Cuando conocí a Luz Marina supe enseguida que iba a ser mi esposa, era una niña preciosa, parecía una muñequita con sus ojazos grandes y negros, su pelo ligeramente crespo que caía a sus espaldas, con su boca pequeña de labios rojos y su dentadura perfecta, sus pestañas crespas y sus cejas bien delineadas, su cintura pequeña , sus caderas voluptuosas y sus senos medianos pero turgentes, sólo le faltaba un poco de estatura. Amiga de andar perfectamente maquillada, bien vestida y sobre todo con una elegancia y un porte que no la dejaba pasar inadvertida. Fue amor a primera vista y pronto nuestro romance terminaría en el altar. Fue una boda sencilla, sin aspavientos pero llena de detalles bonitos.
Nuestra luna de miel fue espectacular, pude darme el lujo de encontrar una mujer bella y mejor aún todavía virgen, la noche que la tuve por primera vez en la cama fue de película, la llené de caricias y besos de pies a cabezas, le hice el amor como sólo lo hace un hombre enamorado, la llevé al climax no una vez sino varias veces la misma noche, el sexo y la lujuria se desbordaron y sólo las sábanas de nuestra cama fueron testigos de la pasión desbordada. Esa noche descubrí entre otras cosas que mi esposa era una incansable para hacer sexo oral, y la verdad que en eso también coincidimos, pues prefiero una buena mamada que una penetración, no sé si serian recuerdos de mi juventud que asociaban el sexo oral a mi primera experiencia sexual. Con Luz Marina empecé a saber lo que es una excelente felación. De hecho se convirtió en la sorpresa de cada día saber que variante le daría a la felación , hasta que un viernes ocurrió algo que marcó mi vida. Yo estaba acostado en el sofá con la cabeza en el descansa brazos y con mi pene erguido, Luz Marina arrodillada me hizo encoger las piernas y separarlas lo que más pudiera, luego tomó mi verga y empezó a engullir mi tolete, su boquita aunque pequeña tenía la rara capacidad de albergar toda la longitud de mi pene y además de eso proporcionar unas succiones y unos lametazos que me subían al cielo, de pronto ella tomó un cojín y colocándolo bajo mis caderas hizo que mi cuerpo quedara en una elevación adecuada que le daba una facilidad asombrosa para hacerme un sexo oral especial, de pronto un dedo penetró por mi culo, me tomó de sorpresa y unido al dolor sentí un escalofrío , era dolor y placer, mientras ella empezaba a mover su dedo en mi culito su boca me succionaba con placer, yo sentía que levitaba de la emoción, supe que un orgasmo venía en camino y también sabía que esa lechada de semen ella quería bebérsela. Era adicta a tomar mi semen, decía que era una fuente de proteínas y sobre todo de colágeno que le servía para su piel. De pronto ella me preguntó si haría cualquier cosa que me pidiera, yo que estaba al borde del orgasmo le dije que sí, que cualquier cosa que me pidiera yo la haría. Creí que esa expresión no era relevante pero el tiempo me daría su tajante respuesta. Al fin mi orgasmo llegó y una cantidad de semen espeso llenó la boquita de mi esposa, fue tanta la leche que ésta resbalaba por la comisura de sus labios pero ella con su lengua lo recogía para no dejarlo perder.
