Comfortably Cum
Relato de comunidad Hetero: Generalschedule 9 min de lectura calendar_today Diciembre de 2016

Comfortably Cum

Teníamos alrededor de una semana sin vernos. El día Jueves estaba por llegar, y no, nadie se acordaba de Júpiter. El mundo porque seguramente estaba en su hora. Yo porque llevaba cerca de 80 horas sin venirme, y ella porque llevaba una semana sin que mi cuerpo rozara el suyo; y como alguna vez....

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Contenido adulto. Este relato fue escrito por un miembro de la comunidad. Léelo solo si tienes 18+ y mente abierta.

Teníamos alrededor de una semana sin vernos. El día Jueves estaba por llegar, y no, nadie se acordaba de Júpiter. El mundo porque seguramente estaba en su hora. Yo porque llevaba cerca de 80 horas sin venirme, y ella porque llevaba una semana sin que mi cuerpo rozara el suyo; y como alguna vez me lo había confesado: Le encantaba que fuera yo quien la tocara, quien la masturbara, quien la calentara y la besara. Toda la semana habíamos estado hablándonos calientico. Nos habíamos estado seduciendo con foticos, videos, bromas, fantasías, comentarios y sinfín de ideas que deseábamos por fin pudiesen manifestarse en el plano real.

Ha sido una constante durante todo el tiempo que llevamos relacionados que, en cada ocasión, tenemos sexo. Supongo yo que todo se debe a que nuestra mutua confianza y mi alocada pasión sexual son los detonantes de situación tan magnífica; porque no hay nada más rico que follar. Ese día no sería la excepción, y lo sabíamos.

Por fin se acabó la espera. La había acabado de llamar y había manifestado estar casi en la portería de mi unidad. Hacía mucho frío. En Medellín había caído una lluvia torrencial la noche anterior y toda la ciudad, a las cuatro de la tarde, descansaba en su hormigueo bajo una extensa nube grisácea.

"Me encantan los días grises", le dije mientras nos besábamos en un parquecito cercano a mi casa. A ella también le encantan. Sabíamos lo que nos esperaba.

Fumamos unos cigarros, hablamos maricadas... Nos pusimos al tanto, y entonces nos dirigimos a mi casa. Sabíamos la rutina de memoria: Mi padre no salía de su cuarto ni a saludar; y ella, tímida, no se atrevía a saludar en voz alta, para que le escuchasen todos. Mi hermana copiaba el comportamiento paternal. Mi madre, mucho más comprometida en "lo nuestro", nos recibía con juguito y alguna que otra palabra formal. El perrito de mi casa armaba un escándalo de celos tremendo. Y yo, pues esperaba con suma calma a que mi madre se cansara de sus saludos y fuese a hacerle compañía a su marido.

El cuarto mío, convenientemente, es un cubil de escasos 2x2 metros justo en la sala. Solía ser el cuarto de las visitas. No hay más que una cama y un escritorio con mi portátil y los bafles. Y realmente, no necesitábamos nada más.

Empezamos como siempre, con besos lentos, apasionados. Ella, con su picardía, me lamía los labios delicadamente. Sabe que eso me prende. Le gusta tomar la iniciativa, pero sólo hasta ahí. Después de que sé que me sabe cachondo, le agarro el cuello, la muerdo, le apretujo con suavidad los labios... Le empiezo a lamer la clavícula, a tocar los senos (por encima de la ropa, por supuesto), a agarrar con fuerza el culo. Esta sesión de calentamiento es realmente magnífica entre ambos. Nos entendemos muy bien en esta parte. Supongo que es porque a ella le encanta (como a la mayoría) y porque a mí me encanta hacerla gozar. No desesperaba. Sabía que cada beso, cada caricia, cada mordisquito y cada comentario susurrado al oído tendrían su recompensa. Después de un rato empezamos a sudar. El erotismo era fuerte en el cubil.

Se quitó la chaqueta que llevaba (por aquello del frío) y el brasier, quedando con una blusita muy ancha; casi como una camisilla femenina que dejaba en obviedad la gravedad de su excitación: Un par de pezones se alzaban con firmeza sobre la delgada prenda de algodón. Me encanta la sensación que causa en la boca chuparle sus teticas cuando están así, tan solo cubiertas por una blusa. A ella también le encanta. Sus gestos la delataban. Sus confesiones la delataban: "¿A usted nunca le han dicho que lo hace muuuuuy rico? ", susurraba. Ya empezaba yo a meter mi mano en su pantalón, pero solo en su parte trasera. Es reacia para permitir que llegue a su vagina. Es en ella (como en la mayoría) el punto de máxima debilidad. Una vez que se palpa una vagina húmeda como aquella, el sexo se asegura. La resistencia cae definitivamente y cede su lugar a la lujuria. Así fue como la calenté definitivamente. Metiéndole mis dedos y rozando con la yema del pulgar su clítoris firme, hinchado. Ya empezaba a gemir, a agarrar la colcha con violencia, a curvar su espalda y levantar el pecho. Las señales inequívocas del deseo en máxima expresión.

