Esta historia sucedió hace un año en el barrio donde vivo actualmente, cerca al parque de los leones de Bucaramanga. Acababa de pasar la tarde con un amigo heterosexual que es ahora guardia de seguridad en una de las discotecas más conocidas de la ciudad, su nombre es Alejandro, la historia de él la contaré en otra ocasión. Acabábamos de tomarnos un litro de aguardiente con mi amigo Alejandro e inicie el camino hacia mi casa, sin embargo, por alguna extraña razón, decidí bajarme del bus antes de llegar a mi destino. Normalmente cuando caigo en estado de embriaguez me gusta caminar por las noches en busca de lo que no se me ha perdido.
Caminé por todas partes hasta que encontré a un grupo de jóvenes tomando en un parque, eran unos 10 hombres tomando a eso de las 11 de la noche. Por casualidad, dentro del grupo había un excompañero del colegio, exnovio de una amiga, a quien siempre le había tenido ganas, él me reconoció de inmediato y me invitó a tomar con ellos. Me ofrecieron todo el trago que quisiera y duramos hablando de diferentes temas que a la fecha no recuerdo. Dentro de mi mente deseaba que todo ese grupo de hombres borrachos y hasta drogados me cogieran sin piedad, que me pusieran a chupar como en las películas porno, que me llevaran a un descampado y que me penetraran en fila india. A pesar de mis deseos, eso no sucedió, pasadas aproximadamente dos horas, el grupo decidió cambiar de lugar, nos íbamos a ir a buscar una licorera, la más cercana ya se encontraba cerrada.
Cuando nos encontrábamos ya en movimiento, uno de los manes del grupo se me acercó y me acompañó durante todo el camino, empezamos a hablar de temas de borrachos, a reírnos de tonterías, hasta que llegó un punto en el que me preguntó que si yo era gay, que él ya se había dado cuenta de mi condición. No sé por qué siempre me suceden este tipo de cosas, pero muchos hombres heterosexuales cuando se emborrachan dejan salir todos sus instintos más primitivos, desean sexo fácil con quién los satisfaga, acceden a tener sexo con otros hombres, quizá porque sus mujeres no les dan lo que necesitan, cuando lo necesitan y obviamente, yo no soy quien para resistirme, al contrario, me fascina ser su juguete sexual, en quien descargan todo ese semen acumulado por la falta de sexo. Apenas el tipo empezó a insinuárseme yo no desaproveché la oportunidad, le dije que me acompañara hasta mi casa, que yo vivía cerca de un parque y que a esa hora podía mamárselo sin ningún problema. No recuerdo su nombre, solo recuerdo que el man tenía el corte de pelo al estilo militar, que era levemente más alto que yo, unos 180 cms, llevaba una camiseta blanca con estampados modernos y un blue jean muy al estilo de nuestra generación. Debajo de la camiseta se notaba unos pectorales trabajados, abdomen plano y marcado, los brazos no tan fornidos, pero nada de eso importaba, el morbo de la situación era suficiente para satisfacer mis deseos sexuales.
Nos separamos del grupo, cruzamos un puente peatonal y llegamos al parque cercano a mi casa. Justo como lo había prometido, el parque estaba completamente solo, o almenos eso parecía. Lleve al hetero a la zona de los baños del parque y nos hicimos en la parte trasera. Empecé a tocarle el bulto por encima del pantalón y él empezó a tener una erección. Sin pedirle nada, se abrió el pantalón, me puso de rodillas y se sacó la verga, con una mano me cogió la cabeza y con la otra se cogía su pene, todavía flácido. Comencé chupando con fuerza esa verga lujuriosa, hasta que logré que se despertara totalmente, eran unos 18 cms de largo, no tan gruesa, continué chupando fuertemente, metiéndomela con fuerza hasta la garganta, el alcohol nos estaba volviendo locos, él me decía cochinadas, me decía que yo era su perrita, su putita, que lo chupaba muy rico. Cogió su mano y la escupió, luego empezó a meterme sus dedos en el culo y en cuanto lo hacía, mi culo se dilataba sin ningún dolor, todo era calentura, con cada dedo que me metía solo lo sentía más caliente, al mismo tiempo que chupaba su verga que para ese momento ya se encontraba lubricada con líquidos preseminales. Sabía delicioso, un sabor agridulce, el sabor de un hombre; el olor era indescriptible, olor a pecado, a sexo. El tipo no se aguantó mi mamada más de 10 minutos, sin ni siquiera avisarme empezó a venirse, recuerdo las caras que hacía, cerraba los ojos y entreabría su boca, mientras con unos movimientos pélvicos dejaba salir el líquido blanco en mi lengua, por montones. No hay mejor premio para un amante del sexo que eso, me dejó lleno de su semen, caliente, viscoso. Apenas hubo terminado, así como en las películas de belami, sobretodo en blowjob orgy, se puso el bóxer, se levantó los pantalones y me dijo, nos vemos. Pero antes de poder irse, llegó la moto de la policía, yo ya había escupido el semen, nos pidieron identificaciones y nos preguntaron que qué hacíamos ahí a esas horas, les dijimos que acabábamos de salir de una fiesta y que nos dirigíamos para la casa, nos requisaron, pero como era evidente nuestra borrachera, nos dejaron tranquilos y nos dijeron que ese parque era muy peligroso y que sería mejor que nos fuéramos para nuestras casas. En esas, llegó el celador del barrio, vestido todo de negro en una moto pulsar. Se quedó ahí parado sin decir palabra alguna. El tipo al que se la acaba de chupar, cogió sus papeles y se fue por el camino contrario al de mi casa y la policía me entregó los papeles y se fue.
