HERMANAS DE LECHE
Relato de comunidad Fantasíasschedule 9 min de lectura calendar_today Julio de 2016

HERMANAS DE LECHE

Dos amigas y compañeras de trabajo que comparten día a día la hora del almuerzo y las extenuantes jornadas laborales, acaban hablando siempre de sexo con picardía cómplice. Una de ellas, Brenda, una mujer que mide 1.72 m, morena, 30 años y una figura escultural. La otra, Liliana, de....

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Contenido adulto. Este relato fue escrito por un miembro de la comunidad. Léelo solo si tienes 18+ y mente abierta.

Dos amigas y compañeras de trabajo que comparten día a día la hora del almuerzo y las extenuantes jornadas laborales, acaban hablando siempre de sexo con picardía cómplice. Una de ellas, Brenda, una mujer que mide 1.72 m, morena, 30 años y una figura escultural. La otra, Liliana, de 40 años, trigueña, de 1.70 m, esbelta y dueña de unas piernas de parar tráfico.

Brenda es separada y Liliana es casada, con un hombre de quitar la respiración. Él es Mario, un hombre de 41 años, atlético, rubio, de ojos azules, con brazos y piernas musculosas y un culo que cualquiera envidiaría y según cuentan las leyendas, diestro en cuestión de erotismo y sexo.

Para personalizar la historia, quien escribe soy yo, Liliana; contando la historia que pasó de ser fantasía sexual a una deliciosa realidad. En nuestras conversaciones de mujeres, el sexo siempre se hacía presente ya que las dos somos mujeres muy calientes, curiosas, libres de pensamiento y dispuestas a probar nuevas experiencias, además de ser muy buenas amigas.

Dentro de los temas estaba la opción de experimentar con una mujer, mostrándose ella más dispuesta y yo más reservada. En las repetidas salidas a beber y a bailar, siempre había mucha sensualidad y contacto entre las dos, y se tornaba fuente de fantasías. Un buen día, la conversación pasó a ser más personal y no tan general. Brenda me confesó que le gusta mi esposo, y que con esos ojos azules y ese cuerpazo ella le daría todo. Por alguna razón mi reacción fue de excitación total frente a su comentario. Mi tanga quedó mojada en cuestión de dos segundos, porque lo recordé desnudo con esa verga deliciosa y los múltiples orgasmos que me ha regalado en éstos años de matrimonio, y otros tantos en muchos años de noviazgo.

Una tarde calurosa, Mario pasó a recogerme al trabajo, pero yo no podía dejar sola a mi querida amiga, así que la invité a subirse al carro. Durante el recorrido bastante largo, ninguno de los tres dejó de hablar de sexo, de cómo nos gusta, de cómo fantaseamos, de qué queremos, y fue inevitable caer en la tentación. Me pasé a la silla trasera con Brenda porque ya no aguantábamos más de tanta excitación, y lo primero que hice fue morderle la boca mientras le decía cuántas veces lo había imaginado y al sentirla receptiva le toqué la vagina por encima de la ropa, a lo cual ella reaccionó abriendo sus piernas. La sentí caliente, mojada, dilatada y eso me enloqueció. Mario apenas podía conducir espiándonos por el espejo retrovisor.

Ella con su gran tamaño, me recostó sobre la silla y subió la diminuta falda que yo tenía puesta, para tocar mis piernas, mientras decía que le encantaban y que no paraba de mirarlas todos los días. Mientras me acariciaba las piernas, me dio una leve mordida en la chochita sobre la tanga. Después la corrió a un lado y me lamió la vulva y eso me llevó a la locura, así que abrí mi blusa y dejé mis tetas al aire para que ella las tocara, las chupara y se deleitara.

Mientras tanto, Mario como pudo, abrió el cierre de su pantalón y comenzó a masturbarse mientras veía aquella escena por el retrovisor, pero estaba a límite, así que detuvo el vehículo para podernos observar con más comodidad. Tamaño susto nos llevamos cuando un policía de tránsito tocó la ventanilla del conductor para indicar que no podíamos estacionar allí. Gracias a los vidrios polarizados no pudo ver la escena erótica, pero si nos dejó bastante incómodos, por lo cual decidimos ir a un motel a terminar lo que habíamos empezado.

