Flor
Relato de comunidad Fantasíasschedule 10 min de lectura calendar_today Mayo de 2015

Flor

Les comento que no soy de Colombia, pero todo lo que sigue es verdad, solo los nombres están cambiados. Muchas Gracias por leer. I Cuando conocí a Flor, ella tenía unos 33 años y yo 27, trabajábamos en la misma área de una empresa aunque en diferentes funciones. Flor era una crespa de pelo....

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Les comento que no soy de Colombia, pero todo lo que sigue es verdad, solo los nombres están cambiados. Muchas Gracias por leer.

I

Cuando conocí a Flor, ella tenía unos 33 años y yo 27, trabajábamos en la misma área de una empresa aunque en diferentes funciones. Flor era una crespa de pelo negro, tez clara y ojos café como de 1,70, recuerdo que sus tetas eran enormes, cintura apretada, abdomen plano y buenas caderas, aunque su culo era un poco plano. Si bien al comienzo no hubo tensión sexual de ninguna clase, dentro de una reorganización de la empresa, terminamos trabajando juntos. Ella debía asistirme comercialmente y nos quedábamos hasta altas horas de la noche trabajando, y muchas veces, y con verdadera inocencia, yo masajeaba sus hombros para aliviarla de las extenuantes jornadas, a lo que ella en general respondía simplemente cerrando sus ojos. Un viernes cualquiera, se organizó un almuerzo en nuestra área para celebrar el cumplimiento de metas, por lo que fuimos a un restaurant del centro, donde hubo comida y bebida en abundancia. Al terminar, invité a mis colegas a mi departamento que también quedaba en el centro, pero sólo Flor aceptó a seguir la juerga. Recuerdo que entramos al apartamento, yo puse alguna emisora de radio, y ella se sentó en un sillón rojo de cuero de tres cuerpos que tenía, mientras yo me dedicaba a servir un par de tragos. En la segunda o tercera ronda de tragos, al acercarme a ella, dejo su trago en la mesa de centro, y hago lo que siempre hacía en la oficina, ahora sí con segundas intenciones: le comencé a dar un suave masaje en sus hombros, pero esta vez ella respondió tomando mi mano y succionando uno de mis dedos, a lo que mi mano respondió colándose dentro de su blusa y bajo de su brassier pellizcando suavemente uno de sus pezones, Flor se incorporó, y me beso muy rico, con mucha lengua y saliva, yo la tomé por la cintura y me la llevé a la habitación… recuerdo como nos desnudamos mientras nos besábamos y dejé al descubierto el hermoso cuerpo de Flor, sus tetas divinas de pezones rosados, sus piel blanca como el papel, esas caderas que contoneaba al caminar, y una vagina que me quería devorar cubierta con rizado vello púbico. La tiré sobre la cama, y la penetré sin siquiera ponerme el condón. Con tanto trago en el cuerpo le di verga durante mucho rato, con todo lo que tenía, mientras observaba como sus grandes tetas se balanceaban al ritmo de mi estoque, al poco rato le di vuelta y le empecé a comer el culo, meterle la lengua en el ano y la concha que la tenía bien abierta y rosada tanto meterle la poronga: “¿Ha pasado alguien por este culo Flor?” le pregunté. “No papi. Pero es tuyo para que hagas lo que quieras”, me respondió. “Esperaré a que te vengas para clavártelo” le dije. Sin embargo, al poco rato de seguir machacándola con mi verga en esa vagina carnosa y mojada, se me vino el trago a la cabeza, y me empecé a sentir mal, por lo que salí corriendo al baño a devolver todo. Al salir, Flor ya se había vestido y estaba lista para marcharse: “me voy a mi casa” dijo simplemente, tomó sus cosas y se fue.

