EL OSO DE PELUCHE
Conocí a Lauren por casualidad, y como dicen las novelas rosa sentí por esa chiquilla un amor a primera vista, tenía un rostro hermoso, un cuerpo delgado y sus curvas eran las de una chica que todavía no ha llegado a su plena madurez, sus ojos verdes contrastaban con una cara morena adornada por una pequeñas pecas que le daban un aire de niña, su boca muy roja con unos labios carnosos incitaban a besarla con pasión, pero había en ella un cierto temor que parecía aislarla de los demás. Ese mismo día conocí su madrina con quien vivía, era una mujer cuarentona, de aspecto desafiante, su contextura física daba la impresión de estar frente a una luchadora, espaldas anchas, senos abultados, una cintura ya deformada por una incipiente obesidad ventral, sus caderas amplias y un culo grande pero a primera vista bien tonificado. Apenas llegó tras un breve saludo arrastró a Lauren y se la llevó. Un rostro asustadizo fue la última imagen que quedó grabada en mi memoria.
Con la obsesión de un loco enamorado empecé a rastrear a Lauren, averigüé en primer lugar donde vivía, en que plantel estudiaba, cuál era el horario de sus clases, quien la acompañaba al colegio, en fin todo un esquema de inteligencia para poder acercarme a ella. Como punto fundamental descubrí que su madrina nunca la dejaba sola, a todas partes la acompañaba, era una sombra que no se despegaba de ella, pero lo que me seguía intrigando era ese temor que se traslucía en la cara de Lauren.
Me valí de una amiga común que me llevó a su casa, a regañadientes su madrina accedió que la visitara un día a la semana como un amigo ocasional, siempre y cuando ella estuviera presente. El primer día que la visité no cabía de la dicha, por fin conocí su hogar, era una pequeña casa que constaba de una sala y una pequeña alcoba en donde dormían ambas mujeres. Su cocina era casi pegada al baño y el patio de ropas era una pequeña área.
En esa visita traté de mostrar lo mejor de mí , Lauren habló de cosas baladíes, del colegio, de sus amigas, de sus aficiones que era ver telenovelas, en un momento que su madrina salió a la cocina a traer un tinto me dijo que había perdido sus padres y que su madrina la tenía casi secuestrada. Esas palabras me hicieron estremecer, ahora comprendía porque de esa mirada temerosa, sin comentar nada me despedí prometiéndole que la volvería a visitar.
Esa noche casi no pude dormir, esas palabras resonaban en mi cabeza, secuestrada… podía ser una posibilidad pero cómo probarlo, como desenmascarar ese comportamiento. De pronto algo se me ocurrió , trataría de espiarla. Al otro día muy temprano me dirigí a un almacén de regalos y compré un oso de peluche, el más grande que encontré, con ayuda de un amigo acondicioné unas minúsculas cámaras de video en los ojos del osito, su poderosa tecnología permitían una toma de imágenes en un ángulo my amplio, su alta definición dejaba ver imágenes nítidas y una cámara infrarroja podía obtener visión nocturna por más que escasa que fuera la iluminación. Pero lo mejor de todo era que yo podía monitorearlo desde mi computador.
Contento con mi osito fui a visitar a Lauren , en presencia de su madrina que no la dejaba sola ni un instante le entregué mi regalo sorpresa, ella muy sorprendida se puso dichosa, era el primer regalo de un extraño, le pedí a Lauren que lo colocara en su pieza ojalá frente a su cama para que todas las noches lo pudiera mirar, ella asintió y de una vez corrió a colocarlo en un mueble frente de su dormitorio, complacido con su ubicación charlé unas pocas cosas más y me retiré .
Ardía de impaciencia para que llegara la noche, quería saber que pasaba en esa casa, quería indagar por qué el temor de Lauren, ansiaba conocer por qué ese aire posesivo de su madrina, pronto lo sabría y eso era lo importante.
