A las cuatro y media de la madrugada tenía unas 25 llamadas perdidas en el celular y yo me estaba vistiendo, cuando me percate. No devolví ninguna. El amanecer aguardaba aún con anciedad y promesas de diversión.
El asunto es que sábado pasado (1 de feb) salí de copas con mi pareja, el se llama Andrés Felipe, faltaba un cuarto para las tres, cuando salimos subidos de tono de un bar en el poblado, y por alguna nimiedad terminamos conflictuados. En realidad no había sido algo inocuo, es sólo que nos interrumpió la policía cuando estábamos demasiado animados, y una cosa llevo a la otra entré el y yo -con más licor que razón en la cabeza- y terminamos cada uno por caminos diferentes. El, tambaleando tomo un taxi a casa pensando que me dejaba enredada y que me hiba a complicar. Sin embargo, yo lo vi simple: iría al cajero y tomaría un taxi también.
Camino al cajero que se haya en el parque, dos jóvenes con algo de carísimas y de seguro más copas que yo me abordaron: a donde vas solita... mi reacción fue huirle al peligro que me represente inmediatamente y dar una vuelta antes de dirijirme al cajero. Ellos, al igual que andres, siguieron su camino.
en fin, ese fin de semana había mucha gente en los alrededores y me sentí de nuevo muy tranquila, si mi vuelta y me enrute de nuevo hacia el cajero. La sorpresa fue encontrar una fila de nueve personas en el, pero de en tercer lugar estaban ellos, esos dos jóvenes joviales que seguían con carcajadas, cada palabra del otro. No paso mucho tiempo antes de que se percatarán de que ahí estaba yo, y me hacían señas de que pasara adelante. Intente ignorarlos de nuevo, pero esta vez no me sentía intimidada.
A fin de cuentas no me pase de lugar, pero cuando salieron uno de ellos, se me acerco y me dijo: nosotros aún vamos a estar por aquí un rato, por si quieres apoqué darte un rato más, mi amigo es Nicolás y yo me llamo alejandro... Etc.
la fila fue eterna y para cuando salí, pensaba ya que era un desperdicio irme malgeniada para la casa como niña regañada. Y desidi buscarlos. Los sentados en un jardinel y me aserque con algo de "timidez" fingida.
Me saludaron, los salude, y para cuando me percate teníamos cada uno cerveza en mano, una conversación por cada bobada que alguno decía Y Caminábamos sin rumbo.
recuerdo que fui yo quien propuso cruzar el parque de la presidenta, para ir al lleras de nuevo. Sin embargo, resultamos sentados en la manga y ya Nicolás me había robado almenos dos besos. Fue el turno de Alejandro, que ya me tenía la mano en el muslo justo donde empezaba mi falda.
Yo no quería saber si alguien miraba o no, los nervios que tenía me bloqueaban, pero la cituasion me impulsaba a seguir y darle rienda a idea que ya ellos habían elaborado en sus mentes y que apenas yo me percataba.
Nicolás hizo lo mismo que Alejandro, puso su mano en mi otro muslo, y me besaba cuando alejandro dejaba de hacerlo. Mis manos se enredaban en sus cuerpos con poco menos que inquietud: guiadas por la curiosidad de saber si estaba erectos, pero de nuevo con algo de timidez fingida.
La cumbre de la anciedad llegaba cuando alejandro se puso de pie, casi al tiempo en el que Nicolás empezó a besarme las piernas. Casi sin darme cuenta sentía el pene de Alejandro rosando mis labios, al tiempo que sentía la respiración de Nicolás en mi panty.
Llevábamos ahí unos veinte minutos y aquellos dos jóvenes que había visto y me habían causado todo tipo de inseguridad, me estaban dando una noche de delirio. Me tenían casi desnuda y lista para penetrarme en un parque público.
Nicolás se puso de pie, Alejandro se acercó a mi entre pierna mientras Nicolás empujaba mis hombros hacia el suelo, se arrodilló a un costado de mi rostro y acerco su pene a mi boca mientras sentía que alejandro se sumergía en mi








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