Calurosa, amplia y acogedora habitación de motel, testigo de una de las fantasías más comunes de todos los hombres y que ese día hicimos única para deleite de Mario. Nos bajamos del carro, con la ropa a medio acomodar, despeinados, sudorosos, y con la arrechera al límite. En el ascensor no parábamos de tocarnos la cola y confieso que Brenda tiene un culo irresistible. Mario movía sus rodillas en señal de ansiedad por desnudarnos y hacer todo lo que tanto quería.

Una vez se cerró la puerta de la habitación, quedamos presos en varias horas de sexo desenfrenado, apasionado, y al mismo tiempo lleno de sentimiento de lealtad y complicidad entre los tres. Cada uno se desnudó a sí mismo y los tres nos observábamos mutuamente. Por alguna razón yo no podía dejar de observarla a ella. Su ropa interior diminuta y delicada aumentó mi deseo que no pude ocultar en mi mirada, por lo cual ella retrasó un poco el retiro de su tanga y comenzó a moverse girando y agitando sus caderas, mientras nos dejaba ver como la diminuta prenda se escondía en ese par de nalgas grandes y firmes. Sus manos inquietas entraban y salían de la tanga dejando ver tímidamente su vulva. Nosotros ya desnudos, estábamos torturados de placer con aquella imagen, y nos besamos apasionadamente tocando nuestros genitales, ya más que listos para todas las locuras.

Propuse entrar al sauna que ya se encontraba caliente y aromático. Brenda, aún con su tentadora tanga, se sentó en la parte baja de la estructura y arrastró a Mario con sus manos puestas en las nalgas de él, que tantas veces había observado con morbo y comenzó a chuparle el pene con tanto gusto que solo pude sentir orgullo y más excitación, así que me ubiqué a su espalda y le besé el cuello mientras le acariciaba los testículos al tiempo que frotaba mi vulva en cola musculosa de mi esposo y con la mano sentía la humedad de la carnosa boca de Brenda en su pene enorme, duro y firme. Mario la tomó por su largo cabello mientras le decía –que mamada tan rica, cómetela toda-.

Saciada ella de su antojo, me pidió que me sentara en la parte inclinada del sauna y comenzó a darme lengua, como solo una mujer sabe. Era mi primera vez, así que la mezcla entre nervios y placer fue mágica. Al sentir su respiración en mi vagina mi pulso se aceleró y comencé a respirar tan rápido que ella no aguantó y se hundió en mis labios vaginales, y pasaba su húmeda lengua por cada rincón. Mientras ella me llevaba al cielo con su boca y ubicada en cuatro, Mario le quitó la provocativa tanga y la penetró despacio, y sacaba completamente su pene y lo volvía a meter, así, lento, suave y justo ahí estábamos los tres totalmente conectados en esa atmósfera erótica. Yo le decía a mi esposo: -clávala, dale duro y hazla enloquecer como lo haces conmigo-. El sudor y el vapor comenzaron a rodar por nuestros cuerpos confundiéndose con los fluidos sexuales que desde el contacto en el carro ya estaban a flor de piel. En esa fusión, exploté de placer, gemí como gata en celo y tuve un delicioso orgasmo en los labios de mi amiga quien para entonces ya había metido sus dedos en mi vagina y sintió las contracciones de mi gozo.

Era obvio que yo también quería ser penetrada por mi esposo, así que le pedí a ella que se sentara en la parte superior de la estructura y abriera sus piernas. Yo me recosté en el nivel inferior con la vagina expuesta y lista para que él me clavara y así lo hizo, mientras deleitaba a Brenda con su lengua, lamiendo, chupando y mordiendo su chocha dilatada. Ella le decía: -muérdeme, méteme los dedos, chúpamela-. Estábamos las dos a merced de éste hombre sensacional, gimiendo, confesando cuántas ganas teníamos de sacar estas escenas de nuestras cabezas y llevarlas a la realidad. Inevitablemente y tomado por la sensualidad extrema, Mario gritó de placer mientras eyaculaba sobre mi abdomen y al mismo tiempo ella volaba en gemidos por un orgasmo perfecto provocado por los movimientos placenteros de la lengua de Mario en su vagina.