II

Luego del mal término que tuvo nuestro encuentro ese viernes, esperé el más terrible reproche el día lunes en la oficina, lo que no sucedió, solo dejó una nota sobre mi escritorio que rezaba simplemente: “me debes”, por lo que llamé a su anexo, y le dije que fuera el día siguiente a mi apartamento, pero con la vagina rasurada. Se rio algo incómoda y me dijo OK. El día martes estuve con la verga goteando líquido pre seminal todo el santo día, pensando en las barbaridades que le haría a esa pobre Flor. Recuerdo que ese día salimos relativamente temprano del trabajo, yo me fui directo a mi hogar a ordenar y asearme, mientras ella se dio un par de vueltas, para que no nos descubrieran en la empresa. Al poco rato suena el timbre de mi apartamento, y entra Flor, la recibo con un beso en la mejilla y la hago pasar, nos sentamos en la mesa de la cocina y tomamos un café mientras hablábamos un par de estupideces, y al terminar mi café me pongo de pie, hago el rodeo hasta su lado, bajo la cremallera de mi pantalón y ubico mi pene, flamantemente lavado y duro como piedra, frente a su cara, ella lo toma y me lo empieza a mamar suavemente. A mí me gusta que me la chupen bien, con ganas, no esas cosas suaves, por lo que la tomé de la cabeza y le clave la verga hasta la garganta, ella abrió su boca mientras movía mis caderas hacia adentro y afuera mientras ella se babeaba en mi pene. Luego de unos minutos así, la tome de un brazo y la llevé a mi habitación, la tiré con fuerza sobre la cama y le arrebaté con furia sus pantalones, le bajé la tanga y quedó a mi vista su vagina, hermosa, y según lo solicitado por mí depilada y reluciente, metí mi cabeza entre sus piernas y empecé a succionar su clítoris, mientras ella se revolcaba de locura en la cama. La tomé firme de las ingles y le seguí comiendo la concha hasta que una gran cantidad de flujo de sabor agridulce inundó mi boca, así que le seguí succionando el clítoris, mientras alternaba mi lengua en punta entrando en su vagina mojada, hasta que consideré que su orgasmo hubo terminado. Me puse de pie para sacarme toda la ropa, mientras ella, todavía agitada, me decía: “nunca me habían dado un orgasmo oral como ese”. Con el ego por las nubes me tiré sobre ella y le empecé a meter el pene mientras que le sacaba la blusa y el sostén. Al rato, me puse yo debajo de ella y empezó a cabalgar sobre mi pene como si el mundo se fuera a acabar, pasó una pierna por encima, y siguió cabalgando mi poronga, pero esta vez dando su espalda a mi cara, con lo que aproveché de masajearle las nalgas y meter mi dedo índice en su ano, el que ella forcejeaba por sacar, así que me incorporé sobre la cama, y estando ella todavía clavada en mi verga, la di vuelta y comencé a bombearle su concha hasta que se vino una vez más, y como tenía una promesa pendiente, una vez que se vino, saqué mi pene mojado desde su vagina, y sin decir nada la enculé suavecito: “¿es mío cierto?” le dije con mi glande en su ano, a lo que ella respondió, con sus ojos y dientes apretados: “puedes hacer todo lo que quieras”, con lo que me sentí libre de culiarla a mi gusto, de forma que se la clavé hasta el fondo y empecé a taladrar su ano como un salvaje, mientras ella clavaba sus uñas en mis muslos, chillando suavecito. Su ano era exquisito, virgen, tan apretado que si le dejaba la verga metida hasta la mitad, me dolía un poco, pero cuando la clavaba hasta las bolas, era la mejor sensación del mundo. En eso, sintiendo como mis huevos golpeaban su concha mojada, como su ano apretaba mi verga, como una de mis manos apretujaba esas tetas divinas, mientras que con la otra la masturbaba, no aguanté más y eyaculé toda mi carga de semen en su ano, como seguía como un demonio, me fui al baño, lavé mi pene aún endurecido de los restos de su culo, y mientras Flor se quejaba un poco por su culo maltrecho, le metí el pene en la boca para que me lo siguiera chupando, y se tragara el resto del semen que me salía aún de la polla. Luego de un respiro, y tomarnos una soda, empecé a besarla suavemente, mientras le metía los dedos en la vagina para masturbarla, lo que nos puso muy calientes, la tomé, la puse de pie junto a la venta que daba vista a la ciudad, y me la folle una vez más, cuando estaba por acabar, le volví a meter el pene por el culo, así, de pie junto a la venta, lo que ella acompañó de un gemido de dolor y placer, y mientras sobaba sus tetas me vine una vez más en su culo… ya había caído la noche y ella debía volver a su casa, se dio una ducha, se vistió y se fue. El día miércoles me dejo una nota en mi escritorio, que esta vez decía: “Por tu culpa no me pude sentar en el metro”.

