La luna, testigo del inicio de una amistad de aquellas que se construye en confianza
Cada palabra e intuición dándose en una búsqueda por conocerte
Noche en la cual se dieron espacios a adivinar tus acertijos comenzado por tu piel blanca cabellera larga hacia la cintura gustos por el negro y el azul, emprendedora en gusto al helado de nieve, descansar y pasar las tardes en una cama doble donde das flor a tu pasión
En este medio aprendimos y de una vaga experiencia o confianza en si pasamos de la amabilidad al coqueteo que notamos entre los dos.
El primer encuentro fue en el parque las palomas a que me dieras clases de guitarra tu como profesora una chica bonita y hermosa, al tiempo notando tu belleza que entrañaba tu larga melena negra y natural, el brillo delator de tus ojos y lo provocador de tus labios me deleite con los pliegues de tu blanco busto que se te perfilaban a través del escote o del contonear de tus bien formadas caderas.
Poco a poco vos admirabas mis dotes y mi dedicación al instrumento poco hablamos pero con el tiempo note tu atractivo, de hecho me causas admiración y de tal forma tú coqueteo. Decido comprobar lo que pensaba, correspondiéndote a tus sonrisas interesándome más por ti.
En las últimas sesiones en el parque las palomas ya principios de Diciembre, los dos con más confianza no me imagine lo que pasaría este día en mi agrado tu tenias todo listo y no solo eso, te encontrabas con una mini falda muy provocativas y escote amplio y bien maquillada y tu pelo suelto y arreglado tal cual me sorprendiste por tu vestir recatado y sin evitarlo te dije lo linda que estabas
-te gusto- me dijiste un poco apenada
-la verdad… estos minutos no me han rendido en absoluto no sé si concentrarme en el movimiento del arco o en ti, te dije arriesgándome a tu rechazo.
Sonríes y te acercas con la excusa de corregirme la posición de mi rostro con respecto a la guitarra, te aproximaste tanto que todo quedo sellado en un tímido beso en nuestros labios, quedamos en shock unos segundos, miras al suelo con los labios fruncidos; yo por mi parte deje el instrumento en el suelo y fui por mas; un beso largo, profundo y apasionado que fue correspondido con más ardor.
Sin darme cuenta ya tenía mis manos sobre tus caderas tocándolas de forma sutil, sentí tus manos palpitar en las mismas partes que las mías recorriendo debajo de mi camisa mi espalda y rasguñándote de formar placenteramente dolorosa.
Cuando alcance tu minifalda y sentir mejor tus pliegues lo más grato fue cuando note lo húmeda que se encontraba y lo pequeño de tus interiores. Sin aun saber cómo tú te encontrabas desabrochándome el cinturón y yo despojándote de tus diminutas tangas; y en ese desespero liberaste mi hinchado pene de su indumentaria que en esos momentos resultaban infernales ataduras y arqueando ojos al verlo en tal alto talante, no te forcé y te pusiste espaldas a mí y te penetre casi instantánea, gemiste tan delicioso como en tu primera vez: siendo un alarido con una sonrisa de satisfacción y nerviosismo. Sabemos que nadie nos escucha y ve, y sin necesidad de limitar nuestro placer.
Te empecé a envestir lentamente, rico y placentero sentir lo apretado que es tu vagina que en ese momento quería durar por siempre, lentamente fui aumentando el ritmo a la vez que me devolvías la mirada con cara de dolor y delectación, mientras lo hacías, guiaba mis manos a tus senos naturales blancos y maleables, vos gimiendo cada vez más que profundizabas en la penetración yo hundiéndome en la satisfacción de nuestra escena inimaginable; teniéndote de espaldas a mí con la minifalda alzada, mis pantalones abajo sin siquiera quitármelos del todo a duras penas os habíamos desnudado y solo nos sentíamos tu en la potencia de mi pene atacándote y yo la humedad y estrechez de tu ser.
Ya sentíamos la prontitud del clímax, trato de avisarte, y comprendiste y antes te recogiste mas contra mí y entendimos, eyaculando dentro de ti, tanto que cuando nos apartamos caía semen de esas piernas de mármol. Sacas del bolso unos pañuelos húmedos y te limpias discretamente, me regalas unos y yo hice lo mismo. Nos recompusimos del momento y nos miramos con complicidad y satisfacción, empacamos las guitarras y vos me dices lo que siempre decías al finalizar la sesión, pero esta vez de una manera morbosa y provocativa:
-Eso es todo por hoy, muy bien, en la próxima sesión nos vemos gran amigo-








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