Mi Manicurista
Relato de comunidad Hetero: Generalschedule 7 min de lectura calendar_today Octubre de 2016

Mi Manicurista

Cada sábado muy puntual yo cumplía la cita. Me gusta tener las uñas bien cuidadas, cortas y organizadas, nunca se sabe cuando sea necesario usar los dedos, y así se lo decía a ella, quien solo respondía con una pícara sonrisa. Mi manicurista era una mujer delgada, con un poco más de 25....

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Cada sábado muy puntual yo cumplía la cita. Me gusta tener las uñas bien cuidadas, cortas y organizadas, nunca se sabe cuando sea necesario usar los dedos, y así se lo decía a ella, quien solo respondía con una pícara sonrisa.

Mi manicurista era una mujer delgada, con un poco más de 25 años, destacaban su cadera y nalgas grandes, naturales y bien formadas, unos pechos no muy pronunciados pero notables, de personalidad alegre casi costeña y bastante pícara.

Como a la cuarta cita ya tenía su número personal y durante esa semana hablamos por teléfono. Conversaciones que a medida que descubríamos nuestras personalidades iban subiendo de tono, para el siguiente sábado ya habíamos acumulado por lo menos 4 orgasmos telefónicos cada uno.

Ese día la cita para mis uñas tomó más tiempo, mientras me arreglaba las manos pude sentir la diferencia, como me acariciaba y me tocaba tenía una doble intención, miraba mi rostro y sonreía y luego miraba entre mis piernas buscando el paquete que se marcaba sin ningún problema en mi jean.

De repente nos quedamos solos en el salón de uñas, ella estaba usando uno de esos uniformes que tienen un cierre delantero, se levantó de la silla a buscar algo y al volver pude ver como ese cierre estaba un poco más abajo de lo normal, se agachó frente a mí y pude ver dos hermosas montañas de piel clara que se movían frente a mí, eso me puso más a mil, podía ver con su sonrisa que estaba disfrutando lo que hacía, alguien entró y la cita terminó.

Unos minutos más tarde recibí un mensaje de texto: “Quiero probar como quedaron tus manos, y que saben hacer, nos vemos a las 8 en…”.

Llegó la hora, nos encontramos en un pequeño bar, ella estaba vestida con un pantalón bastante apretado, marcaba precisamente sus curvas y su cadera, la blusa que usaba era amplia, pero dejaba al descubierto su cintura y un top que marcaba el pecho con el que me quiso distraer más temprano.

Nos tomamos dos cervezas, hablamos de cosas varias y de curiosidades sexuales, nos dimos unos cuantos besos y las manos empezaron a ponerse inquietas de lado y lado, así que decidimos ir a otro espacio más privado.

Al entrar me dijo, espérame aquí y fue directo al baño, me quité los zapatos y la camisa para estar más cómodo, preparé las luces y serví dos tragos, me recosté en la cama y minutos más tarde se abrió la puerta, ella salió en ropa interior, color negro con encajes y mucha transparencia, se había perfumado con un olor suave, traía unas sandalias altas que marcaban unos delicados pues, se abalanzó sobre mí, un beso intenso nos terminó de encender.

En un instante mi ropa desapareció, ella aún estaba tal y como salió del baño, no tenía afán, en su mano estaba mi pene que lo movía con suavidad mientras su boca bajaba por mi pecho beso a beso, al llegar a mi pene empezó a besarlo lentamente, estaba duro como piedra y tan caliente que podría sentir su mano fría mientras lo acariciaba, se acomodó para darme una mamada magistral, a mi alcance quedaron su cadera, nalgas y piernas mientras ella arrodillada empezaba a introducirlo en su boca.

Cerré mis ojos un instante, el calor de su boca me invadió, su lengua jugaba con mi pene dando vueltas y lamiendo cual helado derritiéndose, mis manos acariciaban su cadera, su culo era delicioso, abultado y suave, busqué su entrepierna, sobre su tanga sentía el calor y la humedad que encerraban, empecé a acariciarla suavemente, los pliegues de la tanga se perdían en los pliegues de su piel mientras poco a poco se iba humedeciendo la tela, se sentía cremosa, caliente, resbalosa.

Sus manos recorrían mi falo, mientras su boca hacia maravillas en la punta de mi pene la chupaba y lamía mientras me masturbaba suavemente. Mis dedos empezaron a buscar bajo la tela, una piel caliente, suave y muy húmeda causaban que mis dedos resbalaran entre cada pliegue, su humedad me hechiza, la quiero en mi boca.

Me incorporé, le pedí que se acostara, con un poco de habilidad le quité el bra, unos ricos y duros pezones café claro salieron a flote, aureolas muy pequeñas, pulidas, me los llevé a la boca, me gusta besar los pezones, pero también el busto en sí, me gusta ver la cara mientras los beso, saber si le gusta, sentir el cambio de respiración, escuchar, cuando gime o acelera su respiración me doy cuenta que todo está bien, sus manos recorren mi cabeza, me guían por su pecho, pero, mi boca ya tiene un nuevo rumbo.

