Para Laura
Relato de comunidad Hetero: Generalschedule 11 min de lectura calendar_today Julio de 2016

Para Laura

Me la tropecé casi sin querer… sus ojos aunque mi miraban fijos, no decían nada, era solo una fotografía más en esa maldita red social; con la diferencia de que no era una foto más, sus ojos escondían algo o al menos eso quise creer; no pude evitarlo; tuve que agregarla a mis contactos y....

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Me la tropecé casi sin querer… sus ojos aunque mi miraban fijos, no decían nada, era solo una fotografía más en esa maldita red social; con la diferencia de que no era una foto más, sus ojos escondían algo o al menos eso quise creer; no pude evitarlo; tuve que agregarla a mis contactos y ansioso esperé su aceptación. La primera vez que le escribí, luego de que aceptara ser mi “amiga” virtual sentí algo extraño; y me convencí de que aquella sensación que me transmitían sus ojos fijos era cierta, ella era una persona diferente… desde ese primer momento la quise para mí; al principio traté de disimular las verdaderas intenciones que me motivaban a hablarle, no quería que se asustara, no, quería que cada vez disfrutara más de mis palabras; pero las cosas fueron tomando un curso distinto y terminé descubriendo que con ella no tenía que jugar a ser un idiota; que simplemente tenía que ser franco; lo fui y ella descubrió cuan idiota era yo en verdad; pero bueno, supongo que hay una diferencia entre ser, parecerlo y pretender serlo… en fin, ella era rara; tenía una curiosa forma de parecerse en muchas cosas a mí y una interesante manera de al mismo tiempo ser tan distinta, poco a poco la “amistad” se fue haciendo más abierta, a veces demasiado, pero era muy divertido hablarle; no esa no es la palabra correcta; la que busco es… placentero, esa sí; era muy placentero hablarle, de todo y de nada; pero sobre todo era muy placentero hablarle de sexo, al principio ella se mostró reacia, aunque no del todo; se reía y se lo tomaba todo a modo de chanzas; pero un día me atreví a enviarle unos escritos eróticos de mi autoría y desde allí las cosas cambiaron, al menos un poco… me gustaba excitarla con mis palabras, me causaba un intenso placer que aunque fuera a través de una pantalla podía hacerla sentir… ella sin embargo sagaz e inteligente nunca me era del todo sincera; supongo que se sentiría vulnerable si me confesaba realmente lo que experimentaba, así que aunque admitía disfrutar de leer mis insinuaciones y atrevimientos matizaba todo diciendo que solo sentía “un poco”, pero las conversaciones eróticas se fueron haciendo más y más frecuentes; tanto que luego de un tiempo todo giró en torno a eso… un día le dije que escribiría una historia exclusivamente para ella, una historia en la que me esforzaría al máximo por excitarla… y así lo hice o al menos lo intenté, pues cada vez que empezaba a escribirla me ponía erecto y en vez de escribir terminaba masturbándome imaginando lo que ella sentiría al leerla, así que tuve que hacer un gran esfuerzo por cumplirle con lo prometido; pero cómo empezar? Como hacer que una mujer como ella se deleitara en cada palabra? Como hacer que su cuerpo vibrara al ritmo de lo que mi morbosa imaginación pudiese producir? Como estimular su deseo al punto de hacer que su humedad fue tan cálida y abundante como en el más delicioso encuentro real? En realidad no sabía la respuesta para ninguno de esos interrogantes así que simplemente tomé aire y dejé que fuera mi fantasía la que escribiera; escribí y escribí por horas; puse en cada palabra el empeño suficiente para que ella experimentara cada sensación, cada olor, cada sabor, cada roce; escribí y escribí por días; tratando de que todo me saliera tan natural como las múltiples erecciones que experimenté mientras escribía; le hablé de como la desnudaría con fiereza, de cómo besaría sus senos apasionadamente, le hablé de cómo me tragaría sus jugos y de cómo le haría explotar de placer con el sexo oral; me esforcé en verdad por poner en ese escrito todo el fuego que ella encendía en mi… pero no funcionó, nada funcionó; apenas terminé de escribirle ansioso se la envié por correo, de sólo imaginar lo que ella sentiría temblaba de la emoción así que esperé su respuesta, las horas pasaron lentas, hasta que por fin en la noche vi que tenía un mensaje que efectivamente era suyo… que emoción, pero al abrir y leerlo me sentí sinceramente decepcionado, el relato que yo había escrito con tanta emoción y placer a ella le había parecido simplemente aburrido, no dijo nada más, solo eso en un par de líneas… fue contundente… no entendí que había hecho mal; pensé y pensé por horas que tenía de aburrido, como podría arreglarlo… y no se me ocurrió nada; sin embargo a pesar de la contrariedad le escribí al día siguiente; hola- dije; hola-dijo ella; cómo estás? Agregó, bien dije, mintiendo… y sin poder sostenerlo más empujé: entonces no te gustó? Por qué? Guardó silencio y luego me fulminó diciendo que le había escrito las mismas cosas que ya le había dicho antes y que al volver a leerlas disfrazadas de nuevo relato se aburrió y se decepcionó, que se había dispuesto para excitarse mucho, quizás hasta se hubiese masturbado leyéndome, dijo; pero que ese escrito no lo generó más que flojera, concluyó. Frustrado y hasta dolido no tuve más que aceptar la derrota y entonces sin saber bien porqué le hice una pregunta estúpida a la que ella inesperadamente respondió con un sí; podemos vernos mañana.

