BLOWJOB
Desde el viernes en la mañana empezaba a sentir, en la misma punta de mi pene, ¡el impulso de la vida!, mi amada leche luchaba por salir, como hombre joven desempleado, no tenía nada seguro, sólo el impulso, ¡una eterna erección! ; al llegar las 6 pm, ya estaba en el parque, esperando a una posible caritativa mujer, una de ellas, algunas veces me dio las mamadas deliciosas, con pequeñas mordidas, con sus hermosos dientes blancos; arriba del parque, estaba el convento, al lado de estas castas mujeres, ella abría su boca a mi ansioso pene, de cuando en cuando, alguna monja, comprensiva nos sorprendía, ella sonreía y rápidamente volvía a su claustro, quien mejor que ella para comprender las demandas del deseo. Este “fácil” placer, lo conseguía después de estar a la cacería, de cualquier mujer, conocida o desconocida y, a veces pasaban días y semanas, sin que nada aconteciera. Esta insoportable espera, la superaba yendo a la calle del pecado, me embriagaba, y allá encontraba, tal vez las mejores mamadas, mujeres sin ningún escrúpulo, religioso o higiénico, devoraban mi verga, dejándola libre, sólo cuando esta había soltado su última gota de semen








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