Mientras bajo por su vientre mis manos van bajando la tanga por sus piernas, largas y torneadas van quedando húmedas por el exceso que estaba aguantando ese trozo de tela. Estoy frente a frente a su sexo, beso suavemente su clítoris, mi lengua empieza a saborear las mieles que emanan de su calor interno, me detengo un momento para ver su rostro, se muerde los labios, sus ojos cerrados, su respiración está acelerada y sus manos aprietan fuertemente la almohada, bajo nuevamente mi mirada, los labios húmedos delicados, rosados y resbalosos me invitan a seguir el beso, mi lengua recorre cada rincón al que tiene alcance, rodea el clítoris que ahora está más grande, la velocidad de mis movimientos aceleran aún más la respiración, de repente escucho mi nombre, sus piernas se recogen y puedo ver como tiembla su cuerpo por un instante.

Cambio de posición, me acomodo a su lado, beso su boca mientras su orgasmo baja un poco la intensidad, el olor a sexo se regó en nuestras bocas, el beso se hizo más intenso, el cuerpo se relajó y pudimos tomar algo de aire. Unos minutos después la miré un momento a los ojos y le dije: “Ahora vas a ver como se usan mis dedos”.

Inicié mi exploración en sus labios superiores, recorriéndolos de arriba abajo suavemente, la humedad que aún permanecía se dispersó poco a poco por toda la piel por lo que se hizo más fácil, mis dedos rápidamente estaban húmedos y pudieron empezar a entrar y salir con facilidad, con calma pero con seguridad empecé a buscar los puntos de acción, la debilidad que la haría doblegar, y empecé a masturbarla rítmicamente, mientras, mis dedos encurvados estimulan su punto más sensible, en tan solo segundos empieza a gemir, mis dedos sienten y reciben más humedad pero aún no llego al punto donde quiero. Ella gime, empieza a apretar mi espalda, y su humedad me muestra el ritmo que debo usar. Es el momento. Aumento el ritmo, se exactamente dónde y cómo mover los dedos, cierra sus ojos, su cuerpo tiembla, aún falta, aplico más movimientos y empieza a fluir de ella el líquido esperado, a gran velocidad y en gran volumen a medida que mis dedos entran y salen la cama se va mojando más y más, ella gime y tiembla por varios segundos, un chorro tras otro la cama va emparamándose, el líquido finalmente disminuye, termino acariciándola suavemente, su entrepierna, su vientre, sus senos, su cuello. Ella está aún en otro mundo, parece dormida, pero la sonrisa en su boca me dice que está bien.

Al volver en sí, ella me besa, sonríe, y me dice: “ahora me toca a mí”. Se monta sobre mí, puedo agarrar sus caderas y sus piernas que me abrazan por el abdomen, empieza a moverse sobre mí, cada movimiento es una penetración profunda que sin esfuerzo se logra por el exceso de humedad, es hábil, su vagina me aprieta en cada entrada y salida, sus pechos bailan frente a mi dando más estimulo visual a mi deseo, la sensación al entrar y salir es intensa, quiero más velocidad, la tomo de la cadera y le digo que extienda sus piernas sobre mis hombros, y empiezo a moverla con velocidad sobre mí, mi pene llega a lo más profundo que puede puedo tocar su fondo, su forma facilita mis intenciones, entre más velocidad y más penetración se excita más ella, cuando ya gime yo estoy a punto, no quiero parar, no puedo parar y a pesar de que mis brazos ya se están cansando no me detengo, la humedad se multiplica, hasta que puedo escucharla gritar, puedo sentir como su humedad baja por mis huevos, puedo ver un leve chorro saliendo de ella cuando la empujo y la traigo, esa vista me mata, exploto dentro de ella, la lleno completamente de leche mientras empiezo a bajar el ritmo, soy demasiado sensible cuando termino, pero ella tarda un poco más para detenerse completamente.

El silencio reina. Nuestra respiración nos impide hablar, nos quedamos allí recostados recuperando ambos el aliento, tan pronto le fue posible, me dijo al oído, “me encantan tus dedos, es la primera vez que me vengo a chorros, siempre había querido y no había podido”.

Yo le respondí, fue delicioso, y no solo mis dedos lo han logrado. No será la única vez, la noche apenas comienza y esta amistad aun es joven, vamos a tener es que buscar donde dormir porque la cama es una piscina.

— sratento

17 de octubre de 2016

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sratento

Escrito por

Soy hombre heterosexual

Comentarios

1 comentario

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  • yeymycarlos
    yeymycarlos · 18 de oct de 2016

    Exquisito relato en la forma como narras y describes la escena que nos deleitan mientras se imagina la oportunidad de tener alguien así para literalmente usar  a placer.  Una delicia  te felicitamos 

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