Después de la tremenda follada que le pegamos a la mujer de George (nombre ficticio) en Atheneas, pasó un tiempo sin que nos volviéramos a comunicar. Hasta que de nuevo George volvió a publicar la necesidad de su hembra por tener vergas a su disposición y chateó en Guía Cereza. Yo le envié un privado diciéndole lo mucho que me había gustado su hembrón. El me dijo: "¿te gustó?, es bien puta, ¿verdad?" Yo afirmé. Y él enseguida ripostó: yo quiero que sea más puta todavía. Yo le dije: "Volvámosla más perra" Y él: "¿qué propones?. Le dije: " si quieres, llevémosla a un bar, que se vista como lo que es, yo llegaré como un cliente y me la llevo para pichármela, y si ella lo asiente, pues que se acueste con otros hombres, es decir, que se sienta realmente una zorra". El tipo chateaba excitado, le fascinaba la idea, pero no estaba seguro que ella fuera a aceptar. Yo sabía que en su cabeza estaba imaginándose lo cornudo y feliz que sería si su mujer le complacía esta fantasía. Me preguntó si yo conocía algún sitio en donde ella pudiera ofrecer sus "servicios" como puta y le dije que sí. Después de varias consideraciones, George me afirmó: "Yo creo que la muy puta no va a aceptar, todavía no está preparada para eso. Más bien, te propongo algo, te la alquilo" A mí la idea me gustó. Pero puse mi condición (a los cornudos les encanta que el macho dominante ponga condiciones). Esta condición sería que él no podía estar presente. Una pausa en el chat: por fin George consintió.
Ese mismo día quedamos de vernos en La Ermita en Cali. Yo llegué muy puntual. Al rato llegaron ellos, ella como siempre hermosa y jovial. Caminamos por el centro de la ciudad y entramos a una discoteca, pero el ambiente no les gustó. Entonces salimos de allí y entramos a una fuente de soda que queda a un lado de La 14 del centro. Allí nos hicimos en una barra. Alrededor de nosotros tres departían dos o tres parejas. Ellos pidieron licor, yo me bebí una cerveza. Hablábamos de cosas triviales y de nuestras aventuras. Ellos me preguntaban sobre mis experiencias. En un momento, la dama fue al baño y George me dijo: "Mira, ella no sabe que te la alquilé. Ahora más rato, yo voy al baño y tú le cuentas . ¿Ya sabes dónde la vas a llevar?" Yo le dije: "Por aquí cerca hay un motel, podemos ir caminando, está a unas cuatro o cinco cuadras". Vi su cara de excitación y me recomendó: "Culeate bien rico a esa puta, cuando salgamos de aquí es tuya, yo iré detrás de ustedes y vos me dirás dónde los espero".
Ya se acercó ella, seguimos conversando. Y al rato, él pretextó ir al baño. Entonces yo le tomé una mano a ella, busqué su boca y la besé. Ella entrecerró los ojos y se dejó besar y acariciar" Le dije: "acabo de alquilarte, eres mi puta por unas horas" Ella dijo: "cómo así?". Entonces le expliqué el trato con su marido. Ella dijo que nunca había estado con otro hombre u otros hombres sin la presencia de George. Yo le dije firmemente: "esas son las condiciones". Ella se resignó: "bueno, si así lo decidieron, qué puedo yo decir". Le pregunté: "¿te gusta la idea?". Ella dijo que sí, y para sellar el pacto, nos volvimos a besar. Luego dijo sentirse algo mareada. Conversamos sobre su relación con George y lo rico que la pasaban cuando él le buscaba machos para divertirse, decía que le encantaba que la desearan y que le hicieran el amor, que ella lo complacía a él y también lo disfrutaba. Yo ansiaba tener pronto y para mí solo ese cuerpazo de mujer.