Le empecé a hacer sexo oral. Con ella es que más he disfrutado tener una vagina en mi boca. Realmente me gusta lamer. Realmente me gusta como gime cuando la lamo. Me excitaba saber que mi familia estaba ahí, en casa, y que la cortina que divide mi cuarto con la sala no es suficiente barrera de protección para sus gemiditos delicados, para la cama que chirrea, para la respiración acelerada y fortalecida de nuestros cuerpos. Pusimos música. Rap para empezar.

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"¿Quieres que te coma las tetas?

¿Quieres braguetas, besos de estos poetas?"

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"Está decidido. Hoy te abres para mí, quieres sexo conmigo.

Y yo bendigo mi suerte, qué fuerte,

Consigo que me lleves a tu piso contigo,

Y voy a verte desnuda. Y a comerte cruda.

A gozar tu arte, a mojarte, a probar todas tus texturas,

A compartir locuras.

Posturas, torturas duras.

Tu boca es la droga más pura.

Siento el lento movimiento de tu cuerpo recorriendo mi clavícula.

[...] En tus bragas mojadas mis dedos metí, feliz.

Sentí los vapores de tu cuerpo en mi nariz."

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Estaba allí, en mi cama tendida y con las piernas abiertas. Su blusita era lo único que la cubría ahora. Sus manos recorrían su torso, sus senos, mi cabeza. Mi lengua estaba oscilando con frenesí sobre su clítoris rosado, pequeño. Mis dedos anular y medio jugueteaban en el interior de sus paredes vaginales. Desde allí, en la profunda humedad de su sexo, imitaba el gesto de llamarla. Ella estrujaba mis cabellos con violencia, sus gemidos no cesaban, se acrecentaban. De vez en cuando, sin dejar de masturbarla, recorría con mi lengua su abdomen y visitaba sus pezones marrones. Su piel morena estaba sudorosa y a menudo me paraba para reírse. Aparentemente estaba en el clímax.

-Amor, apague la luz. A mí me parece que así es mucho más excitante -dijo. Así lo hice.

Tomamos un poco de agua. Probó sus jugos vaginales directamente de mis dedos y me devolvió el favor lamiéndome todo el torso. Mas no permití que me lo mamara. No es que lo haga mal; sencillamente quería mamar yo. Me empezó a masturbar. A decir verdad, no necesitamos lubricantes. Nuestra excitación era más que bastante para lubricarnos mutuamente. Con la luz ya apagada, pusimos algo de Rock. Continúe con mi tarea.

Habían transcurrido unos treinta minutos de estar chupándole su vagina, y de simultáneamente (y con muchísima más velocidad, además de que ahora el anular se había unido a la fandanga) estar husmeando con mis dedos su coño. El ritmo de los himnos del rock que Youtube iba reproduciendo aleatoriamente me excitaban mucho más. Nuestra conexión, no solo sexual, sino también espiritual, era en ese punto bastante álgida. Mi querida morena estaba exhausta del placer. Me jalaba desde su posición por los hombros, como queriendo que fuera ahora mi entrepierna en vez de mi cabeza lo que visitase su coño. Yo no cedía, seguía con ímpetu, encarnizado en darle un orgasmo con tan solo masturbarla y morderle y chuparle el clítoris. De no haber dicho lo que dijo, a lo mejor lo hubiese conseguido.

-"Ay... Métamelo. Métamelo. Métamelo ya." Sus ojos grandes estaban a medio cerrar. Expiraba mucho sudor de los poros de su frente y cuello. Me empezó a tocar. Ahí sí la dejé mamar. Lo chupa delicioso. Fueron alrededor de quince minutos sintiendo la dureza de una erección de casi dos horas que ya llevábamos entregados al Sagrado Sacramento en su boquita. A veces intentaba meterse entero mi miembro. No le cabe, lastimosamente. Las arcadas nos delatarían, y, aunque muy arrecho; me considero prudente. Y bueno... Son 19.