El viernes siguiente antes de salir para el trabajo mi esposa me pidió que llegara temprano que me tenía una sorpresa, acuciado por la curiosidad esperaba impaciente la hora de salida para llegar a mi casa. Como trabajaba de lunes a viernes habíamos acordado con mi esposa de hacer algo especial todos los viernes, así que no tenía ni idea de lo que tramaba mi mujer pero al fin y al cabo tenía todo el sábado para descansar. Cuando llegué encontré a mi esposa enfundada en una sudadera mía, tenía una cachucha y el pelo recogido. Con maquillaje se había puesto un pequeño bigotico y en términos generales daba la apariencia de un hombrecito delgado y bajito. Me dio un beso y me dijo que quería vestirme ese día de mujer y maquillarme, mi sorpresa fue mayúscula, traté de negarme pero ella me recalcó la frase que el viernes pasado se me había escapado, yo haría lo que ella me pidiera, con resignación procedí a desvestirme, ella presurosa me pasó una minifalda y con ella una pequeña tanga color rojo. Miré a mi esposa incrédulo, pero ella con un gesto muy diciente me confirmó que me la pusiera. Me puse las tangas y luego la minifalda, me sentía incómodo pero no había nada que hacer, luego una blusa trasparente completó mi indumentaria. Mi esposa fue a su cuarto y regresó con unos zapatos negros de tacón alto y unas medias negras enmalladas. Me ayudó a colocar las medías y luego me enfundó los zapatos, me pidió que caminara y casi me caigo, no podía manejar esos tacones, ella muerta de la risa empezó a explicarme la manera de pisar y de deslizarme por el piso. Me llevó al tocador que tenía en el cuarto y sacando sus acuarelas y maquillajes procedió a pintarme los ojos, las pestañas, encresparme las cejas , y por último pintó mis labios con un labial de color rojo encendido. Me llevó hasta el espejo , al mirar la imagen quedé boquiabierto, parecía una mujer de verdad, la fisonomía fina de mi rostro y la falta de barba me ayudaban para parecer un rostro femenino, sólo había un lunar en la indumentaria y ella enseguida lo notó. Mi pecho completamente plano no le daba ni la forma , ni el sex appeal que ayuda a las mujeres en esa parte del cuerpo. Me quitó la blusa , tomó un brasier de ella , lo anudó en mi espalda y rellenando de algodón sus copas lo colocó sobre mi pecho, luego anudó la blusa y nuevamente me llevó al espejo. Definitivamente quedé sorprendido , de lejos parecía una mujer y además para mi vanidad una mujer muy bonita. Mi esposa fue a la nevera, sacó una champaña especial, sirvió dos copas, colocó música y me invitó a bailar. Al principio casi me caigo pues al girar mis zapatos se trabaron y, ella me ayudó y retomando el paso empezó a pegarse a mi cuerpo, aunque todos los acontecimientos que antecedieron me habían desestimulado mi excitación sexual poco a poco la champaña empezó a surtir su efecto, ayudado por el efecto de la música me fui embriagando ,mi esposa empezó a desnudarme, primero fue la blusa que quedó en el piso, luego ese brasier lleno de algodón, cuando llegó a la minifalda mi esposa soltó una carcajada , una tremenda erección tenía soliviada mi tanga y mis medias también estaban levantadas. Ella me quitó los zapatos, luego las medias y por último me dejó un rato en tanga. Era chistoso ver le diminuta prenda tratando de albergar mi pene erecto. Ella por fin me bajó las tangas y empezó a darme lo que más sabía, una mamada de verga con todas las de la ley, pronto recibiría una sorpresa más, pues cuando llegó el momento de introducir su dedito en mi culo sentí algo más grande y más duro, era un consolador anal de unos doce centímetro de largo que había comprado y que ahora estaba penetrando por mi recto, como tuvo alguna resistencia inicialmente mi mujer lo lubricó una y varias veces , con paciencia empezó a introducirlo hasta que por fin lo pudo insertar por mi esfínter anal que gracias al lubricante cedió y abrió las puertas de mi culo para albergar ese nuevo juguete.
No sé si era el efecto de la champaña, no sé si era el ambiente de lujuria que nos acompañaba pero ese consolador empezó a enloquecerme , su grosor y sobre todo su longitud empezaron a arrancar en mis paredes rectales verdaderos gritos de placer, y mi esposa que sabía cómo manejar ese artefacto se prodigaba en masajes que me estaban desencadenando una tormenta de pasión. Y cuando el consolador estaba llegando a lo más profundo de mis entrañas empezó a mamarme la verga como solo ella lo sabía hacer. Fui al cielo y volví , mis gritos de placer se oyeron estruendosos obligando a mi esposa a colocarme la almohada en la boca para mitigar un poco el ruido, cuando mi orgasmo terminó mi mujer empezó a masturbarse con el consolador y obtuvo también un orgasmo sonoro que disfruté con placer y luego con mi boca recogí todos esos efluvios vaginales que para mi eran una ambrosía y que se aglutinaban ahora en su vagina.