Llegó él. Nos preguntó si todo estaba listo. Asintimos. Y decidimos salir del lugar. Como estaba previsto, yo salí con la hembra como si fuera su marido y el cornudo iba detrás, a unos pasos de distancia. Salimos por la calle 14 hasta la carrera 4, llegamos a la calle 15 y nos dirigimos hacia la carrera primera, en donde en toda la esquina está ubicado el motel. Allí cerca hay una estación del transporte masivo MIO, y le dije a George: "tú nos esperas aquí" y le dije, además divertido: "te la voy a traer pero mi trofeo serán sus calzones o pantys, te los entregaré a tí personalmente cuando ya me la haya pichado". El se excitó bastante y dijo: "culeatela bien rico". Y así lo dejamos e ingresamos al motel. Subimos las escaleras hasta el tercer piso, yo iba a cariciando ese culazo de la hembra, entramos a la habitación, ella se sentó en la cama y después de un momento comenzamos a desvestirnos, yo la miraba con deseo, nos besamos apasionadamente mientras nuestras ropas salían volando desordenamente. Yo le metía la lengua bien adentro de su boquita hermosa. Ya sabía yo que a ella le gustaba el sexo duro, con palabras y hechos fuertes que la hicieran sentir toda una perra. Entonces la escupí para que se tomara mi saliva, mientras iba estrujando esos tremendos pezones y esas bellísimas tetas. Sólo la dejé en pantys, mientras recorría lascivamente todo su esplendoroso cuerpo, ella gemía quedamente y temblaba un poco. En un momento me dijo casi al oído: "quiero chupar". Sus palabras eran órdenes para mí, así que tomé mi tolete y se lo puse en su hermosa boca. Ella empezó a succionar maravillosamente, como estaba acostumbrada a hacerlo con todos los machos que fungían como sus amantes de turno, se lo metía casi todo y luego se detenía en el glande, lamiéndolo con deleite y luego hacía círculos sobre la alborotada cabeza, para posteriormente recorrer todo el tronco hasta los testículos, dejando un hilillo de saliva por todo el recorrido. Después de que se solazó, entonces yo empecé a golpear mi pene duro contra sus labios y encías, mientras pellizcaba sus pezones y le daba pequeños bofetones en las mejillas, con suavidad pero con firmeza, para que supiera a quien le pertenecía en esos momentos y por qué merecía un delicioso "castigo" por su putería irremediable. Ella se excitaba intensamente, mientras yo le hacía una penetración por la boca, sin permitirle usar sus manos y sintiéndola casi que ahogar de tanto vergazo. Le daba unos segundos para respirar y para que saliera a borbotones su rica saliva y volvía a penetrarla intensamente, simulando que su boca de mamona fuese una rica cuca. Le pasaba la verga para un lado de la boca, se la enterraba y luego la pasaba para el otro lado, mientras mis manos apretujaban sus tetas. Así estuvimos un largo rato, hasta que decidí hacerle la miné, el delicioso cunnilinguis en el que me considero un experto. Sus bellísimas piernas se abrieron para la caricia y prácticamente me la devoré íntegramente. La despojé de sus pantys, los olí, emanaban arrechera, jugos vaginales, era delicioso. Los puse a un lado, sabía que eran mi trofeo. Abrí sus labios vaginales, introduje mis dedos, sentí su crica caliente y húmeda, lista para la embestida. Y entonces mi lengua se posó sobre su gallito erecto. Así le dí una tremenda porción de lengua y dedos, que se acompasaban al unísono. Cada lenguetazo iba acompañado de una profunda penetración con mis dedos, lo que hacía que la muy puta se estremeciera y gimiera, musitando al tiempo: "rico, rico, ricoooo". Mi lengua no se cansó de lamer, de hacer círculos en derredor del clíctoris arrecho, de introducirse en su vulva rosadita y generosa, de succionar sosteniendo el gallito por unos segundos de intenso placer y luego soltarlo abruptamente y enseguida darle una rica sesión de lengua que lo recorriera de arriba hacia abajo y visceversa, mientras sus jugos chorreaban a borbotones e inundaban toda mi boca y mi mentón. Y claro, de vez en cuando, mis dedos inquietos salían de su rica gruta y le hacían un tremendo pajazo en el gallo, lo que la hacía arquear. Sus labios entreabiertos y sus ojos cerrados y sus piernas que en ocasiones cerraba apretando mis oídos, me indicaban el grado de éxtasis en que la muy puta se encontraba. Entonces, llegó el momento de seguir dandole lengua y meterle uno y hasta dos dedos por ese culito apetitoso. Así lo hice y fue absolutamente delicioso para ella. Imaginense el cuadro: una lengua voraz recorriendo clíctoris ylabios vaginales, tres dedos en el túnel del amor y un dedo en su culito estrecho. Y todo acompasado para su mayor placer. Ella no lo soportó y me regaló tremenda corrida que yo recibí agradecido en toda la plenitud de mi boca.
