Hace años viví en una finca cerca a Medellín, con mi primera esposa. De la portada de entrada a la casa eran como unos 60 metros. Era muy oscura la entrada.
Un viernes, ella salió con unas amigas luego de la oficina. Yo llegué normal a la finca y me acosté a ver televisión hasta que me dormí.
Ella llegó como a las 3 de la mañana. Cuando se bajó del carro a abrir la portada, pasaron en moto dos mujeres policía que vigilaban por esa pequeña carretera. Le pidieron una requisa y ella, con tragos que estaba, no se opuso. Revisaron bien el carro con linterna. Había una botella de guaro atrás, ya acabada. Y olía a cigarrillo.
Le dijeron que si estaban fumando mariguana, ella dijo que no. Le dijeron que tenían que revisarla. Mi esposa tenía zapatos cerrados de tacón alto, una falda y una camiseta ajustada. Le respondieron que tenían que requisarla. La voltearon contra el carro, con las manos arriba. Una de ellas le esculcó la cintura, metiendo un poco las manos por entre la falda y la camiseta.
La otra le pidió que se descalzara para revisar los zapatos, a lo cual accedió, aún con las manos arriba y volteada. Le pidió que volteara los pies para que no tuviera nada entre los dedos, se los abrió y volvió a su posición.
Qué pena señorita, le dijo una, pero tenemos que revisarla bien. Uno se puede meter droga por muchas partes. Álcese la camiseta. Ella les dijo que para qué. No ponga resistencia le dijeron. Esta es una requisa. Temblorosa, se la alzó, aún de espaldas. Una agente le tocó un seno, encima del brasier, mientras la otra hacía lo mismo con la otra teta pero metiéndole la mano entre la copa y el seno. Mi esposa se frunció. Esculcó la copa y a propósito le apretó luego el pezón. Ella tembló pero les dijo que eso ya no era una requisa normal. Ellas le dijeron que cómo iban a saber si llevaba algo y que si se molestaba era por algo. Una la apretó fuerte contra el carro y le desabrochó el brasier. Se lo retiraron y lo examinaron. A ver, no tiene nada pegado, dijo una, volviéndole a coger las tetas, pasándole los dedos suavemente por los pezones varias veces... se le pusieron duros y la policía le dijo: ah, le gusta, perra riquita... Ella dijo no, no, pero la policía rió.
Ahora, le ordenó, álcese la falta... temerosa lo hizo. Tenía unas bragas diminutas. La doblaron duro contra el carro mientras la alumbraban el culo con la linterna. Quítese los cucos para examinar, le dijo una con voz fuerte. No, no, dijo ella. Que se los quite o nos vamos para la inspección. Rápido, zorra, le dijo una.
Se los bajó temblando. Una le metió la mano por detrás, pasándole los dedos por los labios varias veces. ]A ver voltése, le dijeron.
Abra las piernas, seguro esconde algo en esa chocha, le dijo una de ellas.
Eran dos policías algo regordetas, entre los 35 y 50 años, fornidas.
Mi esposa dudó y la apretaron duro poniéndole el bolillo casi en la chimba.
La alumbraron... ah, afeitadita, mucha perra.... qué puta sos..
Una de inmediato comenzó a tocarle la chocha y le introdujo un dedo. A ver qué tiene acá, y se lo metió hondo. Ella suspiró y se quejó del dolor. Cómo así que delicadita nos salió si debe estar bien acostumbrada a que le metan vergas por todo lado.
Le metía y le sacaba el dedo, le tocaba el gallito, claro, se mojó un poco.
Ah, te gusta perra, cacorra... y siguió frotándola y metiéndole varios dedos. .
Nos la deberíamos llevar para que le den duro...
No, jadeaba mi esposa, mientras le seguían dando dedo.
A ver, éntrese al carro. La metieron atrás y la tumbaron prácticamente. Abirtas las dos puertas, una por una se le recostó y comenzó a darle lengua. Mi esposa lloraba pero se retorcía... Te gusta perra cacorra. Las piernas le temblaban.
La otra, por la otra puerta, se había quitado los pantalones y se le sentó encima... a ver chupe, rápido, Ella no quería, le agarró la cabeza firme y le hundió la chocha en la cara. Le apretó las tetas y la obligó a mamar.
La otra no tardó en meterle el bolillo de a poco...
En un rato, ella y la policía encima se corrieron. Le embadurnó toda la cara. quedó exhausta. Sentía el bolillo adentro, pero no se movía. La policía se le quitó de encima y qué sorpresa: se le sentó la otra...Tuvo que mamársela hasta que se corrió al buen rato.
Párese le dijeron. Nos falta el culo. Seguro lo tiene escondido allá... es que es una puta. La pararon. Apenas podía sostenerse. Le abrieron las patas y una comenzó a explorarle el ano hasta que le hundió un dedo... dos... tres y la hizo jadear y venirse de nuevo.
Puede entrarse ya, vieja cacorra. Cuando fue a recoger la ropa y los zapatos, una se le interpuso: están decomisados. Entre así que usted debe estar hacostumbrada reputa, y le cogió las tetas y se les chupó mientras la otra se reía.
El próximo sábado a la misma hora la esperamos acá para devolverle la ropa....
Ella empelota, abrió la portada, entró el carro y se bajó a cerrar de nuevo, mientras le alumbraban el cuerpo con la interna.
Se subió al carro para continuar. Le temblaba todo, primera vez que unas mujeres se la comían. Estaba brava consigo, porque al final le había gustado.
Al otro día me contó todo. Apenas pude esperar para subírmele y comérmela.... Y decirle que eso no era nada.
Llegó el otro sábado...








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2 comentarios
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login EntrarMUY FANTASIOSO...PERO BUEN RELATO
Delicioso