Era Apenas una niña, aún no había tenido mi primera menstruación cuando descubrí el placer de la masturbación. Inocentemente jugando a ser adulta, cogí la manguera de lavados vaginales de mi madre mientras me duchaba, el contacto del agua a presión en mi vagina me genero una descarga de hormonas en todo mi ser despertando mi sexualidad.
Tímidamente acerque la mano derecha a mi vagina, con bello escaso aun no depilado y comencé a jugar con ese puntico que sobresalía. Lentamente, con movimientos circulares fui sintiendo como el placer se incrementaba, era delicioso, una sensación jamás sentida… pasados unos minutos ya mis dedos se sentían cansados, pero no quería parar, ¿eso era todo? ¿No había un poco más?... Seguí tocando, explorando, hasta que mi espalda se estremeció y mis piernas comenzaron a temblar y a hacer prisión protegiendo aquel botoncito de mis dedos. En ese instante no sabía lo que había acabado de vivir, ni su nombre siquiera, pero lo que si estaba claro es que no sería la primera y la última vez, desee más de esas sensaciones e intente poner nuevamente mi mano en mi sexo, pero me sentí muy sensible.
A partir de ese momento, mis duchas se hicieron más largas y significativas, mis dedos se hicieron más diestros y rápidos, el protector del cepillo de dientes fue mi primer consolador, el baño dejo de ser mi único recinto de amor propio, mi cama se convirtió en el amante que conciliaba mi sueño. Boca abajo, caderas sutilmente levantadas y cualquier objeto que me causara placer posicionado en mi clítoris, comenzaba un movimiento de caderas y el contacto era un vaivén de placer. Mis encuentros sexuales personales se hicieron un ritual diario, no me importaba acariciarme en el baño de la oficina, en mi habitación que por cierto era compartida con mi hermana, pasaba horas en el baño y cuando por fin me fui a vivir sola, me pasaba horas desnuda en casa y cada instante sin importar si era la cocina, la sala o el balcón mientras fumaba un cigarro acariciaba mi ser. El deseo desenfrenado de tocarme se convirtió en mi vicio, en mi droga, en mi relajante, mi mejor técnica para combatir el insomnio. Me explore, ame y conocí antes de que cualquier hombre lo hiciera, fui mi primera y mejor amante. En la universidad defendí la masturbación como una de las practicas más sanas y seguras para satisfacer nuestros deseos, libre de embarazos no deseados, enfermedades veneras, juramentos de amor falso y mejor aún con satisfacción asegurada.
Pero durante este año de matrimonio en el que he arrullado mis demonios evitando que despierten parece que hubiese olvidado el placer de amarme, mi esposo parecía serme suficiente y cuando no me bastaba prefería ignorar ese deseo. Así seguramente viven la gran mayoría de mujeres, se deben olvidar de ellas mismas y preocuparse en el otro.
Pero mis demonios están despertando se siente hambrientos y deseosos, parecen dispuestos a hacer cualquier cosa por encontrar saciedad, tejen hilos de titiritero en mis extremidades. Levantan mi mano derecha y despacio baja por mi torso hasta llegar a la pretina del jean desabotono, bajo cierre e introduzco mi mano dentro de la pequeña tanga, la humedad de mi sexo invita a bailar a mis dedos, ello se acercan, rozan acarician, y se deleitan jugando con mi gran clítoris. El calor hace que la ropa comience a estorbar, me quito de un solo tirón pantalón y ropa interior, y bajo un poco mi blusa para dejar al descubierto mis tetas. Abro mis piernas y sigo jugando con mi coñito. Mi dedo grande decide explorar zonas más húmedas y oscuras, entraba y salía mientras los otros seguían jugando con mi gallito que parecía hacerse cada vez más grande.
Una Lengua…. ¿Lengua? Siii que delicia una lengua en estos momentos cerré mis ojos y mientras con la mano izquierda tocaba y apretaba con fuerzas mis tetas y pezones, recree la imagen de alguien sin importar su rostro, podría ser mi vecino, el señor de la tienda, el instructor del gimnasio, el taxista de anoche, algún cliente o TU. El que recorre con su lengua mi vagina a lo largo una y otra vez, para detenerse un momento en mi clítoris, con cortos movimiento arriba abajo, chupando, succionando, dando pequeños golpecitos que me enloquecen.
Ohhh Si que Chimba, si dame lengüita mi amor, así, así, ahí que rico, ahhhh mas rápido, dame más, uff, que delicia…
Eran algunas de las palabras que salían de mi boca producto del éxtasis, mi coño estaba totalmente empapado, mis dedos brillaban por los fluidos de mi vagina. Necesito más, quiero más… mi dedo no es una buena replica de un pene para satisfacer mi necesidad.
Busque rápidamente en el cajón de mi ropa interior, y saque mi antiguo amante, un vibrador 15 cm, en silicona; el menos favorito de los que he tenido por ruidoso, pero como dice el dicho "cuando no hay solomo de todo como” Mierda!!! Esta Sin baterías, pero esto no iba a ser impedimento para satisfacer mi deseo.
Comencé a frotarlo, se deslizaba de forma deliciosa por mi vagina, le daba pequeños golpecitos y eso aumentaba el placer, mi vagina me pedía a gritos que lo introdujera, puse la puntica en mi coñito y poco a poco ella se hacía espacio y lo devoraba, muy despacio comenzó a entrar y salir mientras con mi otra mano acariciaba mi clítoris y se alternaba para tocar y pellizcar un poco mis senos, mis pezones estaban durísimos y entaconados, parecían un par de ojos brotados deleitándose ante tal espectáculo.
Intensifique el ritmo de entrada y salida del vibrador… ummm Que Rico, Quiero Mas, Maas… acompañados de gemidos de placer eran la melodía de fondo de tan maravilloso encuentro.
Con el vibrador aun dentro de mi vagina tome asiento en el borde de la cama, mi cadera comenzó a bailar sobre el juguetito, cabalgaba sobre el imaginándome un hombre grande, agarrando mis tetas, por la espalda jugando con ellas, mientras locamente me le meneo en su gran verga, gimiendo y sudando, hasta que por fin exploto en un orgasmo fascinante, me tumbe sobre la cama y a los pocos segundo el vibrador salió solito inundado de placer.









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login EntrarDelicioso relato, que envidia no ser esa lengua que explora tu clítoris, tus labios, tu cuerpo, hasta la punta de los dedos de tus pies y tras varios orgasmos penetra con sun pene cada profundidad de tu cuerpo... amarte, adorarte, ser uno contigo