III

El acuerdo con Flor era que lo nuestro sería sólo sexo, y así fue durante varios meses. Le gustaba, después de que se lo pedí la primera vez, mantener su vagina lampiña, muy depilada, me confesó que le gustaba mirarse como una actriz porno en el espejo, y además así sentía mejor los orgasmos. Recuerdo especialmente una tarde en que llegó a mi apartamento después de la jornada laboral, en una falda entallada gris y una blusa blanca, entró y se sentó en una silla del comedor, me quedó mirando y me pidió que me acercara, tomó mi cinturón y lo abrió, y luego ¡¡Rompió los botones de mi pantalón!! Sacó mi verga y se la empezó a comer agresivamente, mi respuesta fue ponerla de pie, apoyarla contra la mesa, subir su falda, correr su diminuta tanga negra, y penetrarla, sin decir nada, sin mirar, sin apuntar, simplemente clavarla donde cayera mi verga: cayó en su culo. Por algún motivo que desconozco, mi verga siempre encontraba su culo, no importaba la posición, recuerdo que muchas veces, la penetraba a lo misionero por el culo, y me fascinaba ver en esa posición cómo le escurría el culo mientras la penetraba analmente y la masturbaba con mi mano, cómo su ano se volvía un anillo de carne que apretaba mi verga, o cómo mi verga salía y entraba espumosa de su culo mientras la culiaba rico. La última noche que follamos me avisó en la tarde que me tenía una sorpresa, por lo que mi mente la violó toda la tarde hasta el final de la jornada. Al llegar a mi casa, Flor venía como si nada, entro directo a la habitación y me preguntó si podía usar el baño, a lo que por supuesto accedí, y al pasar por mi lado me dice: “prepárate” y cerró la puerta. Con esa sola palabra saqué mi ropa y la esperé desnudo sobre la cama, ella al salir, tenía un atuendo de enfermera, con una falda blanca que apenas cubría su culo, un sostén que dejaba ver sus pezones, Pantys blancas de malla y unos zapatos de tacón blancos. Ella toda, y en especial su culo, enfundado en esa malla, se veía como el de una puta muy rica, y me volví loco, la besé, le comí los pezones que asomaban pos su sostén, me hinqué para comerle la vagina y así hincado le di vuelta para lamerle el ano, recuerdo el 69 que hicimos como le metía dos dedos en su ano al tiempo que le metía la lengua en la vagina mientras ella me comía el pene, completo, hasta la base, sintiendo su garganta en mi glande. Recuerdo que aquella oportunidad le di duro, con todo lo que tenía, su ano y su vagina quedaron rojos de tanto penetrarla, y me acuerdo que al final, junto antes de eyacular, le pido que se hinque y le eyaculé la cara con una enorme cantidad de semen. Con el tiempo, Flor rompió nuestro acuerdo, ya no era sólo sexo, sino que ella quería una relación que yo no podía darle, pero se rehusaba a terminar con lo nuestro, por lo que empecé a dejar de lado nuestros encuentros, pero ella insistía en aparecer, en seguirme, hasta que un día apareció en mi apartamento, recuerdo que yo estaba solo, la jalé de un brazo hacia adentro, la puse sobre la mesa y le empecé a dar por el culo, mientras le decía que era una puta, una ramera que sólo le interesaba mi dinero. Ofendida, se fue para nunca más volver.

— hans-chinasky

14 de mayo de 2015

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hans-chinasky

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