Fue un día normal en la fábrica, los problemas cotidianos con los colaboradores, con los proveedores y hasta con el jefe; proyectos atrasados, suministros que no llegaron a tiempo y la típica cadena de retrasos en toda la producción. Me encontraba en mi oficina, la cual queda en un mezanine, en un segundo piso, que permite visualizar todo el piso de la metalmecánica en la que trabajo. Mientras lleno unos reportes de entrega final de partes para un cliente, suena el teléfono:
- Ingeniero buenas tardes, habla con Sofía de personal; es para comentarle que don Alfonso (el dueño), necesita que Usted le haga una entrevista a un posible candidato, hijo de un amigo que acaba de terminar ingeniería y él quiere contratarlo como pasante en la fábrica.
Que puede uno decir al respecto? Claro Sofía, pues nada, dígale a alguien que la traiga para mi oficina y procedemos. Lo primero que se me vino a la mente fue “que mamera” otro endoso del jefe, pero al final él es el dueño de la fábrica. Pasaron unos 20 minutos y mientras yo seguía concentrado en mis informes, los ruidos típicos de la planta pararon, dejaron de sonar las pulidoras, los taladros hasta los equipos de soldadura y los típicos golpes de los mecánicos en latonería cesaron, así que me asome por la ventana y la mayoría de los empleados estaban mirando hacia las escaleras de mi oficina y obvio al verme regresaron a sus labores, fue algo así como la calma previa antes de la tormenta. A los pocos minutos sonaron unos “toc…toc” en la puerta, levantándome para hacer seguir al candidato. Al abrir la puerta me encuentro de frente con una mujer espectacular: negra como el ébano, con ojos negros también, una boca carnosa con pintalabios de color rojo y una dentadura perfecta.
- Buenas tardes, el ingeniero Oscar? Dice ella, mi nombre es Samara y vengo de parte de don Alfonso para una entrevista.
- Claro, buenas tardes, por favor siga.
Wau, por unos momentos no pude quitar mi vista de esta mujer, debe medir unos 170 cm de estatura, delgada pero esbelta, llevaba un pantalón de color negro que resaltaba perfectamente sus curvas, sus piernas y sí ese triángulo de la entrepierna, el cual no pude evitar admirar. Vestía también una camisa de color blanco semitransparente que dejaba entre ver un brasier de color rojo con encajitos alrededor, se adivinaban unos senos paraditos, turgentes, no muy grandes pero suaves y duritos. Su cabello, también negro, totalmente lizo y largo hasta la cintura. La salude de mano, solo para sentir el tacto de su piel y ella me saludo con un beso en la mejilla y una sonrisa que ilumino el resto de la tarde. Le pedí que acercara una silla al escritorio, solo para deleitarme con la vista de su trasero mientras iba a recogerla, uff…que delicia en el borde del pantalón se dejó ver un calzón con encajes también de color rojo. No pude evitar que se iniciara una erección entre el pantalón. Ella es caleña, pero al terminar la universidad tomo la determinación de venir a Bogota a buscar trabajo, 24, casi 25 años, la mayor de la casa, vive con un tío, mientras se organiza en la capital, dejó al novio en Cali, hizo pasantías en una empresa de Cali en noveno semestre y en fin todas la preguntas que generalmente se hacen en este tipo de entrevistas. Esta niña hablaba con seguridad y determinación y yo no podía evitar mirar esos labios carnosos imaginándomela en un plan diferente. Nuevamente suena el teléfono, pero esta vez es el jefe para regañarme por no estar en la reunión de producción en su oficina (y aquí caigo en cuenta que las demás personas no están en mi oficina), a lo que le respondo que estoy en la entrevista que él solicito y que aún me demoro un poco más. Por lo menos me gane una hora más para disfrutar de mi entrevistada. Le pregunto por su relación con don Alfonso y me cuenta que es un amigo de su padre de toda la vida, pero también me dice que siente que él es algo morboso cuando la mira y la verdad a mí me da un poco de risa y atino a decirle que ella es muy hermosa y que como hombre uno