Busqué su boca, la besé con ardor, ella sacaba su lengua y la entrelazaba con la mía. Bajaba hasta sus tetas, las besaba, las lamía, las chupaba, me detenía en sus hermosos pezones. Ella excitadísima, se contorsionaba. Estaba lista para la penetración. Busqué el condón, forré mi tranca y ahora sí, adentro. Mi verga se deslizó deliciosamete por su chocho mojado, me la culié como a ella le gusta, sin miramientos, duro, con fuerza. Cada embestida era un gemido. Le dí y le dí mientras nos besábamos. Ella estaba acostada y yo de frente. Yo sudaba a chorros, ella me acariciaba las nalgas con sus delicadas manos, mientras sólo atinaba a decir: "rico, ricoooo". Cambiamos de posición. La puse en cuatro. Su hermoso culo se mostraba majestuoso y coqueto. Abrí sus nalgas, aspiré su aroma. Le dí un prolongado beso negro, buscando introducir mi inquieta lengua en su ojete. A ella le encantó, porque se movió más que nunca y porque no dejaba de gemir. Entonces, después de la rica lamida de su culito estrecho, se lo pedí. Ella me dijo, con ojitos de ternera degollada, que no le gustaba el sexo anal porque le dolía mucho. Yo pensé extrañado pero no se lo dije: "pero hace un rato no se quejó de mis dedos entrando en la estrechez de su totico", pero bueno, no insistí y me concentrá en embestir su cuca rica teniendo a mi disposición la vista espectacular de sus grandes y poderosas nalgas moviéndose al vaivén de la cogida. Entonces la penetré, ella lanzó un breve quejido y empezó el bamboleo delicioso, ella recibiendo mi mástil erecto y yo poseyéndola como nunca, aprovechando que me demoro para correrme. De vez en cuando le daba tremendas nalgadas, le pegaba muy duro, le dejaba sus nalgas enrojecidas. Y más la nalgueaba cuanto más crecía mi arrechera y la de ella.
Estábamos en tremenda faena cuando sonó el celular de ella, lo alcanzó sin desenterrarse de mi verga y contestó porque era George. Entre gemidos y golpeteo de mi verga en su raja, ella le decía algo así como "sí, sí, me están dando clavo, uy sí, muy rico, me está haciendo muy rico...si, si...me está haciendo delicioso, ay que rico, ay que rico". Yo sabía que el muy cachón estaba disfrutando al saber que yo me le estaba comiendo a su mujer, por lo que intensifiqué mis movimientos y le decía: "toma, por perra, comete mi verga putilla, mueve ese culo zorra, cogete a tu macho". Y ella. "sí, sí, sí, ricooo". Entonces ella me pasó el celular y allí estaba él. Me preguntó con voz entrecortada. "¿qué le estás haciendo?. Y yo orgulloso de mi virilidad: "me la estoy pichando bien rico, y la puta la está gozando enterita". Y él: "comete a esa puta, llenala de leche, dale de beber leche, dale por ese culo". Volví a pasarle al celular a ella. Y aproveché para descansar porque estaba sudando copiosamente. Cuando terminaron de hablar, yo entré al baño y luego a la ducha. La llamé y le dije: "Ven acá mi putita". Ella coqueta, se acercó, con su chocha desnuda y ese culote que me mata. Me dijo: "tu haces la miné muy rico, tu mujer debe estar encantada" Y le dije: "Gracias. Es que cuando hay inspiración, uno debe cumplir. Y tú eres una mamasota". Ella sonrió. Y me preguntó: "¿me vas a dar clavo acá en la ducha?". Le respondí: "algo mejor, que seguro no has experimentado". Ella curiosa se acercó. Yo me acosté en el piso y le dije: "quiero que me regales tus meados aquí en mi boca". Ella dijo: "tan pervertido, velo