Desde hacía mucho tiempo ella me gustaba y creo que yo también le gustaba a ella o por lo menos le llamaba la atención. Trabajábamos juntos en un laboratorio fotográfico, me gustaban sus grandes pechos, su boca carnosa y su gran sonrisa era una caleña hermosa. Muchas veces salíamos después del trabajo, nos gustaba ir a un bar por la 100 con 15 o a veces nos sentábamos afuera en las escalinatas, tomábamos unas cuantas cervezas y hablábamos de todo, nos reíamos de las cosas que me pasaban en el trabajo o rajábamos de los compañeros.
Ese fin de semana decidí arriesgarme, era un sábado lluvioso y salimos del trabajo con ganas de tomarnos unas cervezas pero yo quería cambiar de lugar, le propuse que nos fuéramos para el chorro de Quevedo y ella aceptó encantada. Tomamos un bus para el centro pero al llegar, menuda sorpresa, el lugar estaba completamente vacío, la llovizna fría había espantado a todo el mundo así que nos metimos en un pequeño bar en una casa colonial y pedimos un par de cervezas. Entre conversación de una cosa y otra, salió el tema de la marihuana, ambos la habíamos probamos alguna vez, y estando en el sitio donde se supone que es más fácil conseguirla quise comprar un poco, tal vez más tarde liar un porro, relajarnos y escuchar musica, en fin una noche relajada en el centro de Bogotá.
No quería dejarla sola pero pensé que no me iba a demorar, la deje con una cerveza mientras yo salía a buscar la yerba, pensé que sería fácil pero no lo fue. Como el lugar estaba desierto no le pude preguntar sino a unos cuantos jóvenes que están descampando debajo de un portón, pero no tenían. Me enviaron a donde unos artesanos que se hacían por el lado de la calle 19, me fui caminando bajo la lluvia y ya iba dejar el asunto así cuando me dio por preguntarle a un muchacho de mochila y pelo largo que se guarecía bajo el marco de una puerta y claro estaba fumándose un porro.
Fue muy amable y se expresaba bien, me dijo que no tenía, que se fumaba lo último pero que él sabía donde vendían y me acompañaba a comprarla, me dijo que se llamaba Leo. Su aspecto era muy sencillo aunque algo descuidado pero no me pareció peligroso, me comentó que estudiaba en la universidad distrital y que vivía por los alrededores. Así fuimos caminando por la Jiménez hasta bajar a la décima y luego hasta la caracas, cuando me vi llegando a tremendo sector le dije que mejor dejáramos así, que le daba algo por acompañarme pero que yo me devolvía, Leo insistió, me dijo que mientras yo estuviera con él nada me iba a pasar, igual ya estábamos a cinco minutos, cinco minutos que me parecieron eternos. La caracas hasta la calle 10 después de las 9 de la noche puede ser un sitio aterrador. ¡Hasta donde había llegado por un poco de yerba!, sin embargo Leo me daba seguridad y me seguía hablando para hacerme sentir más tranquilo, aunque noté como él también apretó el paso y miraba vigilante para todos lados.
