No lo puedo evitar, me gusta disfrutar de la piel y de la masculinidad, de la sensualidad en el cortejo y de las sábanas llenas de pasión. Las manos fuertes de un hombre que sabe y toma lo que quiere, viril. En mi fantasía divago por las calles de Medellín observando y esperando cual es el caballero que me va a invadir con sus efluvios y que va a dejar mi cuerpo con el aroma del suyo, pensando: quiero llegar a casa con el sabor de sus besos y de su sexo en mi boca, con mis piernas aún temblando.
Un desconocido lleno de pasión, que me haga suya con todo su cuerpo, sin decirme su nombre, sin contarme su historia, sin pedirme la mía; que sea un verdadero hombre con un verdadero pene.
Un hombre que no le importé el lugar ni la hora, que le de lo mismo hacerme suya en su oficina, en un bar, en la oscuridad de una calle, en la sedosidad de unas sábanas o en un ascensor, o en la sala de su apartamento mientras su compañera duerme o en el mío en las mismas circunstancias.
Esa es mi fantasía en guía.








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