Un usuario de Guía había ofrecido organizar una orgía en una finca cerca de Calima-Darién. Yo decidí inscribirme y él me aceptó solo por dos razones: 1. Porque ya había participado en un gang bang organizado por él y 2. Porque una de las chicas que iba le pidió que me aceptara.
Bueno, no voy a contar las peripecias, sólo las cosas chéveres. Asistieron varias parejas: unas cinco o seis, tres damas solas y cuatro o cinco hombres solos. Nunca se pudo romper el hielo, aunque los anfitriones lo intentaron proponiendo juegos. Las parejas estaban tímidas. Sólo se logró romper un poco cuando una de las chicas solas salió al ruedo desnuda, pidió vergas para mamar. Salimos tres hombres dispuestos a darle gusto, uno de ellos había ido con un hembrón bien rico, alta y sensual, muy putilla. El señor le puso su verga parada en la boca de la chica y ella sin pensarlo la degustó dando lenguetazos, succionandola de arriba hacia abajo y visceversa. Yo me uní y le puse también mi tranca en su boquita golosa y ella, ansiosa, mamaba con placer. El otro hombre le acariciaba el culo y la cuca. Así estuvimos un tiempo hasta que decidí culearmela. Me puse el condón y arremetí en ese chocho húmedo y caliente. Las demás parejas animaban, pero nadie más se atrevió, hasta el punto de que una vez terminada la culeada y la mamada increible de la chica, ninguna pareja se desvistió o siguió el culeo por su cuenta. Así, estábamos muy aburridos.
Todo el tiempo yo miraba a la mujer del hombre que se había atrevido conmigo a picharse a la chica sola. Le decía piropos cada que pasaba y ella sonreía, pero no pasaba nada. Estaba vestida -qué digo, semivestida- con una trusa que dejaba al aire sus tetas provocativas. A cada rato iba a la piscina a bañarse, pero no pasaba nada.
A determinada hora yo decidí irme a dormir en un camarote destinado para ello en un cuarto que compartía con dos parejas, una de ellas la del hembrón que les comento. No podía conciliar el sueño. Cuando ya lo estaba consiguiendo, escuché un ajetreo, gemidos. No era en la habitación, era en la sala. Rápidamente bajé y observé al hembrón, a su marido y al dueño de la finca. El tipo le estaba brindando una lamida a su concha, mientras el marido le ponía la verga en la boca. Ella, toda puta, se revolcaba de placer. Yo pedí permiso y el marido asintió. Entonces ocupé el lugar del dueño de la finca, me arrodillé ante el bombonsote y su crica abierta para el placer. Abrí su vulva rica y metí mi lengua. La lamí, succioné, buscando su clítoris, haciéndolo crecer, mientras la muy perra gemía y se metía más la verga de su marido en su boca de mamona y mientras masturbaba con una mano la polla del anfitrión. Yo le dí lengua hasta que anunció su corrida. La hembra se corrió a chorros, inundó mi boca, la comisura de mis labios y mi mentón. Yo absorbía, chupaba, metía mis dedos inquietos para que ella no terminara tan rápido su orgasmo. La muy puta decía: "uyuyuy qué ricura de lengua, dame, dame, me vengo, ay jueputa me vengo" y estalló deliciosamente. El marido me hizo una señal para que así como estaba la montara. Busqué un condón y la penetré, mientras nuestros labios se juntaban apasionadamente y mientras los otros dos hombres la acariciaban toda. Yo no sólo la besaba morbosamente buscando su lengua y ahogando sus gemidos, sino que chupaba sus tetas maravillosas. Ella estaba encantada, se movía la puta con gran delicia, sus caderas rotaban y hacían que mis movimientos también se aceleraran.
Le dí clavo duro y por harto rato, pues tengo una cualidad (defecto dirá otros) y es que no me vengo rápido, soy bien demorado para correrme, lo que me permite recibir varios orgasmos de las damas antes de yo terminar. Ella se revolcaba, decía vulgaridades, se aferraba a la verga de su marido y a la del dueño de la finca. Cambiamos de posición, ahora ella me cabalgaba, sus movimientos eran tan fuertes y era tanta su arrechera que golpeaba sin compasión mis testículos, se lo metía hasta el fondo, mientras su viciosa boca de mamona me besaba, quería arrancarme los labios. Tremendo polvo esa mujer, tremendo hembrón.
Descansamos un rato. Su marido me pidió que fuera al cuarto y buscara unos consoladores que tenía. Ella me pidió: "por favor trae el más pequeño". Pero yo, pervertido, escogí el más grande, tremendo animal, lo ensalivé y se lo metí todo en la cuca, mientras mi lengua recorría con morbo su gallito erecto y mientras le sobaba el culo con uno de mis dedos. Sus tetas eran atacadas por los dos hombres y además su boca era ocupada por sus vergas. La putita no pudo más y se vino a borbotones, amplia y generosamente, inundando los bordes del consolador. Yo lo saqué rápidamente y busqué con mi lengua los fluidos deliciosos que emanaban de tan caliente chocho, me los bebí íntegros. La hembra temblaba toda. Entonces fui a buscar su boca para compartir con ella la mezcla de mi saliva y de sus propios líquidos, ella con los ojos entrecerrados de placer me besó y me repetía "qué polvote mi amor, qué rico". De esa manera lo que parecía una fiesta aburrida, se convirtió en un tremendo culeo.
Preciosa, donde quiera que estés, siempre recuerdo ese ardoroso encuentro. Y pienso que así si vale la pena vivir la vida.








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