quien lo ve.....pero yo no he hecho eso nunca" Y yo: "siempre hay una primera vez...ven...prepara ese lindo chochito, ponlo aquí en mi boca y me regalas tus meaditos ricos". Y ella se fue acercando. Primero se engulló mi verga, le dio tremenda mamada. Mi orgulloso pene se puso tieso de nuevo, respondiendo a la caricia. Luego a horcajadas puso su chocho en mi boca y yo comencé a lamer. estaba todo a mi disposición, ella fue sensible a la caricia, se excitó bastante. Pasaron unos minutos de rica lamida de esa vagina hermosa y de pronto sentí sus fluidos cálidos, sus meados exquisitos que inundaron por entero mi boca, insaboros, abundantes, que no alcancé a consumir en toda su plenitud y por tanto se chorreaban por las comisuras de mis labios, bajaban por mi cuello y mojaban mi pecho, parecía que no tenía fin la meada. Yo sentí que a ella le gustó ese pequeño instante de dominio sobre el macho que la había clavado, nalgueado, escupido, lamido y pegado con la verga en la boca, mientras lo más dulce que le decía era lo puta que era. Uff por fin acabó y yo la adoré. Le dije: "uff mamasita linda, ufff esto es de lo mejor, uff qué rico" Y sin pensarlo dos veces, con un movimiento bajé su chocha de mi boca y la puse en mi polla cubierta por un nuevo condón. Así ella tuvo la oportunidad de cabalgar sobre mí. Se movía frenéticamente. Lastimosamente no duró mucho porque decía que tenía un problema en la columna y que esa posición la molestaba, así que tuve que llevarla de nuevo a la cama y clavarla otra vez en la posición de misionero. Estaba ya listo para mi corrida, así que la anuncié, saqué rápidamente mi verga de su gruta, quité condón, puse mi falo en su boca, ella le dios dos o tres chupadas y mi tronco se vino con todo, una cantidad de leche suficiente para el gusto de la muy perra, ella la lamió, se tragó buena parte, no dejó una sola gotita afuera de su boquita, mostrando una vez más cuán ramera puede ser y cuánto le gusta la leche de sus machos. Yo la besé, buscando el sabor de mi propia hombría en su boca, le mordí los labios, hasta dejarlos un poco hinchados y mi saliva y la suya se juntaron, con el agregado de un poco de semen. Le dije al oido: "deja un poco, no te lo tragues todo, para que se lo puedas ofrecer al cachón de George". Ella sonrío pícaramente, entreabrió su boquita para mostrarme los restos y aproveché para escupirla de nuevo.
Cuando ya nos estábamos vistiendo, ella llamó a su marido para decirle que estuviera listo esperándonos, que ya salíamos del motel. Ella y yo satisfechos. Cuando se iba a poner los pantys, le dije: "no, no, no, este es mi trofeo". Ella suplicó, pero yo no accedí, así que tuvo que aceptar que esos pantys húmedos fueran entregados personalmente por este servidor, corneador y puto, a su marido, cornudo de primera categoría, para su mayor humillación y placer y para que comprendiera todo lo puta que puede llegar a ser su mujer. Nos encontramos en la estación del MIO, dejé de ser el marido de la hembra y le hice entrega a George del putón de su mujer. Y en la siguiente esquina le devolví los pantys. Y le dije: "ten, tu mujer es toda una perra, te felicito". El sonrió, tomó su mano y se besaron enamorados.
En estos días estoy esperando una nueva cita con George y su mujer...o mejor con George y nuestra mujer.
Esta aventura ocurrió en el 2014.








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