Siempre he sido un hombre de mente abierta, descubrí que era bisexual desde hace unos cuatro años y desde entonces he difrutado el placer de estar con los hombres de distintas formas que contaré otro día. Me gusta ir a los saunas gay, el morbo, la pasión y el deseo que se vive en estos lugares son capaces de llevar al éxtasis a cualquier persona (además de ser más barato en comparación con los saunas mixtos). Me encanta andar desnudo y despertar el deseo en muchos hombres, sin embargo, pocas veces me encuentro en estos lugares a personas que realmente despierten en mí ese encanto de ser un completo animal en la cama.
Recuerdo que era un día soleado y me había olgado lo suficientemente bien en la semana con los gastos universitarios como para poder permitirme ir a uno de estos saunas. De camino hacia el lugar solo podía pensar en lo excitante que es excibir el cuerpo frente a los demás y lo rico que es poder escuchar los gritos de lujuria de los hombres siendo penetrados en los cuartos oscuros. Lo imaginaba, lo pensaba y solo lograba ponerme más excitado en el bus.
Al llegar al lugar, hice lo que acostumbro: quitarme la ropa y "pa' lante". Por alguna extraña razónm sentí que había menos gente de costumbre, así que pasé directo al jacuzzi, donde normalmente la gente se reune solo a charlar. En general, en los jacuzzi, solo hay dos grupos: los jóvenes (yo) y las personas mucho mayores. Estaba yo volteado, mostrándo mis nalgas a todo el que pasaba, cuando un hombre de unos 40 años se acercó hacia mí:
- Oye, estás muy lindo - me dijo, mientras intentaba tocarme una nalga.
-Gracias - le dije, Yo intenté esquivarlo pero había alcanzado a acariciarme un poco.
-Tránquilo, solo quiero hablar - volvió su mano a su lugar y luego me la extendió - mucho gusto, me llamo Manuel.
- Mucho gusto Manuel, me llamo Fernando - le dije yo, con los brazos cruzados y sentándome en el jacuzzi, dando un espacio prudente entre él y yo de unos dos brazos.
Manuel se veía como un hombre pervertido en su intimidad, tenía una pequeña barba de dos días y no era muy peludo, solo lo necesario. Se había afeitado los genitales y no parecía tener el pene muy grande (estaba en calzoncillos). Comenzamos a platicar y poco a poco me fui soltando: era un comerciante de la ciudad de medellín que estaba de paso por Bogotá, había salido del hotel tequendama y había aprovechado la cercanía para visitar el spa.
- ¡Me encanta venir a estos lugares! y hay mucho material disponible- recuerdo que me dijo, mientras morboseaba a una pareja de jóvenes que iba de la mano hacia un cuarto oscuro.
En un punto de la conversación, cuando estábamos hablando ya de cosas calientes, se me acercó y me dijo, en un tono más bajo
- Y tú, me encantas también - puso su mano en mi entre pierna y yo las cerré inmediatamente.
La situación se me hizo un poco incómoda, ya que soy un poco introvertido y no me gustan los acercamientos sin previo aviso, sin embargo, no me iba a negar al hombre.
-Soy activo, me encantaría darte por ese culito - me dijo, mientras apretaba más su mano contra mi pierna, pude observar cómo su pene se engrosaba dentro de su ropa interior.
-Lo siento, yo también lo soy- le dije, agarrando su mano y volviéndosela hacia su cuerpo.
-Pero es ono es problema, ¿cuánto necesitas? ¿100, 200? Sé que te dejarías llenar ese culo de leche por dinero, lo veo en tu cara- la situación estaba más incómoda que nunca, pero era un poco excitante a la vez.
Para que no me molestara más, decidí darle un precio que me pareció exorbitado.
-Dame 700 y tendrás mi culo, pero con condón, en una habitación y solo te podrás venir una vez. También debes consignarme primero.
-Hecho-me dijo y salió del jacuzzi en busca de su celular.
