Viajaba en el tren de la mañana y había abordado un tren de lujo para llegar muy pronto a la oficina pues requería solucionar algunos problemas urgentes. Por la hora y el costo del pasaje era un tren selectivo y pocos pasajeros me acompañaban a esa hora. Ensimismado leyendo los titulares de la prensa no me di cuenta cuando se sentó frente a mí , era una mujer muy elegante y bonita. Su cabellera negra enmarcaba una cara preciosa , ojos negros con pestañas largas, una nariz respingada y una boca muy sensual. Lucía un elegante traje negro de dos piezas y llamaba la atención su atrevida minifalda que dejaba ver unas piernas torneadas y de un bronceado espectacular. Ella me miro a los ojos y la intensidad y el brillo de su mirada me dejó como hipnotizado. No sé si fue impresión o si lo imaginé pero me pareció descubrir un guiño pícaro y sexy. Baje nuevamente mi mirada al periódico y continué leyendo los titulares pero esa mirada me tenía perturbado, era como una obsesión que empezaba a perturbarme. No aguanté la tentación y volví a mirarla, esta vez no pude evitar mirar esas piernas que ahora se entreabrían más de la cuenta y dejaban ver hasta sus pantorrillas. La mujer simulaba no estar mirándome pero sabía que lo hacía pues sentía esa rara sensación de ser observado. De pronto la mujer cruzó sus piernas y una rápida visión me dejó ver su tanga blanca, fue un regalo visual y por instantes me sentí como los polizontes que indagaban a Sharon Stone en la película “Bajos instintos”, lastimosamente no podía devolver la cinta para husmear en los detalles. Esos recuerdos de esa película me empezaron a excitar y sentí como una erección empezaba a delatarme , traté de acomodarme el pantalón para disimularla pero ella estaba atenta a mis movimientos y solo esbozó una sonrisa cómplice. Volví mis ojos al periódico y quería evitar esa tentación pero mis impulsos sexuales empezaban a traicionarme.
De pronto ella se paró y se dirigió hacia el baño del tren, la seguí con la mirada y al verla contonear sus caderas y notar esas nalgas turgentes que se movían rítmicamente no pude contonear ese mórbido deseo de poseerla y acariciarla intensamente . Bastaron unos pocos minutos para que volviera, esta vez no disimuló mucho su coqueteo y al sentarse abrió sus piernas y el espectáculo que se ofreció a mi vista fue maravilloso e increíble, su tanga había desaparecido y ahora una vagina estaba en la visual de mi mirada ,el vello púbico negro parecía un accesorio a ese precioso vestido. Al principio quedé alelado, sin saber que hacer ni que decir ,ella noto mi turbación y lejos de ocultar sus encantos abrió más las piernas y subiendo su diminuta minifalda dejó todos sus encantos al descubierto. Si yo no reaccioné la que si lo hizo fue mi verga, casi se me sale del pantalón, su erección levantó mi pantalón y los ojos de la mujer se fijaron en mi entrepierna que ya no aguantaba el bulto formado por mis testículos y mi verga erecta. De pronto la mujer se arrodilló y como una gata zalamera se acercó y con un desparpajo increíble abrió la bragueta de mi pantalón y en un santiamén sacó mi verga y como si hubiera encontrado su golosina favorita la llevó a su boca y con una facilidad sorprendente engullo mis veinte centímetro de verga que quedaron ocultos en esa boca preciosa, no sé cómo lo hacia pero sentía que mi pene encontraba movimientos inimaginables, eran succiones, eren chupadas increíbles, eran lametazos de locura y sintiendo que mis movimientos me anunciaban un orgasmo la quite de mis piernas y con suavidad la coloqué en el asiento de enfrente y abriéndole las piernas me fui directamente a su vagina que excitada soltaba jugos que escurrían por sus piernas. Chupé con fruición esos jugos que me sabían a gloria, era un néctar que llenaba de placer mis labios y mi boca. Noté que su clítoris estaba erecto , ansioso empecé a lamerlo y acariciarlo suavemente, ella empezó a gemir quedamente, mi lengua empezaba a