Al llegar al parque del voto nacional ya sabía a dónde nos dirigíamos; la calle del Bronx, el lugar más peligroso de Bogotá. Llegamos a donde empieza la famosa calle L y por todas partes habían indigentes, sombras que se arrastraban y nos miraban como si fuéramos seres de otro planeta y en cierta forma así era. La calle estaba oscura como la boca de un lobo y también olía igual. —Hasta aquí llego -le dije a Leo, no iba a entrar por nada del mundo y me vio tan decidido que no me insistió, me dijo que lo esperara que no se demoraba nada. Lo vi adentrarse en aquella obscuridad de aquel callejón, mientras que a mí me rodeaba un muro de caras descompuesta y ojos vidriosos, ninguno me pedía dinero solo me preguntaban que andaba buscando, cuando les dije que yerba uno de ellos rápidamente sacó una bolsita y me dijo —Dos mil pesos -saqué el primer billete que encontré en el bolsillo (que era de cinco mil) y se lo entregue, le dije que dejara así, otro indigente de los que estaban allí le rapó el billete en un instante y me dijo que me lo descambiaba y que le diera la liga, y ahí entre los dos se agarraron, los otros al ver mi cara de asustado me empezaron a pedir plata, uno de ellos se levantó la sucia chaqueta y me mostró el mango de un gran cuchillo de cocina. Sabía que estaba perdido, sin tiempo para pensar lo único que se me ocurrió fue dar la vuelta y salir corriendo, cuando iba en la mitad del parque del voto nacional me di la vuelta y vi como a lo lejos venían como cinco de esos “Zombies” que corrían hacia mí, volví a correr esta vez más rápido hasta llegar a la caracas y paré un taxi que pasaba justo en ese momento, casi sin poder hablar le pedí al conductor que me llevara al chorro de Quevedo. Tal sería mi cara de asustado que en menos de cinco minutos ya estaba allí.
Al llegar al bar, pensé que no la encontraría, pero no fue así. Allí estaba, sola en la mesa donde la deje, esperándome. La alegría cuando me vio fue emotiva, no le quise contar todo lo que había pasado, solo quería un gran sorbo de cerveza para mi reseca garganta.
Salimos del bar y compramos unas cervezas en lata para llevar y caminamos hasta mi apartamento que quedaba a tan solo unas cuadras. Las calles estaban vacías y la lluvia lo empapaba todo.
Al llegar a al apartamento me sentí aliviado, coloque música y bebimos, nos secamos, nos quitamos las chaquetas y saque la pequeña bolsita, vertí el contenido sobre la mesa en un papel, luego de molerla un poco, desocupe el contenido de un cigarrillo y lo llene con la yerba, prendí el porro y ambos le dimos un par de caladas.
Al estar ahí sentí que todo valió la pena, la música, el momento y ella… Jugaba con un bombón en la boca, esa que deseaba desde hace tanto, —¿me das? Le pregunté insinuante, mirándola a los ojos —Toma -me acerco la chupeta, —No. Directo de tu boca -le dije atrevidamente, me acerque desprendido de todos mis temores y en un apasionado beso nuestras lenguas se enroscaron en una dulce y cálida lucha, note de inmediato como una erección se levantaba evidente debajo de mi pantalón. Sabía que lo peor había terminado, que ahora solo quedaba recorrer el paraíso de su cuerpo ardiente…
Caímos sobre el sofá en un beso largo y apasionado, el sabor del dulce está en su boca y en la mía, en su cuello y detrás de sus orejas, la beso por todas partes y ella sonríe complacida.
Busco por debajo de su blusa y siento la tibieza de su piel, acaricio sus enormes senos, los quiero lamer. Le quito su blusa pero no puedo desabrochar el sostén, ella me ayuda y sus senos quedan al aire, espléndidos, esperando a ser acariciados, me lanzo como un loco y chupo sus pezones hasta que se ponen duros, paso de uno al otro frenético, feliz como hacía mucho imaginaba. Ella estira sus manos y desabrocha mi pantalón, ya mi erección se hace evidente, le lleno el cuello de besos y voy bajando hasta llegar hasta su abdomen, desabrocho su jean y bajo la cremallera, tiene unas tangas de color blanco, estoy tan excitado que quiero penetrarla allí mismo en el sofá, pero me detengo y la beso un poco mas, nuestras lenguas se enfrascan en furiosa lucha. Caminamos hasta caer en la cama y nuevamente recorro su cuerpo con mis besos, me quito el pantalón y lo que me queda de ropa.