Mientras me encontraba solo, empecé a pensar sobre el trato "¿Por qué no dije que no, que era una broma?"- me decía a mí mismo. Entonces regresó, estaba fuera del jacuzzi y me pidió mi número de cuenta. Estuve por decirle que no, que todo era un malentendido, pero no pude, iba a venderle mi culo que si bien no era virgen, no había recibido un pene en muchos años. "Por suete no es muy grande"- pensé y nos fuimos a tener sexo en un cuarto privado.
Una vez que estuvimos allí, él estaba hecho un animal:
- Ven y me lo mamas- me dijo, mientras se bajaba la ropa interior y me mostraba su pene. Yo accedí, comencé a lamerle la cabeza, a besarla a rozar mis labios contra su miembro. Mientras él me pedía que lo mirara.
-Qué rico estás, mi amor, quiero ponerte en cuatro. A la cama- Me eché en la cama, mi pene ya estaba bastante erecto y comenzó a lamerme adentro de las nalgas.
Estaba disfrutándolo, no podía negarlo, sentir su lengua entrar en mi ano, haciéndolo más grande, dilantándolo hizo que me pusiera muy caliente. Introdujo uno de sus dedos, luego otro y comenzó a masajearme. En un momento se detuvo y comenzó a ponerse el condón.
- Aquí viene lo bueno muchacho- Me dijo, mientras yó veía cómo se acercaba hacia mi cola. Abrió mis nalgas y sentí cómo empezaba a entrar rápidamente su pene.
Hubiera preferido haber tenido más lubricación, ya que al principio comenzó todo doliendo un poco, así que mi prominente erección había bajado (nada como el dolor para apagar la llama de la pasión), pero luego, me acostumbré un poco más y pude relajarme un poco.
-Volteáte, quiero que me veas como la putita que eres- me dijo, mientras me daba una nalgada.
Yo me volteé y quedamos frente a frente, el se acercó a mi boca y me robó un beso, mientras me metía, de nuevo, su miembro.
-Los besos no estaban contemplados en el contrato- le dije, y él comenzó a empujarme más duro.
Sentía cómo palpitaba dentro de mí, era un mete y saca donde cada vez empezaba yó a soltarme un poco más, depronto se detuvo.
-Párate, quiero que te sientes encima mío- se acomodó al borde de la cama y me esperaba para que me sentara/
- ¿De frente o de espalda? - le dije, meneando el dedo, como haciendo un círculo en el aire.
-De frente, quiero ver tu carita de zorra - me dijo, agarrándome por las nalgas.
Me acomodé y todo siguió su ritmo: a veces me daba duro, otras muy suave. Sin embargo, nunca dejo de agarrarme las nalgas. Estába yo moviéndome, mientras él comenzó a recostarse sobre la cama. Vi perfectamente cómo retorcía sus ojos, mientras se mordía los labios. Entonces, llegó el final de todo. Solo fue un pequeño gemido, se detuvo, y sentí cómo algo caliente intentaba salir del condón. Me levanté y me acosté a su lado.
-Has sido maravilloso- intentó besarme de nuevo, pero yo me moví para esquivarlo.
-Solo han sido negocios, Manuel- le dije, mientras me movía para buscar mi ropa.
Una vez que me había cambiado, salí del lugar. Manuel continuaba acostado, descansando para su próxima faena, supongo. Iba camino hacia la puerta, cuando pensé que sería grosero no despedirme de él, al fin y al cabo había logrado darme más o menos lo mismo que gasto en un mes regularmente.
-Hasa luego, Manuel, fue un gusto conocerte- levantó la cabeza de la cama y se despidió con la mano.
Puse mi mano en el pomo y salí del lugar, un poco caliente, con el ano un poco adolorido. Sin embargo, ahora tenía dinero para mucho más que salir a comer...







Comentarios
1 comentario
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login EntrarMe encanto tu relato, las buenas cosas de la vida pasan asi, de momento... Pase por una situacion muy parecida pero en unas cabinas pero me pagaron por dar verga... Felicitaciones por el relato!