Era una agradable noche, fresca y despejada donde se podía apreciar las estrellas. Era una de esas noches en la que te provoca hacer cosas inolvidables. Ese día tuve una jornada laboral pesada, así que después de llegar a casa, comer y reposar un poco no dudé en salir para respirar un poco de aire y relajarme. Quería estar solo; era uno de esos momentos en que sólo deseaba dedicarle tiempo a mí mismo, algo así como un capricho egoísta que algunos a veces tenemos. Mis amigos me escribían al celular para que tomáramos unas “heladitas”. Tuve que decirles que estaba cansado y que preferiría estar en casa reposando. La verdadera realidad era un poco más distinta. Quería relajarme estando conmigo mismo. Mientras escuchaba música, yo estaba exhorto y únicamente escuchaba el silencio de mi mente. No lograba pensar en absolutamente nada, o mejor dicho, no quería pensar en nada ni en nadie. Recorría la Avenida Regional o la Autopista Sur ida y vuelta. Me sentía muy a gusto porque era moderado el flujo de carros a esas horas de la noche, y porque esas vías no tienen semáforos. Realmente sentía que estaba solo en la ciudad, era una sensación deliciosa y el conducir era placentero. De repente, una idea saltó a mi mente al instante: “¿Por qué no ir a un club swinger? Es la noche perfecta, no tengo compromisos con nadie y mañana no hay que madrugar. De una!!”. Durante semanas pasadas tenías las ansias de visitar un club swinger de la ciudad y me había memorizado las ubicaciones y anotado en el celular el teléfono de uno de ellos. No dudé en hacerlo, y me comuniqué con el sitio. Estaba preocupado sobre si podía entrar solo, ya que suponía que para ingresar era necesario la compañía de una mujer, y yo en el momento no tenía una amiga con quien ir. Para mi fortuna, me dijeron que no era estrictamente necesario asistir en pareja para ese preciso día. Más que alegría por la noticia, me emocioné tremendamente. Durante el camino hacia allá, levemente imaginaba como era el sitio, la gente acaparada y apropiándose de cada espacio, mujeres y hombres teniendo sexo por doquier, en muebles, camas, turcos, jacuzzi, en fin. Mi corazón latía fuertemente por semejantes escenas de mi mente. Al llegar, extrañamente estaba tranquilo. Pagué la entrada, me desvestí e ingresé con toalla puesta aunque pensando si debía ponerme bóxer al ver que algunas mujeres y hombres llevaban prendas en zonas íntimas. Decidí entrar sin bóxer. Algunos de ellos se los notaba nerviosos, seguramente porque era su primera vez de visita a un lugar como éste. El lugar me pareció bastante agradable de primera vista. Exploraba las instalaciones mientras tomaba una cerveza. Había relativamente poca gente ya que aún era temprano para este tipo de sitios. Me sentí más aliviado en cuanto a mi decisión de no traer nada puesto debajo de la toalla ya que varios miembros del lugar se mostraban desnudos y desinhibidos.Me dirigí inmediatamente al turco donde había bastante gente y entendí la razón: dos parejas estaban teniendo sexo mientras los demás disfrutaban viéndolos y uno que dos más participaban. Decidí hacerme un lado y observar la gran faena a cierta distancia sentado aunque no podía ver gran cosa, ya saben, por la cantidad de gente. Tomaba pocos sorbos pero frecuentes de mi cerveza para irme acostumbrando al ambiente sensual y lujurioso del momento que tenía todo mi sistema cardiovascular a mil. A los pocos minutos, llega una pareja y se sientan justo a mi lado. Ella, Sara, llamó rápidamente mi atención porque llevaba una lencería muy sexy y unos tacones hermosos. Comenzaron acariciarse muy levemente, él, Alex, le hacía masajes porque ella estaba entre sus piernas en el escalón debajo y Sara a jugar con sus piernas. Yo comenzaba a emocionarme y sabía que la cerveza no aguantaría mucho y más cuando ella le quita la toalla a Alex y comienza hacerle sexo oral. Yo me sentí extremadamente excitado especialmente por la forma