ESPERANDO A OSCAR
Era una tarde mágica, el ocaso se dibujaba sobre el inmenso mar y ella caminaba sin rumbo fijo absorta en sus pensamientos, el día tan esperado había llegado, hoy se iba a ver con su primer amor, con el único hombre que había llegado hasta el fondo de su alma. El destino los había distanciado por mucho años pero nuevamente los quiso juntar. Ella estaba casada, el también estaba casado pero sus vidas eran unas farsas delante de la sociedad. Hoy darían rienda suelta a sus impulsos más salvajes, hoy iban a enloquecer de pasión, de lujuria , de deseos incontrolados, iban a dar rienda suelta a sus deseos más íntimos, hoy sería una tempestad de sexo.
Desde que había encontrado a Oscar sus ardorosos mensajes la habían vuelto a la vida, sus frases amorosas y lujuriosas habían llenado su ser de deseos impuros, sus cuestionamientos de la falsa moral disfrazadas de tabúes especialmente los sexuales la habían despertado a una nueva realidad. Incluso la idea de probar el sexo con otra mujer la habían obligado a pensar de una manera diferente. Se acordó de su amiga, una hembra en todo el sentido de la palabra, una bella mujer que la deseaba intensamente así no lo dijera abiertamente pero sus gestos, su trato, su deseo de complacerla en muchas cosas le indicaban que esa amiga deseaba estar con ella . De una manera disimulada había querido acercarse a ella, pero su comportamiento la había asustado, cada vez que ella ponderaba sus manos y se las tomaba para acariciarlas disimuladamente ella las apartaba enseguida, cada vez que acariciaba su pelo alabando su peinado ella se llenaba de temor. Hoy se lamentaba y deseaba tener la proximidad de su amiga pero era tarde ahora ella tenía una relación muy seria con una mujer posesiva que no le dejaba la más mínima posibilidad de acercarse a ella. Sin embargo ahora deseaba acariciarla y ser acariciada por esa amiga, se imaginaba ese pubis pecaminoso, ese Monte de Venus precioso, esa vagina ardiente y ese clítoris erecto que sin duda sería lo más delicioso para acariciar. Sólo habían tenido un leve contacto en el vestier de un club vacacional, ambas fueron a colocarse sus respectivos vestidos de baño y su amiga en una forma atrevida se había desnudado delante de ella , ahí pudo apreciar esos tesoros escondidos, unos senos grandes adornados por unos pezones puntudos y erectos, un pubis adornado por una pubescencia negra y tupida que simulaba un triángulo de pasión, unas nalgas firmes y turgentes que invitaban al pecado, sin embargo quedó frenada y cuando quiso reaccionar otras personas venían entrando al vestier y ahí se acabó esa pequeña intimidad.
El timbre de su celular la volvió a la realidad, era Oscar que le avisaba que por una infortunada demora en el Aeropuerto llegaría unas dos horas más tarde de lo previsto , siguió caminando por la playa contemplando la puesta del sol y el multicolor ocaso que llenaba de color el paisaje. De pronto vio a lo lejos una especie de oasis en la inmensidad de la playa, se encaminó hacia allí buscando un poco de sombra , era una pequeña isla de cocoteros con una vegetación variada. Se aproximó y oyó un ruido que le llamó la atención, aguzando más sus sentidos y con la complicidad del silencio del lugar pudo escuchar los jadeos inconfundibles de una pareja haciendo el amor, amparada con lo enmarañado del follaje distinguió un par de jóvenes que se acariciaban intensamente y querían comerse el uno al otro, unas piedras estratégicamente colocadas servían de tálamo para aquella pareja que tenía ya un encuentro rayano en un orgasmo. Sus cuerpos desnudos la excitaron, las caricias cada vez más atrevidas la llenaron de deseos y de lujuria y cuando los chicos decidieron hacer un 69, sus ojos quedaron sorprendidos de sus orificios sexuales, la joven tenía una vagina preciosa y su abertura con una pubescencia de rizos negros y entrelazados sobresalían en ese Monte de Venus envidiado por cualquier diosa, el culito de la chica estaba apretadito a pesar de que la lengua del chico trataba de abrirla con su lengua y con sus besos ella mantenía la solidez de una barrera infranqueable, acomodándose en el tálamo pe treo se dispusieron a una sesión ardiente de sexo oral, pronto sus caricias compartidas los estaban llevando al orgasmo …pero pasó algo raro ….un sonido estridente de una sirena se oyó en la lejanía …fueron tres veces que el sonido rompió el silencio de la serena tarde…el chico se apartó de la chica, corrió a vestirse y salió corriendo hacia la playa. A lo lejos se veían otros jóvenes que salían de lugares apartados y se dirigían a la playa. La chica casi al borde del orgasmo quedó excitada y yo en mi escondite estaba peor que ella, mi vagina húmeda me pedía a gritos una caricia penetrante pero estaba sola, Oscar todavía no llegaba. Dando un pequeño rodeo llegué hasta donde la chica