hacerla sentir un goce máximo, sus piernas se contraían cuando mi lengua recorriendo de abajo hacia arriba se deleitaba acariciando esos labios rojos y henchidos de pasión hasta culminar en su clítoris, ese rubí perfecto que adornaba su Monte de Venus, ese pequeño penecillo en donde seguramente estaban concentrados todos las terminaciones nerviosas de esa zona erógena. Sus gemidos empezaban a subir de volumen y temeroso que algún pasajero oyera ese ruido tan característico opté por pararme y abrochándome el pantalón la levanté y con un ademán muy diciente y entendible le sugerí que fuera al baño. Ella así lo hizo y yo la seguí para encerrarnos en ese pequeño habitáculo a terminar lo que habíamos empezado. Fue solo cuestión de minutos, parecía como si fuéramos viejos amantes, muy rápido cayeron nuestras prendas al suelo, sus hermosas tetas quedaron a la mano, eran dos preciosos senos, grandes, turgentes, adornados con hermosos pezones que incitaban a acariciarlos y lamerlos intensamente, su Monte de Venus descollaba sobre su abdomen tallado artísticamente, parecía una estatua de una diosa escapada del Olimpo, la empecé a besar con pasión, primero su boca , luego su cuello, pasé con detenimiento por sus senos y llegué por fín a ese coño que ahora se abría para recibir no solo mis besos sino mi pene erecto que deseaba ingresar a esa ruta de placer. Ella se sentó en la taza del sanitario, abrió sus piernas y mi tolete penetró rauda en esa vagina lubricada . Yo quedé un poco incómodo por mi altura y de común acuerdo cambiamos de posición, ahora fui yo el que me senté y ella a horcajadas y frente a frente se montó sobre mi verga erecta y como una adiestrada amazona empezó a cabalgar, sus cuerpo subía y bajaba al principio en forma lenta, luego fue creciendo su aceleración y al sentir mi verga en lo más recóndito de su vagina me hacía estremecer de pies a cabeza. Sus grandes y hermosos senos se balanceaban delante de mis ojos y yo desesperado los tomé para estrecharlos y acariciarlos , trataba inútilmente de lamer sus pezones pero el ritmo vertiginoso que estaba tomando su cabalgar hacía imposible esa tentativa, la cabalgata llegaba a su fin, los espasmos de mi pareja y los gemidos de placer y lujuria me indicaron que había logrado su orgasmo. Descansó un poco y al ver que mi erección continuaba se pegó a mi verga para colmarla de besos y chupones, yo estaba que descansaba pero no quería hacerlo en su boca, ella adivinando mis pensamientos me dio la espalada y agachándose colocó sus manos en la taza y levantando su culo al máximo me ofreció ese precioso ano, no lo pensé dos veces y acercando mi boca empecé a acariciarla y juntando sus líquidos vaginales con un poco de saliva lubrique su ano y abriendo sus nalgas empecé a busca esa preciosa y estrecha entrada, fueron unos pocos intentos cuando logré penetrar esa apretada entrada, cuando sintió mi verga en sus entrañas la mujer se estremeció y empezó a mover su culo frenéticamente quizás para mejorar su posicionamiento y lograr obtener el máximo de placer, ya posicionada mi verga en ese culito empecé a meter y sacar mi pene que pronto fue sintiendo esa bella sensación de encontrar unas paredes estrechas y cerradas. Sentí que venía un orgasmo de locura, con movimientos rápidos logré alcanzarlo y un rio de semen lubricó su culito. Me sentí desfallecido y apenas pide subirme el pantalón y acomodar mi camisa, mi compañera se vistió tan rápido como pudo. Ella salió primero, luego yo la seguí y justo al acomodarnos en nuestros puestos el tintineo de unas campanas no anunciaron que habíamos llegado. Me picó el ojo , se levantó y esbozando una sonrisa socarrona se despidió con un leve movimiento de mano.
Yo me levanté , tomé mi maletín, recogí la prensa cuyos titulares nunca acabé de leer y me dispuse a bajarme del tren….todo sucedió tan rápido que olvide preguntarle hasta el nombre…








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