crema de Whiskey y terminar en lo que fuera, porque con ella siempre terminamos quitando el telón de la vergüenza de nuestra cara, y poniendo el del disfrute. Solo que esa noche no pusimos telón.
Cuando la vi bajarse del taxi con su prima, toda idea loca se me fue de la cabeza. No sabía lo que me esperaba.
Dejamos que la prima de mi amiga decidiera que haríamos esa noche. Una película de terror, fue su veredicto. Nada sorprendente para una nena de su edad. Dudé en darle Whiskey, pero mi amiga insistió en que no había problema.
Definitivamente no puedo decir su edad, pero ya tenía los rasgos de una mujer más bien discreta en sus atributos, resultado de su figura menuda y con una bella sonrisa. No se despegaba del celular, otra característica infaltable.
Inició la película, poco me gustan las de terror porque ahora son muy malas, y auguraba una noche aburrida. Nos cobijamos los tres, yo a un extremo. Al momento nos dimos cuenta que ella estaba dormida, o así lo asumimos con mi amiga, mujer de ideas retorcidas como la de realizarme un sexo oral mientras miraba la cara de inocencia de su prima. Así fue. Mis ojos solo veían a una nena dormida, placida; y una cobija que se movía para arriba y abajo. Lo mamaba rico.
Mi amiga salió a mirar si todo andaba bien, yo le dije que de maravilla. No me lo creyó y descobijó a su prima, que andaba en minifalda para que mirara sus piernas ya queriendo tomar la forma definitiva. Mi amiga siguió el sexo oral y yo cerraba los ojos para imaginar cosas.
Por un momento sentí terror, pero no por la película, sino porque vi que la prima de mi amiga había abierto los ojos justo en un momento en que mi amiga realizaba sus más ágiles movimientos en mi falo erecto. No paré nada, solo la quedé mirando a los ojos tratando de contener el placer que abajo me daba mi amiga. No pude más y suspiré un poco. En ese momento ella se acercó y miraba con atención la algarabía allá abajo.
No puedo decir su edad, pero era curiosa y cuando mi amiga volvió a subir para mirar si toda estaba en su orden, una pequeña sorpresa se llevó, pero no pasó nada, solo sonrió, quitó la cobija y bajó sin más a seguir chupando. La prima se sentó diagonal a mi para seguir mirando el espectáculo. Miraba mis retorcijones, mis actos de placer y abrió sus piernas para que viera su ropa interior. Mi amiga dejó de mamar e invitó a su primera para que la acompañara en su labor. Esperaba una boca inexperta, pero lo hacía de maravilla. Sabía dónde pasar la punta de la lengua, como meterlo hasta el fondo y cómo ayudarse con las manos.
Mientras su prima me hacía un oral “inocente”, mi amiga se quitaba toda la ropa; hizo a un lado a su familiar y se sentó encima de mí para mover su pelvis. Mientras esta nueva chica se subió la minifalda, yo le estiré mi mano y se sentó en ella para que mis dedos hicieran lo suyo. No duró mucho y se paró para quitarse sus bragas y ponerse abierta en mi cara. Si, en mi cara, sin que le dijese nada. Me ofreció su vulva joven y mojada en mi cara. Disfruté tanto moviendo mi lengua y mis labios.
Se pusieron de acuerdo, no sé en qué momento, para cambiar de posición y la sentí sentarse. Definitivamente era diferente: más apretado y con un calor más vivo. Se movía de tal forma que me hizo quitar a su amiga de mi cara para poder verla: estaba tirada hacía atrás, mientras movía su pelvis. Mi amiga se hizo a su lado y ahí sus miradas se concentraron en mi: caras de placer inolvidables.
Las dos llegaron a la expresión del orgasmo y se encargaron del mío repartiéndose tareas: mi amiga masturbaba y su prima chupaba. Si, lo recibió en la boca. Por eso digo que no puedo decir su edad, era tan experta para su halo de inocencia que todavía la rodeaba.








Comentarios
1 comentario
Inicia sesión para dejar un comentario.
login Entrarque bonita familia, jeje bueno