Serían las nueve de la noche cuando me conecté a las cámaras instaladas en el inocente oso de peluche sin embargo el cuarto estaba vacío , sin lugar a dudas todavía estaban viendo telenovelas, esperé un poco más y volví a conectarme, esta vez las imágenes llegaron nítidas a mi monitor. La madrina de Laurent, doña Sara se estaba desvistiendo para ir al baño y tomar su ducha antes de acostarse. Pude verla desnuda, sus tetas eran grandes y ligeramente caídas, sus pezones eran largos y de un tono marrón, su bajo vientre mostraba su obesidad que casi tapaba su sexo, el pubis mostraba una vagina con un pelo entrecano y en la entrada de su vagina una sombra un poco más oscura indicaba el comienzo de su gruta vaginal. Al darse vuelta para ir al baño me mostró su culo enorme, sus nalgas aun firmes se balanceaban rítmicamente al caminar y aunque no era una belleza al menos no desentonaba .En esas apareció Lauren, todavía llevaba su ropa de calle, se sentó en la cama y empezó a quitarse sus prendas. Primero la blusa, luego su falda plisada, zafó su brasier y éste cayó a la cama dejándome ver unos senos medianos de una blancura extrema y con unos pezones pequeños que parecían dos pequeñas cerezas. Con sus dos manos las acarició y haciendo un esfuerzo se chupó sus pezones que lentamente despertaron de su letargo. Se quitó su pequeña tanga y apareció su sexo, era una preciosidad de vagina, su Monte de Venus era pronunciado y sobresalía de su cuerpo gracias a su abdomen completamente plano, su pubescencia dorada semejaba un triángulo de oro en el que se distinguía por su contraste de color su clítoris en la parte superior, ella deslizó sus dedos por esa vagina como pretendiendo despertar ese pequeño volcán que seguramente tenía en sus entrañas. Doña Sara llegó en ese momento y viendo su ahijada corrió a abrazarla, pero su abrazo no era de simple protocolo ni de cariño maternal, se veía que detrás de ese abrazo había pasión y lujuria. Laurent la apartó un poco y se fue para el baño. Doña Sara se quedó esperando su ahijada tumbada en la cama, empezó con sus manos a acariciarse los inmensos senos , especialmente a darse pequeños pellizcos en sus pezones hasta colocarlos erguidos y erectos. Cuando los vió así empezó a acariciarlos suavemente lubricando la yema de sus dedos con un poco de saliva, tal vez la leve caricia en esa zona tan erógena empezó a excitarla porque de repente sus dedos fueron a su sexo, tomando en pacha sus dedos índice y medio los metió en su sexo y empezó a moverlos en su interior. Sacó sus dedos empapados en su líquido vagina y empezó a chuparlos. En ese momento Lauren llegó del baño, apenas si se había secado la cara, gotas de agua corrían por su cuerpo desnudo, sus senos parecían desafiar la gravedad pues se mantenían completamente horizontales mostrando sus pezones erectos. En ese preciso momento empezó un espectáculo difícil de digerir. Doña Sara sacó una pequeña fusta de la mesa de noche, se la mostró a Lauren y ella obedientemente se acostó en la cama con su madrina. Doña Sara empezó a besar a Lauren en la cara, luego en el cuello, luego su frente y finalmente su boca. La chica no parecía disfrutar de estas caricias pero asustada miraba la fusta que pronto fue a golpear sus bellas nalgas, no eran golpes fuertes pero si dosificados de tal manera que antes de dolor empezaron a excitar a Laurent. La chica al segundo golpe empezó a chupar esas enormes tetas, como eran tan grandes las tomaba una por una con las dos manos, las alzaba un poco para compensar el desplome de las mismas producidas por la edad y se aferraba al pezón ora succionando, ora acariciando y otras veces masajeándolas con las manos. Doña Sara empezó a perder la compostura, sus muecas de placer desdibujaban su rostro, leves gemidos empezaron a brotar de sus labios, pequeños gritos de lujuria se escapaban de su boca y uno que otro madrazo