simulando ser una turista despistada y le pregunté donde había una tienda o bar porque estaba muerta de sed. Ella me ofreció un vaso de agua de coco que llevaba en una vasija el cual tomé rápidamente. Le pregunté a que se dedicaba, ella todavía con voz entrecortada por la excitación me respondió que vendía chaquiras, agua de coco, hacía masajes y otras cosas. Hice una rápida revisión de la situación y opté por decirle que necesitaba un masaje, para eliminar el estrés que me aquejaba. Ella me pidió que me quitara el pareo y quedé en mi traje de baño de dos piezas, me hizo acostar en las piedras donde ella estaba con el chico y sacó un pequeño maletín, me hizo acostar boca abajo y me pidió que me relajara. Con sus manos suaves desabrochó el tirante del vestido y vertió en mi espalada un aceite ligeramente caliente y muy oloroso, sus manos empezaron a darme un masaje relajante, pero noté que no era ese masaje profesional mecánico sino era una caricia sensual llena de energía , yo diría que estaba pensando en su amado y que esas caricias las hacía pensando en él. Sus manos resbalaron a los lados de mi espalda tocando lateralmente mi senos, me sentí excitada y los pezones de mis senos se pararon como dos antenas receptoras de pasión, luego sus manos bajaron más por mi espalda y yo casi en un susurro le pedí que deslizara más hacia abajo sus manos al mismo tiempo que bajaba mi vestido para ofrecer mis nalgas a un masaje más erótico, sus manos empezaron de recorrer mis glúteos y como mi vestido estorbaba lo bajó de un solo movimiento, tomó más aceite del maletín y regando en mi trasero abundante aceite procedió a masajearme, fue tal el exceso que un pequeño chorrito de aceite se deslizo por la raja de mis nalgas hasta mi orificio anal, ella por tratar de recuperar ese aceite deslizó sus manos por la rajita divisoria de mis nalgas y sin quererlo un dedo delgado y juguetón se metió en mi culito, fue algo inesperado pero delicioso, sólo de sentirme tocada por ese orificio `prohibido me hizo temblar de emoción, asustada creyendo que me había lastimado pidió perdón, sólo le sonreí y le dije que al contrario me había hecho estremecer de pasión, la chica me hizo cambiar de posición , ahora quedé boca arriba con mis senos completamente destapados, mis pezones de la excitación estaban erectos y desafiantes y mi sexo estaba frente a ella con su maraña de rizos negros humedecidos, con un clítoris que se asomaba tímidamente pero con una rigidez envidiable, al principio miró como temerosa, yo intuyendo su sorpresa encogí mis piernas y las abrí lo más que pude resaltando de esta manera mi pubis, abrí y cerré mis piernas en un mensaje de invitación a que se acercara , ella entendió el mensaje y lentamente vino a mi sexo, se colocó de rodillas y empezó a explorar mi vagina con su boca, empecé a retorcerme de sus caricias maravillosas, su lengua lamía mi labios vaginales de una forma sutil pero excitante, un tímido beso en mi clítoris me sacó un quejido de placer, luego sus delgados dedos empezaron a explorar mi vagina humedecida, sus caricias me hacían ir al cielo, la tome de la cabeza y la metí entre mis piernas para que saciara todos sus deseos, su lengua lamía mi clítoris en una caricia loca y atrevida, me sentí cerca del cielo, Oscar tenía razón , la mujer contaba con una rara habilidad de llegar a las zonas más erógenas pues las conocía suficientemente y sin necesidad de violencia sino de caricias firmes y prolongadas hacían vibrar las fibras más íntimas de mi vagina, su lengua lamí mi clítoris a la vez que sus dedos exploraban mi vagina, el orgasmo llegó inmenso, era una sensación de emociones reprimidas que afloraron como un volcán, los espasmos hacían sacudir mi cuerpo , agarré la chica de su cabeza y la acerque tanto a mi vagina que casi la asfixio, mis gemidos de placer tuvo que acallarlos con sus manos y después vino la calma, una serenidad que no se puede describir, pero sacando alientos de donde no los tenía me paré y recosté la chica en esa cama de piedra y procedí a retribuirle sus caricias, cuando mi boca llegó al sexo de la joven una aroma intensa e indescriptible me atrajo como un imán, hundí mi lengua en su bella vagina y procedí a degustar ese copioso flujo , la chica se retorcía de placer , luego penetrando su conchita con mis dedos procedí a acariciarla internamente, simultáneamente posé mis labios en su clítoris y procedí a lamerlo con mi lengua, haciéndole círculos concéntricos en el pequeño “penecito” empecé a despertar emociones que tal vez ella no conocía y no se hizo esperar mucho, su orgasmo llegó en una forma violenta, su cuerpo se arqueaba mientras trataba de arañarme en la espalda y en mis glúteos, fueron breves minutos que la llevaron al clímax, quedé sorprendida de que una neófita como yo pudiera hacerle sentir emociones tan fuertes a una mujer.
