Despierto poco a poco sintiéndome más mojada que nunca. Las suaves caricias de una lengua recorren lentamente mi ombligo dirigiendose hacia el sur.
Me toma un momento despertarme. ¿Sigo soñando?
Entonces lo recuerdo. Aún me tiemblan las piernas de todas las veces que tuvimos sexo e hicimos el amor anoche.
Él es insasiable, a veces siento que conoce mi cuerpo mejor que yo misma.
En los cinco segundos que me toma estar consciente de donde y con quien estoy, él avanza hasta que sus labios cubren lentamente mi clítoris. La lenta succión se hace cada vez más rápida y comienza a penetrarme con uno y luego con dos dedos. La sensación es increíble. Mis manos cubren mis senos y mientras él me masturba yo juego con mis pezones, apretandolos tan fuerte como me atrevo.
El me mira y sonríe. El sabe muy bien lo que está haciendo. Sabe que para mi el sexo nunca ha sido mejor, lo sabe, porque anoche no tuve más remedio que confirmarselo, mientras los temblores del tercer orgasmo que me dio en menos de una hora seguían recorriendo mi cuerpo.
Me mira fijamente y me ofrece sus dedos, el olor es increible, nunca he estado tan mojada como cuando este hombre me toca. Lentamente lamo hasta la última gota y no puedo evitar pensar en lo mucho que preferiría estar lamiendo otra parte de su cuerpo.
A estas alturas, me conoce tan bien que sabe perfectamente lo que estoy pensando. Su boca completa su recorrido desde mi clítoris hasta mi vagina, me mira y sonríe de nuevo y continúa bajando hasta que llega a mi ano.
Mi cuerpo se levanta de mi cama, cada vez que el hace algo nuevo para por un momento y me observa, analizando si me gusta.
“Esto es nuevo” le digo.
“Esto te gusta” responde y continúa besándome donde otros apenas se han atrevido a acariciarme tímidamente con sus dedos. Más de una vez me he preguntado si en ese cuerpo que le da tanto placer al mio existe siquiera un gramo de timidez. Dudar no es su estilo. Si algo no está funcionando, cambia de plan de ataque, pero nunca se detiene.
Mis piernas están temblando de nuevo. Siento su lengua penetrando lentamente mi ano y la sensación es tan diferente, tan única que mi orgasmo llega sin ningún aviso, sin necesidad de que me penetre o toque mi clítoris.
Lo siento cubrir mi cuerpo con el suyo mientras mi cerebro lucha por volver a la realidad. Me mira y sonríe “Esto definitivamente te gusta” y me besa. Su sabor está mezclado con mi sabor y no puedo evitar reirme un poco mientras pienso donde ha estado su boca.
“Ahora es mi turno” dice él. Entonces pone una rodilla a cada lado de mi pecho. Yo sonrío. Él está obsesionado con mis senos. El me mira, diciéndome con sus ojos todo lo que aún me quiere hacer, todo lo que está a punto de hacerme, y ese deseo incontrolable que solo el despierta en mi me hace querer hacerlo todo, dárselo todo.
El lubricante que aún no hemos usado está en sus manos, mientras lo miro, esparce una fría línea entre mis pechos, toma su pene y lo frota un par de veces.
“¿Preparada?” me pregunta.
“Siempre.” Le contesto.








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1 comentario
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login Entrarque rico relato, sigue escribiento, que erotismo, chao