La semana siguiente fue de eterna espera , estaba ansioso de que llegara el viernes para esperar con qué saldría mi mujer, sin embargo para no perder la costumbre y para mejorar las técnicas ella me obligaba a maquillarme todas las noches y lo que para mi antes era un sacrificio ahora era algo rutinario , también me acostumbre a dormir con la ropa de ella y tanto había progresado que ahora usaba seda dental y su delgada tira de tela que antes me pelaba el culo ahora me rozaba sensualmente creándome una excitación anal que lógicamente mi mujer me la quitaba con una penetrada por mi culito con su poderoso consolador. Tanto me gustaba ese procedimiento que ahora lo primero que hacía mi mujer cada mañana era darme dos besos apasionados, untarme el lubricante en el culo , penetrarme hasta donde daba el consolador y por último darme la mamada de verga matinal.
El jueves por la noche mi esposa me dijo que el viernes venía a visitarnos un primo que llegaba de la Costa, y que esa sería mi prueba de fuego para ver que tanto podía engañar a un hombre, me mostró un brasier que había comprado y cuyas copas estaban rellenas de un material que tenían hasta pezones casi naturales, esa misma noche empezó a darme clases para sentarme en forma sugestiva, como debía llamar la atención con el manejo de la minifalda, en fin para parecer una mujer seductora. Esa noche me probé el brasier, era perfecto y sus dos copas rellenas daban la apariencia de un par de senos turgentes y provocativos. Para completar el atuendo sexy me llevó unos panties levanta colas que daban la apariencia de tener un trasero paradito y bien firme. Cuando me miré al espejo quede anonadado, mi figura era espectacular y cualquiera podía ser engañado.
Llegó por fin el ansiado viernes, estaba muy nervioso, cuando llegué al apartamento mi esposa de una vez se dispuso a vestirme de mujer, primero una seda dental negra que se ajustaba a mi culo y cuya tira de tela me rozaba el ano en forma erótica, luego unas medias enmalladas negras que los ajustó con un liguero del mismo color, luego un vestido rojo de una pieza con un escote pronunciado y una raja lateral que dejaba toda la pierna al descubierto.
Pronto llego el primo de mi esposa, era un hombre alto, joven y bien parecido, se notaba una rara aura sexual a su alrededor, era un erotismo innato. Mi esposa me presentó como una amiga, él no disimuló y miró mi escote y luego la raja pronunciada de mi vestido. Las dos nos sentamos en el sofá y él en una silla frente a nosotros. Servimos unos tragos y pronto nos enfrascamos en una charla que empezó a tomar ribetes picantes en los cuales el sexo era el tema central. De pronto sentí que la mirada del primo estaba clavada en mi entrepierna, mis largas piernas se habían separado levemente y dejaban ver parte de mi tanga. Esa mirada quería penetrarme, como sin querer queriendo separé más mis piernas y mi tanga quedó nítida frente a su mirada, el hombre se puso cada vez más nervioso y sus ojos querían escrutar mi supuesta vagina. Mi esposa llamó a su primo y lo sentó entre las dos, al pararse vi que tenía una erección pronunciada que trató de disimular, pero no lo logró. Mi esposa se sonrió del incidente y como queriendo cogerle la pierna resbaló sus manos hasta coger esa verga que ya estaba poniéndose más erecta, con un gesto me insinuó que hiciera lo mismo. Al principio no lo creía, yo estaba permitiendo que mi esposa estuviera acariciando la verga de otro hombre, pero más que mi orgullo herido estaba mi deseo de hacer lo mismo. Entre las dos le sacamos la verga al primo y empezamos a darle una mamada de película, mientras mi esposa tenía esa verga en la boca yo acariciaba el cuerpo del pene y sus testículos , luego cambiamos y yo empecé a mamarle la verga al primo mientras él acariciaba a mi esposa cogiéndole sus senos y buscando su vagina, empezó a acariciarla con sus dedos penetrándole su sexo en mi presencia, pero yo estaba en otro cuento era la primera vez que tenía una verga de verdad en mi boca, y no podía describir esa sensación tan deliciosa. Esa verga era como si tuviera vida propia, la sentía tan mía y tan rica, empecé a mamarla con intensidad hasta que el primo se derramó, un rio de leche corrió por mi boca me deleite con ella como si fuera una golosina deliciosa, su semen blanco, espeso y ligeramente salado era un manjar para degustar. El primo acabó de manosear mi mujer y al sentirse deslechado , ebrio y cansado se despidió de nosotras quedando de volver el otro viernes.
