Miré su perfil una mañana antes de salir del trabajo y decidí escribirle. Por alguna razón su perfil me genero inquietud y supuse que se trataba de alguien que cobraba para tener un encuentro -algo que no me llamaba la atención para nada- así que decidí salir de la duda y se lo pregunté directamente en el primer mensaje.
Me respondió de inmediato, eso me sorprendió, me dijo que mi pregunta le había resultado graciosa, seguimos cruzando unos cuantos correos. Ella me preguntaba muchas cosas, le respondí a todo. Finalmente antes de salir de casa nos agregamos a whatsapp.
Chateamos seguido, me envió algunas fotos. Tenía un culo magnífico, durante los días que charlamos mi mente no estuvo ocupada sino en ella. Quería tocarla y sentirla
Una de esas noches llegué a casa, habíamos acordado por whatsapp que nos veríamos a través de Skype. La noche parecía no llegar nunca, conté cada minuto de los que el taxi tomó para llevarme del trabajo a casa. Cuando llegué acomodé mi laptop cerca a la cama y la llamé. Nos reímos un rato, hablamos de cómo nos había ido en el trabajo, de los interminables trancones y finalmente le pedí que me dejara verla. Ella retiró su ropa, se notaba la confianza que tenía en sí misma, lo hacía con total tranquilidad no ocultaba ningún centímetro de su cuerpo, al contrario, me preguntaba qué más quería que hiciera… Me gustaba su frescura. Sonreía al verla.
Así pasaron unos días más, todas las tardes nos referíamos a las ganas que nos teníamos. Mis tardes en el trabajo eran intranquilas, no dejaba de mirar el teléfono, acariciaba con anhelos cada una de sus fotos, recorría su cuerpo a través de una pantalla de 5 pulgadas, la situación me resultaba excitante y sabía que un encuentro con ella iba a resultar agradable.
Quedamos de encontrarnos un sábado en la tarde. Esa mañana el corazón me latía más rápido, y miraba el reloj como obligándolo a correr más de prisa, mi cuerpo se mostraba ansioso.
Llegué al lugar y le marqué a su celular. Estaba apagado. Pensé que se había arrepentido. Al cabo de unos minutos recibí un mensaje. Era ella, me daba otro número al que podía marcarle. El asunto no me pareció normal, temí que se tratará de un engaño, entonces decidí no llamarla y esperar a que llegara.
Me había dicho como iría vestida, me resultaría fácil identificarla.
Cuando estuvo en el sitio, me marcó al celular, yo acechaba desde una columna del centro comercial, la veía como giraba su cabeza en varias direcciones buscándome, quería asegurarme de que todo estaba bajo control, pero no noté nada extraño.
Cuando estuvimos en el sitio me explicó que su celular se había quedado sin pila y que por esa razón me había dado otro número. Volvimos a reír, la ansiedad había disminuido, el temor había desaparecido después de cruzar las primeras palabras. Estaba cerca a ella, la tenía en frente, decidí besarla…
… Y nos perdimos en besos, era más baja que yo, pero me inclinaba gustoso para tocar su boca, cada prenda que nos quitábamos se evaporaba en el aire. Al cabo de unos minutos estábamos desnudos, besaba su cuello, sentía su fragancia, su cabello en mi pecho, su boca tibia que se acercaba a mi ombligo. Seguía bajando hasta encapsular mi miembro entre sus labios, ¡qué sensación deliciosa! Me miraba desde allí y sonreía, me gustaba.
Nos acomodamos y me dio la espalda, mi miembro resbalo dentro de su flor húmeda, tenía una vista magnífica de su trasero que subía y bajaba como ella quería, la dejé que tomara el control, luego llegaría mi turno. Afuera, el sol se ponía.
Transcurrieron varios minutos y las caricias iban y regresaban, su boca me sabía a fruta…. Llegamos como quisimos, terminamos entre jadeos y nos tiramos de espaldas. Quise tocarla suave, empapé mis dedos con su miel, para luego llevarlos a mi boca. Continué recorriendo su espalda, sintiendo cómo su respiración agitada se calmaba hasta parecer un león dormido. Apenas tenía ganas de sonreír, su cuerpo en ocasiones se estremecía cuando mi aliento rozaba su cintura, sabía que disfrutaba de mis caricias, “me resulta muy relajante” me dijo con una voz casi inaudible… Regresé a ella.
Al rato tomó su celular, me mostró algunas fotos que hasta el momento no había visto, me habló de sus experiencias, yo le hablé de las mías, me mostró sus fantasías y lo mismo hice yo. Nos conocimos otro poco. La ayude a vestir. Esperé con paciencia que se maquillara y salimos del lugar
Ya afuera, buscamos algo que comer. Encontramos un sitio y nos sentamos a hablar de lo bien que la habíamos pasado y de otros asuntos algo más personales. Volvimos a reír juntos.
Miraba el reloj y para mi desgracia me di cuenta que había corrido muy de prisa.








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login EntrarNo entendi que quiso decir con todo eso, desconfio de ella, es normal. Pero y? que paso? No era un prepago.