Me acorde del 69 que estaban haciendo los chicos cuando los descubrí y sin decir palabras me acomodé de tal manera que era imposible no entender ese mensaje que le estaba mandando a esa chica, ella muy pronto se acomodó buscando la mejor posición para sacarle el máximo jugo a esa nueva experiencia, nos lanzamos con nuestras bocas en forma simultánea a buscar nuestros sexos, primero fue su lengua que penetró en mi vagina, le correspondí al instante, después fue la locura nuestras lengua entraban y salían de nuestras vaginas inundadas, mientras nuestras manos apretaban las nalgas , los muslos las tetas, era un solo nudo difícil de desatar, en un momento dado mi boca quedó muy cerca del culito de la chica, era un precioso orificio que me atrajo de inmediato, con mis dedos lubricados por los líquidos vaginales sumados a un poco de saliva empecé a forzar la entrada de esa puerta trasera , al principio la chica opuso un poco de resistencia pero mis dedos y mi lengua fueron abriendo la hermética entrada, la chica empezó a abrir y cerrar su culito, en un movimiento de apertura deslicé mi dedo y pude penetrar el precioso recinto, la chica se excitó demasiado y con su movimiento de cadera hzo que mi dedo fuera penetrando más y más hasta que quedó completamente incrustado en su recto , detuve el movimiento de mis dedos y lo dejé quieto. La chica copiando mis movimientos también me penetró con su dedo, sentí una emoción maravillosa, ese dedo recorriendo mis entrañas me llenaban de caricias nuevas, tenía razón Oscar hay cosas que no se pueden expresar con palabras, son emociones y sensaciones tan inmensas , tan placenteras, tan sensuales y sobre todo tan inolvidables que dejan huellas en el corazón y en el alma. Nuestro dedos nuevamente retomaron el ritmo desenfrenado y como catalizadores de emociones nos llevaron a un orgasmo compartido, simultáneo y enloquecedor. Terminamos exhaustas, ella pensando en su amado, yo pensando en Oscar, pero hubo tiempo para presentarnos, ella se llamaba Glenda y por coincidencia vivía cerca del hotel donde me hospedaba, quedó de pasar más tarde para tomar algo. Antes de despedirme le pregunté porque el chico se había ido, ella me explicó que el sonido de la sirena que había oído era el anuncio del jefe del caserio que avisaba a los chicos del pueblo que los pescadores estaban de regreso y debían dirigirse a la playa a ayudar en las faenas de recoger todas las redes, aparejos, utensilios usados, canoas en fin todo ese aparato logístico que exige la pesca en una playa de pescadores. Ese sonido era un llamado obligatorio y debían suspender cualquier actividad que se estuviera haciendo incluida una sesión de sexo con la persona amada.
Me despedí de Glenda, le agradecí por todo y quedamos de vernos más tarde, una idea se me estaba ocurriendo, quizás poder llevar a la realidad una de las pocas cosas que Oscar no había hecho en su vida, la fantasía de hacer un trío con una desconocida y conmigo. Pero por ahora iría a esperar a Oscar, quedaba mucho por hacer , pero esto te lo contaré en otra historia.








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