Continuamos hablando el resto de semana que quedaba después de nuestro primer encuentro, algo más relajados, menos tensos y más abiertos en los temas de conversación, empezamos a caer en un juego de seducción mutuo donde reinaban las fantasías y la lujuria.
Acordamos nuevamente vernos en su oficina la cual se convertiría en el lugar donde empezó toda esta historia, acordamos vernos en la tarde habría menos gente y me pareció perfecto. Llegó la tarde y me dirigí a su oficina ya no con nervios, todo lo contrario, una sensación de excitación inundó todo mi cuerpo entré y cerré la puerta, él como siempre con su dulce sonrisa me saludó y ya menos tensos me dio un gran beso, algo tierno pero a la vez sentía su respiración lujuriosa y fue más de lo que imaginé, sus manos rodearon mi espalda y sentí como me sujetaba fuerte sin ganas de querer separarse y yo solo rodeé mis brazos en su cuello.
Oímos ruido cerca y nos separamos de inmediato, me invitó a sentarme y empezamos a hablar de nuestro día nada interesante que contar, me dijo si quería agua ya que me veía colorada por el día tan caluroso –que ingenuo- si supiera que estaba tan ruborizada por él por sentir sus brazos rodeando mi cintura haciendo que sintiera su cuerpo mientras sus labios me daban ese beso que me hizo desearlo aún más. Mientras se levanta por el agua miro con lujuria como camina y cada parte de su cuerpo que hace que mi clítoris palpite y esa sensación se expanda por todo mi cuerpo, deseo sentirlo deseo que me coja y me haga suya, es un deseo carnal que hace que pierda la razón y la cordura. Al regresar tomo rápidamente el agua.
Al terminar dejé a un lado el vaso y me acerqué más a él mirándolo fijamente a los ojos y mientras lo hacía empecé a subir mis manos por su pantalón hasta llegar a su verga, él me miró sorprendido, sus ojos grandes impresionado por lo que hacía pero su espalda lo delataba, estaba cómodo relajado en la silla pero aún sin decir alguna palabra de pronto lo único que atinó a decir fue un ¿qué haces? Pero no sonó nada convincente así que seguí y empecé a besarlo en los labios y en el cuello mientras mis manos seguían tocándolo.
Me levanté de la silla y sentándome a horcajadas sobre él, empecé a balancearme para excitarlo más de lo que ya estaba, me hacía palpitar mi clítoris el sentir cómo crecía su verga cada vez más, lo único malo era que entre nosotros existía la tela de la ropa, lo tomé de la barbilla y le di un beso corto para después susurrarle seductoramente sobre sus labios entreabiertos que quería que me cogiera.
Me empezó a besar con deseo, nuestras lenguas luchan desesperadas como si o hubiera u mañana para un beso igual, sus manos me agarraron con fuerza la cintura mientras agarro entre mis manos su cabello y lo enrollo para halarlo un poco. me hago a un lado de él y desabrocho su pantalón, sus manos vivaces entran bajo mi blusa y empiezan a estimular mis pezones, mis manos terminan de desabrochar el pantalón y sacar tu verga la sentí deliciosa, estaba dura y no dudé un instante en arrodillarme, empecé a hacerle oral, sentía cómo se retorcía y escuchaba su respiración agitada de placer.
Estaba excitado y escucharlo me hacía gemir de placer, no aguantaba más y empecé a masturbarme sentir mis dedos fue liberador, aunque debo confesar que hubiera preferido sentir su verga clavarme. Era arriesgado estar en esa situación en su oficina aún más en la universidad, lo sabíamos y eso más nos excitaba, sin embargo también sabíamos que no podríamos llegar a mucho en esa oficina, lastimosamente escuchamos ruido los estudiantes vendrían a tutorías, nos tocó parar y arreglarnos rápido para que nadie sospechara, salí de su oficina como si fuera una más de sus estudiantes, sin embargo en nuestras miradas sabíamos que habíamos abierto una puerta de lujuria y sensualidad que hasta hoy sigue...
Continuará….








Comentarios
1 comentario
Inicia sesión para dejar un comentario.
login Entraresperamos el Tercer relato