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Hace algunos años trabaje en una empresa del estado y como en toda empresa siempre hay que asistir a reuniones, en mi caso, siempre eran después del horario laboral. Así fue como un viernes cualquiera después de reunirnos con algunas personas salimos a departir al norte de la ciudad. Al finalizar la invitación, mi jefa (una manizalita con la sonrisa más linda que tenga recuerdo, al igual que un culo muy bien trabajado) me pidió que la llevara a su apartamento. Al llegar al sitio me pidió que revisáramos algunos documentos y yo acepte pues no tenía mucho que hacer esa noche. Mientras discutíamos temas laborales el trago empezó a aparecer y su efecto pronto se hizo presente. Ella estaba con una falda ceñida, unos tacones altos y una blusa que poco a poco iba perdiendo botones. Ya casi a media noche decidí irme antes de que el trago me embruteciera, pero mi jefa se rehusó argumentando que yo estaba prendido (arrecho era lo que estaba viendo esos senos aparecer y desaparecer cada vez que ella se agachaba).
Nos sentamos en el sofá y empezamos a hablar de nuestros gustos sexuales, algo que me excitaba mucho pues pocas veces una mujer exitosa y buenona se pone en ese plan con un subalterno. Las risas iban y venían, mis manos rozaban sus medias veladas, mientras ella jugaba con sus dedos y sus labios, no aguante más y me lance sobre ella, la bese y empecé a frotar sus senos, por su parte, ella me frotaba la entrepierna mientras mi pene se contorsionada de placer. La blusa voló por la sala y sus zapatos altos cayeron detrás del sofá, en un acto un poco torpe le quite el brasier pero ya con sus senos libres, chupe sus pezones y vi como ella me sobaba el miembro sobre el pantalón. Como buen caballero la desnude completamente, mientras pasaba mis dedos y labios sobre toda su tersa piel. Ella, con sus ojos cerrados gemía, se mordía los labios y me halaba el cabello dirigiéndome hacia sus zonas erógenas. Ya con el terreno fértil, me abalance sobre su sexo y probé el manjar de dioses, mi lengua se movía entrando lentamente, saboreando ese rico manjar. Ya con el paso de los minutos se hizo necesaria la ayuda de mis amigos los dedos y juntos, entrabamos y salíamos de su entrepierna cada vez más rápido. Su respiración se hacía más agitada, toda su piel sudaba placer y mi quijada cansada pedía parar. Al final, mis dedos ayudaron a que esta mujer disfrutara de un buen orgasmo y mi espalda fue testigo de su placer (ni que decir que sus uñas que se enterraron en mi).
Yo me senté a su lado, y ella no dudo un segundo en quitarme el pantalón, bajarme los boxers y meterse todo mi miembro en su boca, lo hacía muy delicioso, demasiado diría yo, ya que en muy pocos minutos, su boca se llenó de ese rico manjar blanco que toda buena mujer quiere beber. Desnudos, caminamos a su cama y después de jurar que no diría nada en la oficina, nos acostamos y se cerró la noche perfecta que nunca había imaginado.
Después de un mes, mi jefa me saco del proyecto y como podrán deducir me toco buscar otro trabajo pero para mí valió la pena.








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