Esa noche era quizá la tercera o cuarta ocasión que estaba con él, sin embargo todo fue distinto. Abrió la puerta del cuarto y me invitó a entrar.
Dejamos encendida solamente la tenue luz de una lámpara. Me encantaba verlo, ver sus ojos brillar cuando nos encontrábamos y saber que ese brillo era deseo, lujuria.
Esa noche no hablamos, en cuanto cerró la puerta hice lo que deseaba con tantas ganas desde la última noche que habíamos hecho el amor… volver a besarlo, abrazarlo con tanta fuerza como si no quisiera que se separara de mi y sentir sus manos deslizarse sobre mi cuerpo.
Sentí sus labios rozar los míos, humedecerlos poco a poco llenándome de su sabor y pronto mi cuerpo entero comenzó a sentir un deseo incontrolable de tenerlo dentro de mí. Esos besos pronto se convirtieron en nada más que pasión.
Desabotonó mi blusa y apretó mis tetas hundiendo su lengua enmedio de ellas. Yo ya no podía, pero mucho menos quería controlarme… me desvistió y enloquecí al sentir como lamía mis tetas, cómo intentaba comerse enteros mis pezones.
Bajé mi mano y sentí su verga caliente y dura, no resistí saborearla, pero lo hice poco a poco, dejé que apenas fuera mi aliento el que la tocara, quería que perdiera el control y deseara tanto que se la mamara… después mi lengua la recorrió de arriba abajo y llegando a la punta la rodeé suavemente. Era deliciosa y verlo disfrutando sólo me excitaba más… Él perdió el control y me la metió completa a la boca, me pedía que no dejara de mamarla.
Yo podía sentir como la humedad inundaba mi vagina, cómo me pedía que ya me la metiera, así que le pedí que me cogiera muy fuerte, pero no lo hizo. En lugar de eso me tiró de un fuerte empujón en la cama, y se arrodilló para lamer mi vagina. Jamás lo había yo disfrutado tanto, estoy segura que mis gemidos se escuchaban más allá del cuarto.
Le pedí una y otra vez que me cogiera, pero el sólo quería meter su lengua en mi y probar mi flujo. Metió sus dedos en mí y yo me mojaba como nunca.
De pronto paró, me regaló una mirada casi perversa y entonces lo propuso… dijo que siempre había querido atar a alguien mientras la cogía y que deseaba que esa persona fuera yo… La verdad es que en ese momento yo hubiera aceptado cualquier propuesta que él me hiciera, así que cuando me di cuenta yo ya tenía las manos atadas y me estaba vendando los ojos.
Después de eso, sólo sentí su lengua por cada rincón de mi cuerpo, sus dedos yendo de mi boca a mi vagina y de repente su verga rozando apenas la entrada, haciéndome desear cada vez más.
Me penetró con un solo empujón, esa sensación de no verlo pero saber que me cogería en cualquier momento y como a él se le antojara fue lo más delicioso, ya lo deseaba… y al sentirlo, un grito de enorme placer escapó de mí.
No paraba yo de gemir y el de decirme que cogerme era lo más rico, que nunca había tenido mejor puta que yo… “Eres mi putita”, me dijo mientras me dio una cachetada y a mí me encantaba escucharlo.
Sentía su verga entrar una y otra vez en mi, él me apretaba las tetas y de repente las comía. Nuestros cuerpos hervían, sudaban y en las sabanas mojadas se confundía nuestro sudor con lo mojado de mi vagina.
Exploté, grité como loca, no pude controlarme, fue el orgasmo más maravilloso que jamás tuve. Mi vagina se contraía, el no paraba de cogerme, yo me volvía loca. Quería parar y al mismo tiempo sentirlo aún más dentro. “Gózalo, no quiero que olvides como te cogí hoy”, me dijo al tiempo que sentí su verga en mi boca llenándola de su deliciosa leche… la sentí por toda mi cara.
Me quitó la venda de los ojos, pude verlo exhausto y complacido, se recostó a un lado mío y besándome las tetas me dijo cuánto lo había disfrutado y cuánto deseaba que fuera yo siempre su “putita”, a la que siempre pudiera coger cómo se le antojara. Y me encantaría serlo, pues aún el sólo recuerdo me excita y me moja. Estoy segura que nunca olvidaré cómo me cogía él.








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login EntrarQue caliente debes de ser, seguramente una noche inolvidable para los dos.