Yazco bocarriba sobre el regazo de Camilo, mi esposo, estamos en el sofá y él me penetra suave y delicadamente por mi ano previamente lubricado. Su miembro pasa el primer anillo (dolor) luego se abre paso por el segundo (ya no tanto) y deja que mi esfínter se acostumbre a su anchura y dureza. Su mano izquierda estimula mi clítoris y su derecha acaricia mi pezón derecho. Estoy tan excitada que puedo sentir la humedad en mi vulva por la corriente de aire que entra por la ventana de la sala. Ahora soy yo la que muevo mi pelvis. Subo y bajo, me penetro, siento cada centímetro dentro de mí; ya no hay dolor, solo placer.
El goce del momento lo complementa el deleite visual: ante nosotros, de pie, Jorge. Guapetón, con buen cuerpo, el vello corporal lacio y negro solo le cubre sus antebrazos, sus nalgas y sus piernas hasta los tobillos. No más. El resto de su piel blanca es lampiña. Es un espectáculo si a esa imagen le añado que tiene un señor falo más grande que el de Camilo el cual masturba despacio mientras me mira con los ojos más lascivos que recuerde en ese momento. Sentirme así, deseada, me provoca escalofríos. Nunca había visto a Jorge mirarme de esa manera, ni un ápice de indecoro. Jorge es el padre de uno de los amiguitos de mi hijo, casado con una mujer que solo le da sexo convencional y cuya rigidez moral no le da para permitirse placeres más sofisticados. Ella no tiene idea que su esposo está por darme el placer de una penetración doble.
Se acerca a nosotros y a mí se me acelera el corazón. Como si fuera la primera vez que hiciera algo como esto. No sé si es temor o emoción, una mezcla de ambas cosas. Se coloca entre las piernas de mi esposo y golpea repetidamente con su glande mi vulva y mi clítoris: un azote de placer. El sonido de nuestros genitales húmedos es característico. Un hilillo de líquido desde mi vagina a su pene nos ha dejado unidos. Muerdo mi labio inferior en señal de lo placentero que es para mí todo lo que estoy viviendo y aún unida al falo de mi esposo, muevo mi cintura como una perra en celo.
Su verga se abre paso entre los labios de mi concha y empiezo a sentir el rigor de tener a dos hombres dentro. Me siento completamente llena. La mezcla de sensaciones es una locura. Los siento a ambos dentro de mí y sé que ellos se sienten el uno al otro dentro y fuera de mí. Jorge lleva puesta la Star Walker y a mí el olor de una loción rica de macho me vuelve puta. Lo beso, beso a mi esposo, vuelvo besar a Jorge y no me decido que lengua me gusta más. Ambos me están partiendo al tiempo y no hay palabras para describir el placer que me hicieron sentir.
Camilo me ha dicho después de todo esto que le ha encantado sentir a Jorge dentro de mí, que ambos miembros a pesar de entrar por agujeros diferentes se sienten el uno al otro, el roce de sus piernas velludas con las de él se lo ha disfrutado, y como sus huevos chocaban con los suyos mientras el frenesí de la lujuria no daba lugar sino al desenfreno.
Alejandro, el hijo de Jorge, será igual de guapo a su padre cuando crezca, se le parece mucho. Cuando lo veo con mi hijo, no puedo evitar recordar las piernas de su padre, el sabor de su boca, el sabor de su verga y el sabor y el calor de su semen en mi boca.








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login EntrarExcelente relato. Los felicito, no solo por el relato en s, si no también por la relación tan especial que llevan. Seguiré atento a sus relatos. Muy feliz día.