Es justo en este punto donde comienza la parte más excitante de la historia. Me quedé solo con el celador de mi barrio, es un hombre casado, sin hijos, joven, de unos 30 años por mucho, no tiene barriga y al contrario es bastante fornido, de mi misma altura, tiene una cara de malandro que no puede con ella. Apenas se había ido todo el mundo, me preguntó que yo qué le estaba haciendo al pelado y yo con mucho descaro y con ese instinto de puta que se me despierta cada vez que me emborracho le dije que se lo estaba mamando. El celador no dijo nada, solamente se me quedó mirando fijamente, yo le dije, quiere que se lo mame a usted también o qué, y el tipo dijo, venga y me acompaña allí. Me llevo a un muro del parque, que separa el monte de lo que está construido, nos agachamos y me dijo que hiciera silencio y que mirara. Era una pareja hetero de unos 20 años, la vieja se lo estaba chupando al man y él la preparaba para penetrarla, al parecer, ese parque era el motel de todos los barrios aledaños, donde sucedían las fantasías sexuales más increíbles. En ese momento lo comprendí todo, el celador era un voyerista y lo más probable es que también me haya visto a mí con el tipo haciéndole sexo oral. El tipo es un duro para camuflarse, como siempre va vestido de colores oscuros, se disimula entre la noche y no es fácil verlo. El tipo estaba concentrado viendo a la nena, era como si estuviéramos en un campo militar y estuviéramos caminando despacio para atacar un campo enemigo, él sabía lo que hacía.
Mientras el miraba la escena yo empecé a tocarle la entrepierna y le bajé el cierre, metí la mano para tocar la verga, pero el man no estaba del todo excitado. El tipo en esas me dijo que lo esperara, que ya venía, quizá tenía que ir a hacer la vuelta al barrio, que no me moviera de ahí, que él regresaba en una media hora. Yo como niño bueno, me quedé sentado sin reclamar nada, hacerlo con el celador del barrio es una fantasía sexual que pocas veces se cumple en la vida. En ese lapsus de media hora, pasaron muchos hombres por ese parque, inclusive pasó un conocido borracho, que hoy en día tiene un hijo, pero a quien yo penetré en la casa de su mamá, quizá algún día cuente esa historia. El caso es que pasaba el tiempo y yo ya creía que el tipo ya no iba a aparecer, hasta que por fin, veo a la lejos que se acerca la moto pulsar negra, con él vestido de negro, me dijo que me subiera, que íbamos a ir a otro lugar. Sin pensarlo dos veces me subí y nos fuimos, sin decir absolutamente nada. Me llevo cerca de una cancha, a un lugar que no se podía observar desde afuera, el tipo al parecer llevaba un verano de rato, y aunque no dijo ninguna palabra durante bastante rato mientras revisaba la zona, rompió el silencio para decirme, no le vaya a decir nada a la mujer oyó, con ese acento santandereano ordinario y brusco, se desabotonó el pantalón y se sacó la verga, ya la tenía medio parada y prometía tener una tamaño gigante, de las que me gustan. Era de unos tres dedos de gruesa y unos 20 cms de larga, circunciso, de color blanco en el glande y moreno en la base y los testículos, no sé si la tenía toda depilada o si no le salían vellos, no tenía ni en los testículos, que aunque no eran tan grandes eran deliciosos.