Agitados, totalmente mojados, tomamos una respiración y brindamos con una refrescante cerveza. Solo había una preocupación y es que para entonces yo ya estaba buscando un segundo orgasmo, así que mientras él bebía su cerveza le pedí que me la tocara, que me diera placer con sus dedos. Viendo la imagen, ella sugirió que fuéramos al jacuzzi para refrescarnos en el agua y en la espuma y continuar nuestro momento. Mario prefirió quedarse allí recostado observándonos ya que es algo que le encanta hacer. Nosotras en el jacuzzi, nos besábamos como desahogando las incontables ocasiones en que quisimos hacerlo, nos acariciábamos los senos, nos cogíamos la cola, jugábamos con las burbujas de jabón en nuestros cuerpos, mientras él empezaba a inquietarse, sosteniendo la cerveza con una mano y su verga parada en la otra, masturbándose y brindando con nosotras a los lejos.

Éstos encuentros y las primeras veces siempre traen sorpresas, como la que había en el bolso de mi amiga. Corrió hasta él y me mostró un consolador, juguete de solteras y casadas, que siempre llevaba en caso de emergencia.

Al caminar nuevamente al jacuzzi advirtió que me daría uno de los orgasmos más perturbadores que pudiera tener. Lo sumergió en el agua, lo cubrió de espuma, y se lo pasaba por sus senos. Para entonces yo ya estaba sentada en el borde acariciando mi chocha y mordiendo mi labio inferior porque sabía que a Mario eso lo volvía loco. Estaba a la expectativa de la penetración y aguantando para no venirme. Ella se penetró con el amigo de silicona, gimiendo, tocando sus labios en señal de erótica envidia para mí, y como anuncio del placer que me esperaba. Lo introdujo en mi dilatada vagina, y lo sentí cálido, suave, lo metía y sacaba con la velocidad y movimiento que me gusta, como si ella lo supiera; o tal vez lo sabe por la fuerza femenina que nos une. Yo le decía: -que rico, que rico, dame más, métemelo todo-.

Mario enloquecido con la escena, no aguantó más y se acercó, entró al jacuzzi, le dio unas suaves nalgadas y se hundió en la vagina espumosa de Brenda como si fuera la mejor champaña. La penetró ésta vez duro y rápido porque ella así se lo pedía, le decía: -dame duro, duro, así, así-. Mientras las dos gemíamos y en medio de la confusión, ella gritó: -dame por el culo- así que muy obediente él, empezó a tocarle el ano con los dedos, barriendo la espuma que había, metiendo suavemente su dedo, mientras continuaba penetrándola duro. Después de las caricias, le penetró el culo cumpliendo su deseo. Mientras eso ocurría yo ya iba por mi tercer orgasmo de la noche, y completamente saciada, solo quería sentir los besos de mi esposo, así que mientras la penetraba yo me ubiqué a su lado para besarlo mientras él saciaba sus ganas con ella y acariciaba mis nalgas, que siempre le han gustado. Ella movía sus caderas con la sensualidad que la caracteriza, y gimió de placer al tener el segundo orgasmo, confesando que la enloquecía el sexo anal. Mario mordiendo mis labios me decía que ya se iba a venir, así que me arrodillé para recibir una parte de su semen en mi rostro, y compartirlo con ella que ya se encontraba arrodillada a mi lado. Ella y yo cerramos ese pacto con un beso apasionado y suavizado por el semen y para entonces, ya éramos hermanas de leche.

Agotados, y un poco en éxtasis por tantas emociones, nos secamos, y nos acostamos en la cama para hablar de nuestras sensaciones hasta quedar profundamente dormidos, yo recostada en el pecho de mi amado esposo, dueño de mis fantasías y cómplice de mis aventuras y los tres con la agradable sensación de no dejar pasar la oportunidad de una fantasía más llevada a la realidad, y que hoy compartimos con ustedes para alimentar sus deseos.

— ariesylibra

23 de julio de 2016

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Comentarios

1 comentario

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  • majarafantasma
    majarafantasma · 24 de jul de 2016

    Felicitaciones, hacía rato que no tenía el placer de leer un relato tan excitante y bien contado, reitero mis felicitaciones obviamente lleno de envidia.

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