Estaba nervioso; ella había sido clara, a pesar de que el relato no le había gustado, si había aceptado la invitación a por fin vernos en persona; y aunque no había escogido el lugar más “peligroso” me conformaba con al fin poder mirarla a los ojos, llegué muy temprano la biblioteca, pero ella al parecer era más puntual porque llegó antes, y ahí la vi, sentada frente a una pequeña mesa redonda leyendo un libro de realmente no recuerdo que; con esa misma mirada con la que me miró desde su foto la primera vez; me acerqué más tímido de lo que me recordaba y dije un tembloroso hola señorita… me quedé de pie, no supe bien si darle un beso en la mejilla o darle la mano… ella se levantó, si, era mucho más alta y acercó su mejilla a la mía, olía a rico, soy muy malo relacionando los olores, pero ciertamente no olía ni a mangos ni a naranjas, pero olía a rico, me senté frente a ella y hablamos, de todo y de nada; yo intentaba mirarla a los ojos pero ella me evadía, se reía y decía algo divertido, se burló de mi estatura y de mi apariencia de niño bueno; yo trataba de ocultar el bulto en mi pantalón mientras disimuladamente le miraba el escote de su blusa; creo que ella lo notó porque se acomodó un par de veces la blusa… se lo que pensaba; bueno, creo saberlo, seguramente pensaba que yo debería estar erecto en ese momento; ante esa idea ella seguro se sentía incómoda, pero al mismo tiempo extrañamente tranquila, seguimos hablando y yo seguí imaginando el color de tus pezones, lo suave de su roce y como se verían endurecidos; hablamos y yo seguía imaginando como era su cachetero, hablamos y se pasó la tarde, extraño que no hablamos del escrito, tal vez ya todo estaba dicho, la tarde se iba muriendo pero yo aún no me quería ir… ella por fin estaba tan cerca… así que sin darle chances de resistirse, saqué de mi mochila una hoja mal impresa y empecé a leer despacio, ante la primera frase ella intentó levantarse y de hecho lo hizo, pero yo seguí leyendo y por unos instantes se quedó de pie escuchando, luego volvió a sentarse; mientras leía, alternativamente levantaba la mirada para verla; tenía los ojos encendidos, los agachaba cuando se sentía observada pero seguía escuchando cómplice, le narré como le haría el amor; le describí como la haría mía, como la metería al baño de ese lugar, le despojaría el jean, le bajaría la panty hasta los tobillos y le comería su húmeda y cálida vulva, le conté que luego me levantaría, bajaría la cremallera de mi pantalón y despacio introduciría mi pene hasta el fondo de su palpitante carne y le conté casi como un susurró que mis embestidas serían feroces puñaladas de las que ella no podría escapar… cuando terminé de leerle la miré y ella me miró directo a los ojos y supe en ese preciso momento que era hora de largarnos de allí; sin dejar de mirarnos, guardé la hoja de vuelta en mi mochila; la tomé de la mano, ambos temblábamos, pero no dijimos una sola palabra; salimos raudos de la biblioteca, cruzamos mirándonos con la piel encendida y los ojos brillantes la plazoleta y hasta detener un taxi que nos llevó en un paseo que casi se hizo eterno a un motel; no fue sino hasta estar a pocos metros de la redonda cama, después de cerrar tras de mi la puerta cuando volvimos a hablar o al menos a intentar… ella dijo algo que ahora no recuerdo y yo no recuerdo si respondí, me aproximé sin dejar de mirarla a los ojos; tomé sus dos manos las acaricié, me acerqué más hasta estar al roce y la abracé; ella más alta me miraba desde arriba, bajo la cabeza , yo subí la mía y nos besamos despacio y cálidamente, cerramos los ojos y luego las caricias se fueron sucediendo unas tras otra; las respiración se fue agitando rítmicamente al compás de los besos mordidos, los apretones morbosos y las miradas perversas; nos tumbamos en la cama; yo sobre ella, la miraba y me parecía imposible que aquella mirada de la foto, ahora estuviera allí con sus labios entreabiertos, deseosa y peligrosa; despacio la despojé de su blusa y su brasier