en que Sara lo hacía, oh por favor, cómo lo hacía…Era cuestión de segundos para que mi pene se pusiera erecto y de qué forma. Realmente me sentí un poco avergonzado por ese hecho ya que se notaba como izando bandera al verse semejante “levantón” en la toalla. Mi corazón latía como nunca. Ellos se percataron al instante, y tras un rato Alex me dijo al oído que si quería que ella me lo mamara. “Quééé”, me dije, “Claro que sí” le respondí sin dudar. Sara se levantó, me apartó la toalla y comenzó a chuparme la verga. Damas y caballeros, jamás en mi vida una mujer me lo ha mamado de esa forma, era impresionante su boca suave, labios y lengua que recorrían toda mi verga en forma magistral. Era una “maestra” en el arte, casi una diosa diría yo. Tomaba cerveza para tratar de tranquilizarme y rápidamente se me acabó. Estaba muy excitado porque Sara se intercambiaba para mamar a los dos. Realmente daba la sensación de que ella disfrutaba esto tanto como nosotros, era muy apasionada. No tardó mucho para que la demás gente del turco se acercara y aglomeraba alrededor de semejante espectáculo tan caliente. Un hombre no dudó en ubicarse detrás de Sara y hacerle sexo oral a su vagina. Yo no aguantaba más al oír los gemidos de placer que ella pronunciaba sin moderación. El tipo luego se puso un condón y la penetraba sin piedad. Sara gemía más y más y más y más. Era un gemido intenso. En serio, no estoy exagerando. Parecía que la estuvieran “matando”. Eso sí que me calentaba más. Yo no quería correrme todavía, obviamente, así que le hice señas a Sara de que me lo mamara más despacio porque durante todo ese tiempo nunca dejó de chuparnos la verga. ¡¡Indudablemente, el momento erótico-sexual más increíble de mi vida!! Más gente llegaba al turco a presenciar la escena y se tornaba ya un poco incómodo para mí pero no era yo el que ponía las condiciones. Aquel tipo al rato se corrió después de penetrarla con semejante energía. Al irse él yo me levanté y comencé hacerle sexo oral a Sara porque tenía muchas ganas y además como medida para no acabar en su boca. Yo invitaba a los demás a participar pero nadie más se atrevía. Al parecer disfrutaban más como voyeristas, ok. Después noté que Sara y Alex se decían algo y luego se dirigieron a mí diciéndome que querían hacer un trío en una habitación que era más cómodo. Nos retiramos del turco y noté más gente que hacía una hora. Me impresionó cuanta más gente había, de todas las edades y muy atractiva. Llegamos a una habitación con todos los demás detrás nuestro como cual mamá con sus pollitos. La habitación estaba colmada, aunque totalmente oscuras, se escuchaba gemidos, “plash plash” y demás indicios de una gran actividad sexual. Sara me decía al oído que se quería “comer esa verga dura” y Alex me decía que ella me tenía muchas ganas. Ella nos hizo sexo oral nuevamente estando nosotros de pie. Yo estaba ya un poco más ambientado a la gran energía del lugar y a la calentura de Sara y su sexo, por lo que estaba más tranquilo acerca de no tener una “eyaculación precoz”, ufff. Nos ubicamos en una parte de la cama, le rosaba mi verga en su pubis y en sus labios vaginales pero no había suficiente espacio por la cantidad de personas acostadas, así que nos sentamos en un sillón que había a un lado. Alex y yo pusimos en cuatro a Sara y yo le hice sexo oral mientras ella le hacía a él sexo oral. Su vagina estaba increíblemente lubricada y tibia con unos aromas que me encantaban. Eso me gustaba de Sara, una higiene impecable. Sara gemía sin tapujos incluso con la verga de Alex en su boca. Me hacía señas de que la penetrara e igualmente Alex me insistía. Les dije que traería un condón y ella me confesó diciéndome al oído de que había tenido dos orgasmos, uno en el turco y otro cuando la rozaba en su zona íntima con mi verga en la cama. Al decirme eso, me excité bastante. Ya entendí el porqué de su abundante lubricación. Cuando llegué nuevamente