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Relatos y Experiencias

Al ver todo mi fluido en su cara, su rostro de satisfacción, sus cachetes rosados yendo a rojo y cómo, aún cuando mi amigo se iba a entretiempo, ella seguía pasándolo por todo su seductor  rostro, dándole caricias y picos, noté que ella lo había disfrutado igual, o más, que yo.

Los fuertes y mojados besos que nos dabamos, sus uñas debajo de mi camisa rasgando mi espalda, mis manos debajo de su ropa interior de encaje y aquel lugar oscuro, callado y con la música del viento no podría tener mayor desenlace. El tiempo apremiaba y no demoraba en pasar alguien que podría vernos allí; sin embargo, ella me abalanzó hacia la pared, tomó su bufanda y tapó mis ojos, empezó a besarme el cuello, ya ahí mi amigo estaba más que pendiente de que le dieran una ayuda. Ella no dejaba de rasgar mi espalda con sus uñas y de sentir mi sudor frío.

Sus besos en mi cuello eran corrientazos de placer pero de un momento a otro me dijo que no me preocupara, desabotono mi jean, empezó a lamer mi abdomen agarrando mis nalgas fuertemente con sus manos y luego aprentadola a su rostro. En ese momento estaba erecto y ella empezaba a sabrosear algo que no había pasado, me olía y decía que sentía un olor fuerte pero agradable y, mientras susurraba, me bajo los boxer. Yo tenía mis manos en su cabello, como podía acariciaba sus orejas y entendía que el cambio de look no era casualidad pues nunca la había visto con un peinado como este, dos trenzas, una a cada lado y ahí entendí su mensaje, la tome del cabello e inmediatamente gimió, solo como ella sabe hacerlo para exitarme, noté que le gusto porque pronto empezó a lamer mi escroto alternando con esa pequeña vena que se sale cuando estas al máximo. Sentía que sus movimientos me decían que la ayudará a introducirlo hasta lo más profundo de su garganta y que el movimiento de mi pelvis fuera al ritmo de los suyos, sin soltar sus tan cuidadas trenzas, halando hacia arriba.

Pronto lo sacó y sentí que venía el momento, tomo el glande y con la priemera succión que hizo supe que sabía lo que hacía, solte sus trenzas y puse mis manos alrededor de mi cabeza, crucé los dedos por detrás, me acomode mientras sentía todo el placer que me daba, lo mordía suavemente y, poniendo sus labios en frente de sus dientes, empezó a hacer presión como si fuera a darme un descanso, aunque no fue así, después de eso, en microsegundos, aumento la velocidad en que succionaba y luego volví a escuchar sus susurros, ella tomo mi pene y lo dirigía por los lados que ella quisiera, no sin antes tener su otra mano en mi perineo, rosando y acariciando al mismo tiempo, ahí fue cuando me dijo que me quitara la venda y su impactante mirada de seducción se fijó con mi mirada, al ver como movía su lengua solo pude entender lo que tanto pasaba y nunca me decía. La ayude a pararse y ahora quien recorría su espalda era yo, mientras nos fundimos en besos fuertes y pequeños mordiscos.

Salimos de allí, primero ella y al rato yo, entendí desde ese día que sus miradas hablaban por sí solas.   

Un primer relato gracias a otro primer relato!


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