Me puse el condón. Se ubicó recostada sobre su costado izquierdo, con la pierna derecha ligeramente levantada, dándome el espacio suficiente para que la penetrase desde atrás (como me gusta. Señal de agradeciemiento, seguramente :) . Gracias, cariño). Aunque follar con condón me parece una reverenda mierda (Se pierde muchísima sensibilidad), la humedad de su vagina le atribuyó a este detalle una importancia nula. Se sentía magnífico mi pene cobijado allí. Sus jadeos se intensificaron. Ahora los míos los acompañaban.

Para no hacer demasiado largo el relato; diré que follamos alrededor de una hora; variando de posiciones cada 20 minutos, más o menos.

Lamentablemente, mi chica se cansa rápido en el sexo. Así que descansamos. Unos chistecitos calientes que provocaran sus carcajadas tan lindas y su sonrisa maravillosa fueron suficiente para no anular la magia. Seguimos besándonos. Yo no quería venirme aún, quería que ella llegase a un orgasmo antes; pero, ese día tampoco fue. Por más que el sexo fuese delicioso, necesitábamos de mucha más privacidad para lograr su total desinhibición; y mi casa no era el ambiente apropiado. Acordamos seguir hasta que yo eyaculara.

-Amor, arrodíllese aquí. - Le indiqué mientras señalaba el borde de la cama, a escasos diez centímetros de la pared.

Apoyándose contra ésta, me inclinó su culito para que la penetrase en esa posición. Disfruto demasiado esta posición. La libertad de mis manos me permitía jalarle el cabello y apretarle con fuerza los senos mientras arremetía con violencia mi miembro contra sus nalgas, penetrando su vagina. Estaba en éxtasis. No tuve piedad (Su rostro dibujaba esa sensación masoquista del dolor placentero). Le ensarté fuertemente todo mi pene al ritmo frenético de Guns N' Roses, Aerosmith, Led Zeppelin, y, finalmente, Pink Floyd. Ahí empezó lo sicodélico: En los meses anteriores había disfrutado de Comfortably Numb con mucha sensibilidad, y le había dicho a ella que el ritmo me excitaba; y acordamos que algún día deberíamos follar escuchándola.

En el momento en que vi que era la próxima canción a sonar, sabía que la fantasía iba a ser cumplida... ¡Y por casualidad, qué no es lo mismo!

La canté completica. Cerré los ojos. La sicodelia mórbida se apoderó de mí; y mientras cantaba como cuando recién la conocí, me follaba a la cosita más rica que mi verga ha conocido. Estaba realmente feliz. Follé con euforia, con fuerza, con vigorosidad.

"I have become Comfortably Numb"... El primer solo desató en mí una risa desaforada. La tomé del pelo con el puño e incliné hacia atrás su cuello. Le lamí la nuca y seguí cantándole al oído. Las revoluciones de mi pelvis eran exageradas. ("Mejor deporte es el sexo que la natación", recordé). En los versos de la segunda estrofa empecé a sentir eso que sentimos nosotros, señoritas. Ese cosquilleo en el frenillo, en el punto álgido del glande. El hormigueo desesperante que se empieza a sentir en los rozamientos culminantes.

"The child is grown, the dream is gone.

I have become comfortably numb".

El segundo solo de la canción es una verdadera maravilla. Sencillamente me dejé llevar por los sonidos hermosos del jadeo de mi chica, de mis propios jadeos, de aquella batera, de aquella guitarra, de aquel bajo. Esa melodía conjunta de los sonidos producidos en mi cuarto y de los producidos por aquellos magníficos músicos británicos.

Un chorro caliente se desplazó con potencia por las cavidades de mi vesícula. Una barrera de látex impidió que desembocara en el mar de jugos que era la vagina de mi querida. Un último gemido fue exhalado por cada uno de nosotros, y por algunos instantes más permanecí con mi miembro, aún hinchado dentro de su coño. Nos besamos y abrazamos. Lo saqué con delicadeza y liberé mi verga caliente del condón.

Observé por algunos instantes el semen contenido en el preservativo. Mucho. Espeso. Muy blanquecino. Una venida deliciosa, merecida tras un orgasmo delicioso, tras una follada deliciosa. Me hallé, en ese instante, confortablemente eyaculado.

¡Saludos, y gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima!

— paisaoscuro

4 de diciembre de 2016

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paisaoscuro

Escrito por

Soy hombre heterosexual

Comentarios

1 comentario

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  • estebambino
    estebambino · 4 de dic de 2016

    un excelente relato muy bien escrito, da gusto leer asi

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