Mientras él miraba a todos lados que no hubiera nadie, yo seguía chupándole la verga, me había puesto de rodillas y él seguía de pie, moviendo la pelvis y empujándomela toda hasta hacerme ahogar, con una mano lo masturbaba y con mi boca le chupaba los webos, me los frotaba con la cara y me daba golpes con la verga en los cachetes. Se lo chupe como por cinco minutos, hasta ese momento la verga la tenía seca, solo mojada por mi saliva, no sé por qué de repente me entraron unas ganas tremendas de chuparle el culo y sin nisiquiera pedirle permiso, me hice atrás de su culo, le abrí las nalgas y empecé a chupárselo desesperadamente, tenía un culo musculoso, grande, unas nalgas blancas y un ano delicioso, virgencito, cerradito, se notaba. No sé si ya le habían hecho beso negro antes, pero al celador le encantaba, se inclinó inclusive un poco para que le metiera más la lengua, mientras me ahogaba dándole lengua en el culo con la mano le cogía la verga y se la masturbaba y con la otra mano me masturbaba yo, se podrán imaginar la escena, mejor que cualquier película porno que haya sido filmada. Tanto les excita a los hombres heterosexuales que uno les chupe el culo que de una empezó a botar liquido preseminal, era increíble cómo le bajaban las gotas de ese líquido transparente y delicioso, dejé de chuparle el culo y continué con su verga.
Nunca me iba a imaginar que el celador iba a querer ir más allá, normalmente solo quieren una mamada y ya. El tipo me preguntó que si yo tenía condones y yo le dije que no, entonces, sacó de su cartera un condón y se lo puso él mismo en su pene, yo estaba muy ebrio y a duras penas me podía sostener, me puse en frente de él y me incliné un poco para que me lo metiera. La verga de él era muy grande, él se la lubricó un poco con saliva, cuando empezó a metérmela me ardió un poco, pero el alcohol hacía que mi culo se dilatara y que le entrara todo lo que cupiera. El tipo empezó a cogerme a un ritmo suave, el rozar de su verga en mi culo me producía una sensación de calentura, cada vez que su pene frotaba con mi próstata se producía una sensación incomparable, de éxtasis sexual irrepetible. Como buen macho me penetraba en silencio, solo me manoseaba la espalda y la cintura, decidí ponerme en cuatro y de rodillas, él también se arrodilló y continuó comiéndome el culo cada vez más rápido, yo sentía la gloria con cada penetrada e inclusive sentía que me iba a orinar. De repente, él empezó a cogerme la verga, yo ya la tenía flácida, porque recibir esa verga tan grande solo me hacía querer sentir placer anal, sin embargo, al macho hetero al parecer le encantaba tocarme la verga, los testículos y fue tanto su excitación que al estar manoseándome y penetrándome al mismo tiempo llegó al orgasmo, hizo unos pequeños gemidos y se vino dentro de mi culo, dentro del condón. Sacó la verga de mi culo y empezó a subirse el bóxer y los pantalones, yo por mi parte hice lo mismo.
Resulta que llevaba conmigo una chaqueta y un bolso, el tipo empezó a decirme que le regalara la chaqueta y el bolso y yo a pesar de estar borracho le dije que no, que las necesitaba, al parecer al tipo le gustaba eso, que le regalaran cosas por sexo. El tipo salió conmigo del lugar secreto donde me comió y nos montamos en la moto, él me acercó hasta mi casa y luego se fue. Yo abrí la puerta de mi casa, subí a mi habitación y me encerré. Cuando me estaba desvistiendo, me llevé la gran sorpresa que el condón seguía aún adentro de mi culo. Lo saqué con mucho cuidado y vaya sorpresa, tenía todo el semen de mi celador, hetero, papasote, machote, culiando a escondidas de la mujer. Lo saqué y lo olí, lo probé, me fui excitando hasta que tuve una erección, empecé a masturbarme pensando en lo que había sucedido, cogí el semen y me lo eché en todo el abdomen, mientras me masturbaba y echaba también mi semen sobre el suyo. Al día siguiente, me dolía el ano terriblemente, no habíamos usado buena lubricación y la factura de su verga gigante me la estaba cobrando esa mañana.
Hasta la fecha él sigue siendo el celador del barrio, cuando nos encontramos nos miramos y sabemos todo lo que sucedió, es un secreto que permanece en nuestros recuerdos, yo fui simplemente su juguete por una noche. A veces cuando llego borracho y me lo encuentro le propongo que tengamos sexo, pero ahora le da por cobrar y dice que él lo hace pero si le doy dinero a cambio, que cuanto tengo para darle. Desde aquella noche no ha vuelto a suceder nada, me he planteado si vale la pena pagarle para tener sexo o si es mejor dejar todo como una aventura que será inmortal en mi recuerdo.








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