Las sensaciones se multiplican y la relajacion es total, nos sentiamos relajados pero con ganas de devorarnos, Con las dos manos le retiro su jean y sus piernas se muestran deliciosas, la contemplo sobre la cama vistiendo solo sus pantis y su cuerpo color canela me fascina. Me inclino hacia su sexo, quiero quitarle las tangas pero por alguna razón ella no quiere, aprieta sus piernas con fuerza pero no me dice nada. No me enojo, ni le fuerzo, solo la beso por encima del panty. Paso mi lengua sobre la tela de encaje una y otra vez con fuerza sobre el bultico que hace su clítoris y siento como poco a poco su vulva empieza a humedecerse. Corro con mis dedos su panty hacia un lado y al ver su hermoso botón expuesto me lanzo sobre él con todas las ganas del mundo y le castigo con un fuerte lengüetazo, ella lanza un gemido de placer — ¡Que rico! —me dice con una sonrisa de satisfacción y automáticamente sus piernas se abren como las puertas del paraíso, sigo un rato mas chupando y lamiendo su sexo frenético pero esta vez introduzco un dedo dentro de tu vagina, luego el segundo y mientras trabajo con mi lengua sobre su clítoris, mis dedos entran y salen con rapidez. –¡!Huy que delicia!! Me dice Esta muy excitada, sus fluidos escurren por tu entre mis dedos y su olor es delicioso.
Escupo sobre mi mano y ensalivo mi verga que la siento caliente y respinga furiosa, le doy unas cuantas jaloneadas con fuerza y es imposible que se me ponga más grande, la quiero penetrar pero sin quitarle las tangas, muy despacio introduzco la roja cabeza dentro de ella y empujo despacito pero hasta el fondo, su cara hace un gesto como de dolor, retiro mi verga pero sin sacarla toda y luego vuelvo nuevamente a empujar pero esta vez con más fuerza, sigo así y al cabo de unos minutos la estoy clavando con una fuerza impresionante, ella solo gime y me entierra las uñas en los brazos.
Las sensasiones se multiplican con el efecto de la Ganja, Luego de un rato siento que voy a explotar y cambio de pose, ahora es ella quien se quita las tangas y la acomodo para que quede en cuatro, vuelvo a salivar mi verga que está muy caliente y penetro su delicioso coño que escurre de placer, esta vez se la hundo toda de una y ella pega un pequeño grito, la agarro de su largo cabello y le doy un vuelta sobre mi mano, la jalo del cabello y comienzo a penetrarla esta vez con furia, no duramos ni cinco minutos porque a ella le está llegando hasta el fondo, se queja que le duele y paramos. Me acuesto sobre la cama y ella es ahora la que me cabalga, al principio se mueve suave, disfrutando el momento, se hecha hacia atrás y hacia delante moviendo su cadera, yo le agarro sus pechos enormes y acaricio su delicioso trasero que no para de moverse, no sé cuánto tiempo duramos así, pero ella no quiere bajarse, me cabalga como un caballo salvaje y cada vez se mueve más deprisa, se mueve de forma desenfrenada y luego de un rato suelta un gemido —me voy a venir —me dice sin dejar de moverse, yo me aferro hacia su cuerpo y chupo sus colosales tetas mientras que la clavo de manera bestial, quiero llegar al mismo tiempo y le hundo mi verga de manera frenética, —¡HHAAAAAAAA! estallamos en un grito compartido y siento como mi leche le llega hasta lo más profundo de su ser.
Caímos como muertos, empapados en sudor, un coctel de olores deliciosos, de caricias tardías. Dicen que hacerlo con algo de Cannabis es lo mejor que hay, por mi parte nunca lo había hecho de esa manera pero me gusto, estuvimos todo el fin de semana juntos, fue impresionante. El lunes siguiente al llegar a trabajar nuestras miradas se cruzaban maliciosas. Meses después cambiamos de trabajos y dejamos de hablarnos pero nunca me olvidaré de aquella vez, no lo he vuelto a hacer pero es una experiencia que con gusto repetiría.
FIN








Comentarios
0 comentarios
Inicia sesión para dejar un comentario.
login Entrar