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RECUERDOS DE INFANCIA
Cuando apenascontaba con unos11 años residía con mi familia en Popayán una ciudad conventual y de gran arraigo religioso.Nuestra casa blanca y colonial era frecuentada por una tía solterona hermana de mi madre de aproximadamente unos 40 años de edad pero su vestimenta oscura y anticuada la hacía aparentar más. Sus visitas eran acompañaba siempre de algún presente ypor costumbre solía pedirle a mi mamá a veces que yo la acompañara a hacer algunas vueltas por la ciudad que por lo general eran visitas a familiares acompañadas de segundillas. En una deesas salidas visitamos un señor ya mayor de unos 50 años que vivía solo. Sucasa era un verdadero museo, pues se veían animales disecados,jarrones, cofres frascos y toda clase de matas. Supe después que se trataba de alguien que ejercía la medicina naturista. El obesoseñor vestíatraje de paño con chaleco y camisa blanca con un corbatín negro que le apretaba el pescuezo. Lucía una barriga prominente, cabellos canosos, orejas peludas, y unas grandes patillas que lo hacían parecer un prócer de la república. Después del saludo de rigor, mi tía me pidió que la esperara “un momentico” yme señalóun sillón de cuero donde sentarme, al tiempo que ingresaba con el señor a lo que parecía ser un consultorio. Para mi sorpresa se volteó, me guiñó un ojo y cerró tras de sí la puerta quedándose a solas con el señor. Después de algún tiempo (no más de cinco minutos), noté que las voces de ambos se volvieron susurros y leves risas. Se oían ruidos súbitos y zapateos. Por lo que escuchaba deduje que no se trataba propiamente de una consulta, así que mi curiosidad aumentó y mi animé a empujar levemente la puerta hasta un punto donde era posible ver con suficiencia lo que ocurría dentro. Efectivamente pude ver que el regordete señor empujaba con suavidada mi tía contra un escaparate y una de sus manos afanosamente subía su larga falda negra. Con la otra pretendía abrir los botones de su blusa al tiempo que arrimaba sus largos y canosos bigotes a la cara de mi tía buscando besarla. La pareja se acariciaba mutuamente de pie. Mi sorpresa fue mayúscula, pues nunca antes había visto algo similar y al observar que quedaron expuestas las blancas y bien contorneadas piernas de mi tía que ni en mis más remotos sueños hubiera imaginado que tuviera junto con ese par derosadas tetas que lamía con ansia el viejo suertudo, noté que mi pene se erectò de inmediato y comenzaba a babear, pues el espectáculo que estaba a mi vista era bien delicioso. Con mi pene preso en mi mano vi que la resistencia inicial de mi tía se había esfumado, pues ahora había cerrado sus ojos y con una dulce sonrisa se entregaba sin resistencia al manoseo del viejo que en ese momento bajó la cremallera de su holgado pantalón y extrajo una poderosa verga morena de un tamaño descomunal que jamás había visto y que hacía que mi pobre pito quedara en franca desventaja.
Me impresioné mucho con el tamaño del pene del naturista pues por su longitud se alcanzaba a caer al final por lo que su dueño lo tomaba con una mano y después de pajearlo unas cuantas veces, lo dirigía hacia la vagina de mi tía que imagino húmeda y ansiosade recibir esta gran pollaPude ver también el sexo de mi tía entre de sus blancas y largas piernas: un perfecto triangulocrespo y velludoque masajeaba también el viejo con sus dedos. Así pues el suertudo le hundió esa gran verga a mi tía con fuertes movimientos que parecía que con cada uno de ellos la levantara del piso. Así estuvieron por un tiempo y por la expresión de ambos concluí que el polvo fue intenso pero breve. El señor sacó retiró su pene aun goteando y procedió a subir sus pantalones y tirantes, momento que aprovechepara cerrar levemente la puerta y correr hacia el patio trasero donde se localizaba el baño. Allí reviví en mi mente esa escena donde la gran verga del viejo se introducía en el coño de mi tía y sin poder resistir más, me proporcioné una de las mejores pajas preadolescentes.
Esa imagen (para mi novedosa) fue mi fiel compañera en las noches de placer solitario. Y hacia que muy solícito me ofreciera a acompañar a mi tía a todas partes, con la secreta ilusión de que la vida algún día me permitiera ser el protagonista de algún affaire sexual con ella.
Así que me lo tome en serio ypropuse pues aeste propósitotenía un muy elaborado plan que narrare en a próxima aventura.








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