Esa noche me quedé pensativo, mi prueba como mujer había pasado con lujo de detalles, la primera mamada de verga en mi vida había sido deliciosa pero desde el punto de vista objetivo me estaba convirtiendo en un marica y para colmo de males en un marica cabrón. Ese primo parecía que era algo más que un pariente cercano…..sería el mozo de mi mujer..?
Esa semana para mí fue de ansiedad, por un lado estaba anhelante de tener de nuevo esa verga en mi boca pero más que todo quería tenerla en mi culo, quería que me penetrara hasta lo más profundo de mis entrañas, anhelaba sentir esa leche en lo más recóndito de mi culo pero también me ponía a pensar quien era ese primo.
Y llegó al fin el viernes , ese día me puse más sexy que nunca, una atrevida minifalda con unos pantis bien sexis y una blusa trasparente era todo mi ropaje. Ya lo había acordado con mi esposa , en el sofá ella se acostaría para yo hacerle sexo oral, yo por encima del descansabrazos del sofá me inclinaría para chuparle su cosita cuidando que mi pene quedara contra el descansabrazos para que él no pudiera mandarme la mano a los genitales y lógicamente dejaría mi culo expuesto al primo para que él hiciera lo que quisiera. Todo funcionó como planeamos , después de tomarnos unos tragos cuando estábamos super excitados yo acosté a mi esposa en el sofá , empecé a lamerle su cuquita después de despojarla de toda su ropa, clavé mi lengua en su vagina y empecé a lamer su clítoris, la escena puso arrecho al primo que no encontró sino mi culo expuesto y sin pensarlos dos veces me metió su tremenda verga, como estaba anestesiado de tanto licor y tenía tantas ganas de comerme ese tolete no sentí mucho dolor pero un placer indescriptible se apoderó de mi, esa verga entrando y saliendo en un movimiento cadencioso empezó a estremecerme, sentía que el mundo me daba vueltas y ansiaba el momento de la derramada del primo, por fin llegó inundando de semen mi culo, estaba espeso y ligeramente caliente, fue esa ducha de líquido seminal que me llevó a una paz relajante, cuando el primo sacó su verga yo en agradecimiento y lleno de pasión empecé a chupar su verga para no desperdiciar ni una gota de ese líquido sublime. Recosté al primo en el sofá y volví a préndeme de su verga, mi esposa tomando su consolador se me aproximó por detrás y en un movimiento rápido lo clavó en mi culo para darme otra caricia adicional de parte de ella y mientras me penetraba ella se masturbaba con sus dedos hasta que alcanzó su orgasmo
Quedamos los tres extenuados , la verdad hubiera querido estar más tiempo pero temeroso que el primo fuera a buscar mi vagina me retiré a mi cuarto, allí me quedé pensando ….. definitivamente en ese momento yo me sentía más marica que hombre y además de eso un marica cabrón que había compartido el amante de su mujer .
Y todo por una frase que nunca debí decir ni prometer……








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1 comentario
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login EntrarQue buen , espectacular y excitante relato, comparto todas tus fantasias, solo que mi esposa no comparte esa rica experiencia, solo me viste de chica , me arregla me adorna, para que me puedan culiar, luego disfrutamos de mucho sexo cuando le cuento lo sucedido, Felicitaciones!!!