a la habitación con condón en mano, Sara y Alex estaban en “69” en el sillón. Me puse el condón y la penetré muy suavemente mientras ella gemía como de costumbre. Yo respiraba lenta y profundamente porque la sensación de sentir mi verga adentrándose en un mar de fluidos era increíble. Alex continuaba en la misma posición y se sentía que estaba jugando con el clítoris. Empecé acelerar el ritmo porque Sara se movía con más intensidad como diciéndome “hágale más duro”. Pasó algo que no me imaginaba y fue que sentí la lengua de Alex rozándome la verga mientras entraba y salía de la vagina de Sara. Fue algo inesperado pero muy delicioso la sensación. Sentía toda la energía de Sara en cada parte de mi cuerpo, una intensidad indescriptible y única. Ellos realmente lo disfrutaban como si fuera su primera vez en esta experiencia al igual que yo. Claro está, ya tenían un buen recorrido. Después de unos minutos intensos y agitados de sentir la cálida vagina de Sara con mi verga como termómetro y casi llegando yo al límite uff, (es que Sara era una “fiera”), ella me pidió que cambiáramos de posición, yo acostado y ella encima. Sara comenzó a cabalgarme como dueña y señora de una bestia, se movía intensamente casi perecía poseída por algo extraño. Yo miraba a mí alrededor y veía sombras rodeándonos, mujeres gimiendo cerca excitadas con sus parejas y estimuladas por el show de nosotros en especial por los sonidos de placer de tremenda mujer encima de mí (ya saben, al acostumbrarse a la oscuridad se puede ver mejor).Sara y yo nos besábamos profundamente, teníamos una química única y no paraba de comerse mi verga. Al rato se ubicó Alex al frente de nuestras caras y le puso su verga en su boca y muy cerca de la mía también. Ella mamaba como ella sólo lo sabe hacer, y sin embargo no paraba de comerme. Qué candela de mujer y que ferocidad de vagina sentía mi verga. Alex hacia movimientos bruscos que la ahogaban con su verga. Ver eso me emocionaba muchísimo. En esa variedad de movimientos, la verga de Alex rozaba mi boca y mejilla; yo empezaba a tener la idea de que quería que también se lo mamara pero no estaba seguro de ello. Luego de varios actos de lo mismo, decidí apuntar con mi boca su verga y la chupé varias veces. Estaba expectante a lo que podía pasar, pero me alivié cuando me di cuenta de que lo disfrutaban tanto como yo. “Wow, qué pareja tan bacana”, me dije. Sara me decía que estaba teniendo un orgasmo. Yo estaba sumamente excitado, mi verga estaba full y a punto de explotar dentro de la vagina de Sara. Ella no paraba de moverse y hacerme chupados con su vagina. Llegué al orgasmo cuando sentí que Sara también por su gran gemido y fluidos que corrían entre mis piernas. Fue el mejor polvo de mi vida hasta ese entonces. Alex se deslechó con nosotros masturbándose a un lado. Salimos de la habitación los tres, y había muchísima más gente. El sitio estaba colmado. Muchas parejas tenían sexo en los muebles, sillas o sillones disponibles, en el piso también e intercambiando a sus parejas. Todos ellos se divertían y gozaban, sin ningún tipo de cohibición, me pareció sublime. Obviamente habían parejas que sólo observaban y curiosos por tal ambiente. Nos fuimos a duchar y a tomarnos algunas cervezas para refrescarnos. Conversamos un buen rato para conocernos mejor. Me gustó sus personalidades y lo que pensaban del sexo y de disfrutarlo como pareja en un sitio como ese. Intercambiamos números de celular. Nos hemos estado viendo desde entonces aunque cada vez menos por varias cuestiones. Somos buenos amigos y disfrutamos cada oportunidad que tenemos para disfrutar de sexo intenso y muy acalorado dejando libertad a la imaginación y el deseo.

Relato de comunidad Fantasíasschedule 10 min de lectura calendar_today Octubre de 2015
MI PRIMERA VISITA A UN CLUB SWINGER: “Ellos Realmente Lo Disfrutaban… ”
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login Entrarmuy buen relato