no puede evitar el mirarla. Para mi sorpresa me dice que es diferente cuando yo la miro, porque no le incomoda y hasta le gusta (hummmm, que contiene esto), por instinto, quizás, le tomo las manos que ella tiene sobre mi escritorio y noto que está sudando un poco, la atraigo hacia mí por encima del escritorio y le robo un beso de esa boca carnosa, con los ojos cerrados lo único que siento y escucho es mi corazón latiendo desenfrenado: espera, y si sube alguien; voy hasta la puerta y la aseguro (por lo menos contamos con unos 40 minutos hasta que terminen la reunión de producción), al regresar hacia mi escritorio Samara no despega la vista del bulto de mi pantalón y al acercarme me dice: uff se te ve súper apretado ese bulto, así lo pusiste tu desde que llegaste a esta oficina; la hice sentar sobre mi escritorio al frente de mi silla y nos fundimos en otro beso apasionado, pero esta vez mis manos dieron rienda suelta a acariciar sus caderas subiendo por su espalda hasta encontrar el cierre de ese brasier para retirarlo y dejar en libertad a esa téticas hermosas de las cuales disfrute metiéndome bajo su camisa mientras ella la desabrochaba, ummm que delicia de pezones, pequeñitos cafés oscuros que se endurecieron en mi boca mientras los lamia y chupaba dándome gusto. Baje por ese pecho de chocolate, buscando su vientre, encontrando ese ombligo, dándole mordisquitos haciéndola estremecer, hasta el borde del pantalón, inclinarla sobre su espalda, para soltar el cinturón y el botón del pantalón dejando al descubierto unos cacheteros rojos con bordes de encaje, hacerla levantar las caderas para quitarle los pantalones y poder sentir ese aroma a hembra, disfrutar de ese vientre plano, poder ver esa rayita de humedad sobre los calzones delimitando su sexo y deleitarme mordiendo su raja por encima de sus cacheteros, haciéndola doblarse sobre su espalda en un arco de placer. Nunca había tenido una rajita negra para mí, y ese es un espectáculo de no olvidar, sus labios negros también carnosos, mojados y resbalosos, si clítoris inflamado reclamando que lo consintieran y esa vulva pidiendo más y más, que delicia poder lamerla y apretar al mismo tiempo esas téticas pellizcando sus pezones, oyéndola gemir por lo bajo, sintiendo acelerar su ritmo hasta lograr su primer orgasmo, ufff. Sé que suena exagerado, pero ese charquito de sus fluidos sobre mi escritorio es un premio que pocas pueden haberme dado. Ahora cambiamos de postura y ella se sentó en mi silla colocándome yo sobre el borde del escritorio, mirándome a los ojos con esa sonrisa hermosa me dice: yo también quiero mi paquete, y abriendo la cremallera hurgó entre mis calzoncillos liberando por fin mi verga que ya estaba necesitadas de atención, la froto sobre su rostro, bajo hasta mis testículos y la lamio de abajo hacia arriba una y otra vez, pude sentir su lengua, su saliva, su respiración e hizo algo muy rico para mí, lamio mi glande sin bajar el prepucio…que delicia, así duro un buen rato hasta que lo bajo pasando la lengua por el borde del glande y lamiéndolo como una profesional…ummm, ahora quiero sentirte dentro de mí, me dijo, recostándose en el escritorio dejando su culo a mi disposición la pude penetrar desde atrás halando su cabello como si fuesen las riendas de una potra, cuanto tiempo paso? No lo sé pero después de un rato logramos los dos un orgasmo delicioso que nos dejó relajados sobre el escritorio y finalmente nos despertó el sonido de pasos en las escaleras y las risas de los otros ingenieros que venían para la oficina después de la reunión de producción. Nos vestimos rápidamente y a la carrera abrí la puerta para que ella pudiera salir de la oficina como si la entrevista hubiese acabado segundos antes, sin levantar, aparentemente, ninguna sospecha.








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1 comentario
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login Entrarfelicitaciones, yo tambien culeo con una negra y son unos polvos increibles, si o no?? jajaja hasta pronto