negro quedó a la vista, su pecho se inflaba y desinflaba profundamente; y más cuando acerqué mi boca a su ombligo y los besos se transformaron en pulsos eléctricos incontrolables, ella vibraba mientras subía besos arriba hasta las copas de su brasier; mordí suavemente y lamí por sus bordes; la miraba a los ojos a ratos porque quería ser consumido por aquella mirada; me devolví en mi andar y repasé los besos en el ombligo hasta llegar a los límites de aquel pantalón desgastado; quité el botón bajé la corredera y sin permiso a la pena lo deslicé hasta los tobillos, para luego alejarlos para siempre de sus largas piernas… y allí estaba… tendida sobre esa cama a dos prendas de distancia de la más maravillosa muerte placentera, aunque contemplé, no me detuve, así que dejé que mis labios caminaran sobre los suaves pliegues de la última frontera de sus prendas, jugué y mordí, lamí y apreté y ante cada gesto su cuerpo saltaba involuntariamente, la excitación me venció cuando vi que el color de su panty se oscurecía en una sola zona; y la mancha oscura se extendía más; era el momento, así que velozmente y con ayuda de mis dedos doblé sus piernas hasta que sus muslos chocaran casi contra sus senos y así sometida en esa pose, tomé su panty y la llevé hasta sus tobillos y allí la dejé mientras me quedé absorto mirando aquella belleza húmeda y palpitante de la que emanaba el más delicioso de los jugos, no pude resistir y lamí; me volví salvaje y dejé que el instinto me dominara y mis labios y lengua recorrieron a su antojo aquel manjar inigualable, explorando cada resquicio, cada pliegue, cada rincón, era como una animal desquiciado que se alimentaba de su última esperanza para vivir y ella, ella se arqueaba dominada por el mas penetrante placer, sus movimientos incontrolables eran acompañados por unos suaves gemidos apagados hasta que uno de estos se convirtió en algo más parecido a un grito al que su cuerpo sucedió con un arrítmico temblor que terminó en una arcada larga dónde sus muslos apretaron fuertemente mi cabeza mientras mi boca seguía devorando su más íntimo lugar; el apretón de sus piernas se fue soltando y su cuerpo se relajó…entró en una tensa calma y aún con los ojos cerrados respiraba agitada…y yo no tuve más opción que darle la estocada final; así que sin que lo notara, me desnudé; apunté embravecido pene en la entrada de su vencida pero aún deseosa vulva y despacio pero con firmeza penetré hasta el fondo y aquella quietud tensa de su cuerpo y esos ojos apagados volvieron a transformarse en ardor, en placer, en locura; embestí con fuerza, mientras acariciaba sus senos, mientras la miraba toda, mientras la morboseaba como nunca antes y seguí embistiendo con tanta pasión y furia que las carnes producción aquel sonido delicioso, ese golpeteo que es la mayor evidencia de la locura carnal; penetré los más duro que pude hasta que no me quedó más fuerza y sentí como venía de adentró aquella ola rabiosa, acumulada en el deseo desde aquel tropiezo involuntario con la mirada en su foto y no tuve más opción que explotar y exploté; nuestros cuerpos se enredaron en un último abrazo y morimos por unos segundos hasta que la aire nos devolvió las ganas de vivir… tumbados uno a lado del otro tratábamos de recordar quienes éramos, y como habíamos llegado allí… pero no pudimos, así que nos miramos a los ojos por última vez y creo que nuestras bocas hicieron un gesto parecido a una sonrisa… tal vez dormimos un poco o mucho, no lo sé… no recuerdo como salimos de allí, solo recuerdo que un taxi nos llevó cerca de su casa, ella bajó y se fue caminando rápido, pero luego regreso y me sonrió… y se alejó otra vez diciendo, el segundo relato me gustó mucho; me escribes luego, la vi caminar y o volteó, sabía que no lo haría, ese no era su estilo; el taxi continuó y en el camino a casa, solo pude hacer una cosa… pensar en que nueva historia podría escribirle.

— rhonalitho

21 de julio de 2016

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