era proferido por el placer sentido. Doña Sara levantó nuevamente su pequeña fusta y propinando otro pequeño fuetazo en las nalgas de Lauren arrancó un gemido de placer de la chica que como una mascota acondicionada bajó enseguida al sexo de doña Sara para empezar a acariciar el sexo de la madrina, primero fueron besos con lengua que deslizaron a los largo de la vagina, luego fueron penetradas lentas pero firmes de la lengua de Lauren que hacía temblar a Doña Sara, luego la lengua de Lauren buscó el clítoris de doña Sara y se posó es ese pequeño capullo para lamerlo y chuparlo, la mujer empezó a contornearse en la cama, sin duda esa caricia era capaz de hacerla vibrar, mientras Lauren lamía y lamía ese clítoris ahora erecto sus dedos buscaron la vagina de doña Sara y penetraron por esa gruta de placer para darle la caricia más erótica a su madrina. Ella se revolcaba en la cama, a pesar de su peso corporal sacaba fuerzas para mover su trasero y buscar más y más placer,. Al borde casi del orgasmo otra vez doña Sara sacó su pequeña fusta y aplicó otro latigazo en el trasero de Lauren que ahora tomaba un pequeño color rosáceo producto de los fuetazos recibidos. Nuevamente Lauren como un perro obediente fue a la mesa de noche y sacando un consolador de enorme longitud lo lubricó con una crema especial y empezó a acariciar la vagina de doña Sara, con mucha paciencia y gran delicadeza , friccionaba la cabezota del consolador en el clítoris, en la vagina húmeda, donde lo impregnaba de los fluidos para dárselos a probar a doña Sara que los lamía con verdadero frenesí. Lauren tomando una posición estratégica y como el gran matador que espera la culminación de la faena hundió con gran presteza el consolador que entró sin obstáculos por esa gruta y se fue al fondo de su vagina. Doña Sara cundo sintió ese enorme falo en las paredes más intimas de su ser empezó a gritar como enloquecida y Lauren solo pudo callarla tapando su boca con las manos, luego de asegurarse que el consolador estaba completamente metido procedió como una máquina fríamente programada a meter y sacar ese falo de silicona simulando un encuentro amoroso al límite hasta que doña Sara obtuvo el orgasmo deseado. Fueron breves momentos en que doña Sara a pesar de su edad y su descomunal cuerpo se contorsionó como una chica de veinte años cuando se encuentra con alguien que la hace vibrar. Doña Sara quedó tendida en su cama, Lauren como en un ritual que se repite de memoria pasó el enorme falo a doña Sara que se lo llevó a su boca chupándolo y besándolo como una mujer que idolatra un fetiche imprescindible.
Lauren se acostó a su lado, ella le dio un beso en la frente, le echó la bendición y ambas se quedaron dormidas. Me desconecté de mi osito y aunque no lo crean esas imágenes me habían puesto tan arrecho, que esa noche me masturbé como un loco y también me quedé dormido.
Al otro día fui a visitar a Lauren , con mentiras le sonsaqué el oso de peluche alegando que iba a pedir una garantía al vendedor , el propósito era el de retirar la película que llevaba incorporada para tenerla como una prueba de la tiranía y el acoso sexual de doña Sara hacia Lauren , pero después viendo el video con calma llegué a la conclusión que doña Sara también podría darme una satisfacción sexual y en un momento dado compartirla con Lauren.
Doña Sara todavía tenía muchas cosas que disfrutar y yo podría ayudar no solo a esa madrina ardiente sino también esa ahijada que por lo que se veía era una candidata para ser una esclava sexual obediente a cualquier capricho de un amo curioso, novedoso y exigente….y ese amo podía ser yo.








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1 comentario
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login Entrarmuy bueno hombre, me gusto buen relato explicito, rico lo suficientemente largo para atrapar espero continues lasaga