Ella una chica de mi edad (23) con la cual llevaba saliendo unos meses, yo un joven lleno de curiosidad y ganas de experimentar.
Una tarde de martes me pidió que la acompañara a su universidad (la Nacional) acudí al lugar sin esperarme más que unos cuantos besos y una amena conversación, así transcurrió parte de la tarde, diligencias administrativas, entrega de trabajos pendientes, encuentros con sus compañeros etc.
Llegadas las 6 pm, hora en que junto con la aparición de la noche, por una extraña razón también se avivan todo tipo de pasiones en la humanidad; nos dirigimos al parqueadero, donde se encontraba su vehículo, que tenia los vidrios algo oscuros y se encontraba en una zona relativamente transitada. Ambos nos sentamos en la parte trasera, sostuvimos una corta charla que cambió de rumbo cuando empezamos a besarnos ya con algo de entusiasmo, luego pasé a tocar sus piernas pues sabía que era de su agrado, a medida que pasaban los segundos y se avivaba la pasión yo rozaba sus genitales con mis dedos por encina de su pantalón que al ser de un material flexible facilitaba mis intenciones, cuando sentí algo de humedad en su entrepierna y estaba a punto de proponerle que fuéramos más allá , ella se adelantó, y para mi sorpresa me propuso buscar un sitio más escondido para poder continuar.
Encontramos una vía destapada contigua al estadio, allí estacionó y se pasó de nuevo a la silla trasera junto a mí; lo único que me hacía pensar en detenerme era un conjunto cerrado que estaba al frente y desde el cual probablemente alguien podía vernos, pero más pudo el deseo, retome los besos apasionados, las caricias fueron subiendo de nivel, ahora tocaba sus grandes y bien formados senos mientras ella empezaba a jadear de placer y de cuando en cuando bajaba un poco su pantalón hasta que pude tocar sus genitales desnudos, cada vez estaba más mojada y dejaba escapar algún leve gemido, lo que me producía gran excitación; cuando dijo “ házmelo ya”, la penetré y sentí un placer indescriptible que se mezclaba con la adrenalina que produce la posibilidad de ser descubierto, de repente dejaron de importarme los vidrios notoriamente empañados, o el notorio movimiento del auto, ambos lo disfrutábamos, en mi último suspiro de placer me pidió que me viniera en sus nalgas, así lo hice y así terminó nuestro encuentro.
Lo que creo que nunca terminará, será el recuerdo de mi primera experiencia de ese tipo, que resultó bastante novedosa para mí.








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